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	<title>alexitimia archivos - Psicología BlaBla</title>
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		<title>Me cuesta saber lo que siento</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Jun 2026 15:57:19 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/no-saber-que-sientes/">Me cuesta saber lo que siento</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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			<h2>Un concepto que no ha trascendido al lenguaje cotidiano</h2>

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			<p>A principios de los años 70, el psiquiatra Peter Sifneos, observó que algunos pacientes tenían obvias dificultades para hablar de sus emociones durante la psicoterapia. Podían explicar con todo detalle un dolor de estómago o un problema laboral, pero cuando se les preguntaba si estaban enfadados, asustados, tristes o decepcionados tendían a responder describiendo acontecimientos externos o síntomas físicos.</p>
<p>Según Sifneos, estos pacientes eran, por lo general, poco dados a la fantasía y la <a href="https://psicologiasanchinarro.com/introspeccion/">instrospección</a>.  Calificó esta forma de pensamiento como «operativo» por su tendencia a la practicidad, la búsqueda de soluciones inmediatas y la concreción.</p>
<p>Las ideas psicodinámicas de la época postulaban que algunos pacientes conocían sus <a href="https://psicologiasanchinarro.com/emocion-antes-que-razon/">emociones</a>, pero las evitaban inconscientemente. Sifneos fue más más allá planteando lo siguiente: ¿y si no se trataba de resistencia, sino de desconocimiento? ¿Era posible que estos pacientes no pudiesen identificar y verbalizar sus estados emocionales? El hecho de que, al preguntarles sobre sus sentimientos o conflictos internos, volviesen una y otra vez a explicar sus síntomas corporales o circunstancias externas parecía respaldar su hipótesis. En 1973 acuñó la palabra <a href="https://www.logopediasanchinarro.es/alexitimia-una-vida-carente-de-emocion/" target="_blank" rel="noopener">alexitimia</a> para referirse a esta condición.</p>
<p>El término se ha matizado con el tiempo y hoy se distingue entre una alexitimia relativamente estable y otra asociada a situaciones concretas como la depresión grave, el trauma o el estrés intenso.</p>
<p>Pese a no ser un término familiar en el lenguaje cotidiano, se estima que una de cada diez personas presenta dificultades para identificar y expresar sus emociones.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Los pacientes neurológicos como fuente de datos</strong></h3>

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	</div>

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			<p>Es cuantiosa la información recopilada a partir del estudio pacientes neurológicos, en particular, con lesiones cerebrales relacionadas con la integración emocional o la comunicación entre hemisferios, una condición que dificulta notablemente la identificación o descripción de emociones. Los veteranos de guerra, pacientes con traumas graves o con trastornos <a href="https://psicologiasanchinarro.com/trastorno-ansiedad-enfermedad/">psicosomáticos</a> son otra valiosa fuente de información.</p>

		</div>
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			<h3><strong>La alexitimia no tiene que ver con ser reservado o poco expresivo</strong></h3>

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			<p>A la vista de lo anterior, podemos caer en el error de pensar que alguien con rasgos alexitímicos es frío y distante. Lo que observamos es muy distinto: personas que sufren y experimentan emociones, pero carecen de herramientas para identificarlas.</p>
<p>Una persona reservada, disciplinada o poco expresiva no es necesariamente alexitímica.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Diferencia entre «no sentir» y «no poder identificar lo que se siente»</strong></h3>

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	</div>

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			<p>Muchas personas hablan de sus emociones con precisión. Distinguen entre tristeza, <a href="https://psicologiasanchinarro.com/tdah-desfase-ejecutivo/">frustración</a>, decepción o vergüenza. Pueden explicar qué les ocurre y relacionarlo con situaciones concretas.</p>
<p>Otras no lo tienen tan fácil. Notan malestar, tensión o <a href="https://psicologiasanchinarro.com/tratamientos-tdah/">inquietud</a>, pero no saben expresar lo que sienten. Preguntadas sobre su estado, probablemente responderán que están cansadas, agobiadas o, simplemente, mal.</p>
<p>Las emociones cumplen una función informativa. El miedo nos avisa de la existencia de una amenaza. La tristeza advierte de una pérdida. La rabia indica un obstáculo o una injusticia.</p>
<p>Cuando alguien no puede reconocer lo que siente, percibe los cambios corporales asociados con la emoción: tal vez note presión en el pecho, tensión muscular, molestias digestivas o sensación de ahogo, pero no identificará que esas sensaciones están relacionadas con el miedo, la tristeza o la rabia, por ejemplo.</p>
<p>La alexitimia no provoca patologías concretas ni todos los síntomas físicos tienen origen psicológico. Pero las emociones se expresan a través del cuerpo y se acompañan de cambios fisiológicos. Hay quien percibe con facilidad la activación física, pero no puede utilizar esa información para comprender por qué siente ese malestar.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Repercusiones en el entorno cercano</strong></h3>

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	</div>

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			<p>Estas dificultades pueden ser particularmente evidentes en las relaciones cercanas.</p>
<p>Imaginemos una discusión de <a href="https://psicologiasanchinarro.com/dinamicas-que-favorecemos/">pareja</a>. Una parte acusa a la otra de distanciamiento e indiferencia. La otra alega que no le pasa nada o que no sabe lo que le pasa. Y, además, se siente incomprendida o presionada para expresar algo que no consigue definir.</p>
<p>Esto se repite en otros contextos. Hay quien toma decisiones importantes sin prestar demasiada atención a cómo le afectarán emocionalmente. O quien detecta el malestar cuando su intensidad es muy evidente.</p>
<p>Los estudios destacan factores biológicos, características del desarrollo y experiencias de aprendizaje. Algunas personas crecen en entornos donde apenas se habla de emociones. Otras aprenden que no conviene mostrar determinados sentimientos. Además, los rasgos alexitímicos son más frecuentes en algunas condiciones clínicas y trastornos psicológicos.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>¿Cómo enfocamos la terapia?</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>En primer lugar, evitando explicaciones simplistas y estableciendo objetivos muy concretos:  aprender a observar las propias reacciones, relacionarlas con situaciones específicas y ampliar gradualmente el vocabulario emocional.</p>
<p>No es un proceso sencillo, porque identificar emociones complejas no es algo tan intuitivo como puede parecer. Hay quien descubre que tras el enfado había vergüenza, que la irritabilidad esconde miedo o que el cansancio tiene mucho que ver con una tristeza prolongada.</p>

		</div>
	</div>

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			<blockquote>
<p>Reconocer una emoción no elimina el malestar, pero aporta información valiosa. Difícilmente podremos comprender qué nos pasa si no sabemos identificar lo que sentimos.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
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		<title>Emoción antes que razón</title>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Oct 2025 10:38:33 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[alexitimia]]></category>
		<category><![CDATA[emociones]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
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			<h2>Una radiografía del carácter humano</h2>

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	</div>

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			<p>Hace algunos años contaba una amiga británica una anécdota para ilustrar el carácter tozudo de John. En una visita a España –cuando esta aún no pertenecía a la Comunidad Europea–, la pareja se vio en la necesidad de cambiar libras por pesetas, por lo que acudió a una sucursal bancaria cuyo nombre no viene al caso.</p>
<p>De vuelta al Reino Unido, John observó, al archivar los justificantes de gastos, un ligero desajuste entre la operación de cambio y las condiciones pactadas con el banco. Sin pensarlo dos veces, llamó a la sucursal española. Por desconocimiento del idioma, el empleado que le atendió no supo aclararle lo ocurrido y le rogó que llamase al día siguiente para hablar con el interventor, más familiarizado con el inglés. Tampoco este ni el director del banco pudieron aclarar el asunto. Envió entonces a la sucursal una carta certificada expresando sus quejas. Recibió la respuesta del banco al cabo de unas semanas; hizo traducir su contenido, y no satisfecho con las explicaciones, cursó una segunda carta a la que siguieron media docena más en las semanas siguientes con sus correspondientes traducciones.</p>
<p>Molesto por lo que consideraba un comportamiento injustificado (una <em>tomadura de pelo</em>, tal como aclaró el propio John en perfecto español), se dirigió a una instancia superior –el Banco de España–, con cuyo departamento de atención al cliente mantuvo un intenso intercambio epistolar que exigió nuevas cartas certificadas, fotocopias, traducciones, desplazamientos a correos y el abono de la minuta del bufete de abogados que redactó diversos <em>burofaxes</em>.</p>
<p>Finalmente –concluyó mi amiga–, John se había salido con la suya: el Banco de España le dio la razón y condenó a la sucursal bancaria a devolver lo que le había cobrado en exceso más los intereses correspondientes: un total de 5 libras. <em>Grosso modo</em> John había dedicado alrededor de 360 horas de su vida y desembolsado más de 300 libras esterlinas para obtener una reparación que llegó dos años después del viaje a España. Sin embargo –concluía su mujer–, «cuando recibió la carta que le daba la razón estaba pletórico».</p>

		</div>
	</div>

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			<h2><strong>La IA enfrentada a la misma situación</strong></h2>

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			<p>Imaginemos ahora el comportamiento de una inteligencia artificial enfrentada a esa misma situación. Cotejaría los datos, calcularía el importe cobrado de más y establecería, aplicando baremos lógicos, las posibilidades de recuperar esa suma y qué inversión en términos de tiempo y dinero justificarían el hacerlo. Tal vez consideraría la variable «evitar que el error vuelva a producirse en el futuro». Difícilmente esa aséptica máquina tendría en cuenta, a la hora de realizar los cálculos, el sentimiento de rabia provocado por lo que John calificó de <em>tomadura de pelo</em>, o el placer de la victoria, que nada tiene que ver con la magnitud de la recompensa material (valorada en este caso en cinco libras).</p>

		</div>
	</div>

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			<h2><strong>La falsa creencia de la racionalidad objetiva</strong></h2>

		</div>
	</div>

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			<p>Los adultos tenemos la falsa creencia de que nuestras <a href="https://psicologiasanchinarro.com/toma-de-decisiones/">decisiones</a> se basan en la razón. Sin embargo, las <a href="https://psicologiasanchinarro.com/secuestro-emocional/">emociones</a> influyen en nuestras decisiones más analíticas: orientan la atención, influyen en la interpretación de los hechos y condicionan el modo en que valoramos las consecuencias. La frustración, la necesidad de coherencia, el deseo de reparación, la rabia ante la injusticia  o el orgullo herido forman parte de nuestro funcionamiento mental.</p>

		</div>
	</div>

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			<h2><strong>¿Razonar sin sentir?</strong></h2>

		</div>
	</div>

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			<p>El neuropsicólogo Antonio Damasio (que ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la relación entre emoción, razón y toma de decisiones) propone en su reconocido libro «El error de Descartes» la existencia de «marcadores somáticos», señales corporales que condensan experiencias previas y nos ayudan a decidir con rapidez, incluso antes de formular un razonamiento explícito.</p>

		</div>
	</div>

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			<p>La ausencia de emociones tampoco facilita la toma de decisiones. La experiencia clínica con personas alexitímicas muestra que la falta de conexión con la emoción no genera una mayor racionalidad —como cabría esperar—, sino confusión. Sin esa referencia interna, el juicio se vuelve rígido o dependiente de normas externas, y la persona acaba siendo incapaz de priorizar entre alternativas. Cuando nada tiene valor emocional, ¿qué puede hacerme inclinarme por una opción u otra si todo me resulta indiferente?</p>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
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		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Y es que, lo queramos o no, así somos los humanos: emoción antes que razón, por mucho que nos moleste.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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