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	<title>parentalidad archivos - Psicología BlaBla</title>
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	<title>parentalidad archivos - Psicología BlaBla</title>
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		<title>Fin de curso: tus hijos están agotados</title>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 Jun 2026 10:01:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[evaluación]]></category>
		<category><![CDATA[parentalidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/como-ayudar-hijo-dificultades-escolares/">Fin de curso: tus hijos están agotados</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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			<p><strong>y tú también.</strong></p>

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			<p>Si eres padre o madre de uno o varios hijos, conoces de primera mano el nivel de desgaste con el que muchos chavales acaban el curso escolar y su necesidad de disfrutar de un tiempo alejados de las aulas y obligaciones académicas. Esta experiencia se repite todos los años y, a estas alturas, ya eres un avezado o una avezada experta en estas lides. Ahora toca bandearse durante los meses de verano en ese complejo terreno conocido como la «conciliación familiar», pero ese es otro cantar.</p>
<p>Lo que quizás te resulte  llamativo, si te paras a pensarlo, es el cansancio que también tú acumulas en estas fechas.  Y es que a las <a href="https://psicologiasanchinarro.com/tratamientos-problemas-laborales/">obligaciones laborales</a>, familiares y domésticas se suman las escolares: llevas todo un curso estudiando mano a mano con tu hijo y los resultados son más bien descorazonadores. Tratas de entender qué le ocurre o que podría funcionar para mejorar las cosas, pero no acabas de dar con la tecla.</p>
<p>Has hablado con profesores. Has supervisado las tareas del niño (o de la niña) cada día. Has dedicado tardes enteras a estudiar con tu hijo. Han probado todos los sistemas de organización habidos y por haber. Por supuesto, has buscado información por internet y escuchado opiniones de familiares (en ocasiones, poco afortunadas a tu juicio). Y, sin embargo, el problema sigue ahí, aunque haya sacado el curso a trancas y barrancas.</p>
<p>Las dificultades escolares suelen ser el aspecto más visible. Malas calificaciones o aprobados raspados, deberes que se eternizan o unos resultados a años luz del ímprobo esfuerzo realizado, tanto por tu hijo como por ti. Sin embargo, lo que más te agota no es el<a href="https://www.logopediasanchinarro.es/la-potencia-sin-control-no-sirve-de-nada/" target="_blank" rel="noopener"> rendimiento académico</a>, por importante que este sea. Es la sensación de estar actuando a ciegas.</p>

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			<h3><strong>La desgastante incertidumbre</strong></h3>

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<p>Llevas meses de dudas: ¿le estamos exigiendo demasiado? ¿o quizás demasiado poco? ¿es un problema de atención? ¿de ansiedad? ¿de falta de hábitos? ¿es una dificultad específica de aprendizaje? ¿es algo transitorio o conviene buscar ayuda?</p>
<p>La<a href="https://psicologiasanchinarro.com/el-peso-de-los-por-si-acaso/"> incertidumbre</a> prolongada genera más desgaste psicológico del que imaginamos. Cuando entendemos qué está ocurriendo, aunque la situación sea difícil, podemos tomar decisiones informadas. El desconocimiento nos lleva a actuar por prueba y error. Y, cuando se trata de nuestros hijos, pocas cosas generan tanta inseguridad como no saber si estamos ayudando o, por el contrario, empeorando las cosas.</p>
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		</div>
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			<h3><strong>Las discrepancias hacen acto de presencia</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Es posible que surjan discrepancias con tu pareja. Uno piensa que el niño necesita más disciplina. El otro cree que está desbordado. Uno considera que conviene esperar. El otro quiere consultar cuanto antes. Son desacuerdos esperables y desgastantes. Sin información suficiente, cada cual interpreta la situación a partir de su experiencia, sus preocupaciones y<a href="https://psicologiasanchinarro.com/actividades-extraescolares/"> sus ideas sobre educación</a>.</p>
<p>También se resiente la relación con vuestro hijo o hija. Las tardes terminan girando alrededor de los deberes, las notas o las discusiones sobre el mismo tema. Las obligaciones escolares parecen fusionarse con la hora de la cena. Y en ese tiempo ejerces las funciones más variopintas, —profesor particular, entrenador de hábitos, supervisor de tareas y gestor emocional—, en ocasiones sin demasiada cualificación.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>La culpa invisible</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p data-start="374" data-end="413">Y está esa forma de culpa poco visible.</p>
<p data-start="415" data-end="887">Te preguntas si podías haberlo hecho mejor. Revisas decisiones tomadas años atrás. Te acuerdas de cambios de colegio, separaciones, problemas familiares, épocas en las que trabajabas demasiado. Es posible que establezcas relaciones entre acontecimientos que ocurrieron hace años y las dificultades que observas ahora, aunque no tengas ningún motivo claro para establecer esa vinculación.</p>
<p data-start="889" data-end="1198">También aparecen las comparaciones. Comparas a tu hijo con otros niños de la misma edad. Comparas tu manera de educar con la de otras familias. Comparas los resultados obtenidos con el esfuerzo realizado. Y te sientes peor.</p>
<p data-start="1200" data-end="1587">Cuando no entendemos qué está ocurriendo, tratamos de encontrar explicaciones plausibles. Y si se trata de nuestros hijos, la primera hipótesis suele ser que el problema está en nosotros: <em>¿soy demasiado exigente o, por el contrario, excesivamente permisivo? ¿tendría que haber actuado antes? ¿me estoy preocupando por naderías?</em>&#8230;</p>
<p data-start="1589" data-end="1869">Estas preguntas ocupan muchísimo espacio mental y pocas veces conducen a soluciones prácticas. Intentas averiguar qué le ocurre a tu hijo y acabas evaluando continuamente tus propias decisiones como padre o madre.</p>
<p data-start="1871" data-end="2224">Por si fuera poco, te llegan opiniones de todas partes. Profesores, familiares, <a href="https://psicologiasanchinarro.com/no-me-animes-asi/">amigos,</a> otros padres e internet ofrecen explicaciones distintas, muchas veces contradictorias. Algunas son razonables y otras no. Pero cuando llevas tiempo preocupado, cualquier comentario tiene muchas más repercusiones en ti.</p>

		</div>
	</div>

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			<h2><strong>Los beneficios del fin de curso</strong></h2>

		</div>
	</div>

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			<p>El final del curso escolar ofrece una ventaja relevante. La presión cotidiana disminuye durante unas semanas y se produce cierto distanciamiento de esos problemas que eran el día a día hasta hace nada. Con el distanciamiento, algunas situaciones se ven con más claridad.</p>
<p>A estas alturas del año ya sabemos bastante sobre cómo ha funcionado el niño. Sabemos qué dificultades se han mantenido durante meses, cuáles aparecen en distintos contextos y cuáles mejoran cuando cambian las circunstancias. Disponemos de mucha más información que en septiembre.</p>
<p>Esta información puede bastar para comprender que determinadas preocupaciones formaban parte de una etapa evolutiva normal. También nos ayuda a identificar señales que justifican una <a href="https://psicologiasanchinarro.com/ninos-evaluacion-neuropsicologica/">evaluación</a> más detallada. Ambas son buenas noticias, porque reducen la incertidumbre.</p>
<p>Por regla general, los padres buscan soluciones rápidas cuando están preocupados. Es una reacción lógica, pero lo más eficaz no es la intervención inmediata, sino comprender cuál es exactamente problema. Las <a href="https://psicologiasanchinarro.com/ninos-intervencion-psicologica-infantil/">intervenciones</a> —educativas, psicológicas o logopédicas— solo funcionan si tenemos claro qué estamos intentando resolver.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<blockquote>
<p>Las dificultades no van a desaparecer de la noche a la mañana porque entiendas lo que pasa. Pero evitan que la familia siga acumulando desgastantes meses de esfuerzo, preocupación y discusiones y te permiten actuar con conocimiento de causa y no sobre «lo que tal vez sea». En su momento había un spot publicitario muy conocido que decía «La potencia sin control no sirve de nada». Llevado a nuestro terreno, podríamos decir que «La buena voluntad sin información sirve de poco»</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/como-ayudar-hijo-dificultades-escolares/">Fin de curso: tus hijos están agotados</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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		<item>
		<title>Adolescencia y replanteamiento de la parentalidad</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/replantearnos-la-parentalidad/</link>
					<comments>https://psicologiasanchinarro.com/replantearnos-la-parentalidad/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Mar 2026 10:04:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[adolescencia]]></category>
		<category><![CDATA[parentalidad]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
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			<h3><strong>Cambian los hijos, cambian los padres y cambian las dinámicas familiares</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Contaba una madre, refiriéndose a su hija adolescente, una situación en la que estoy segura se reconocerán otros padres:</p>
<p>«Discutimos a todas horas. Si yo digo A, ella dice B; pero si digo B, ella dice A. Y, además, me dirá que las cosas ahora son de otra forma y que no me entero de nada. Por eso me sorprendió —y reconfortó mucho, lo reconozco— cuando, de casualidad, la escuché hablar con sus amigas. Estaba defendiendo, a su manera, lo que yo le había repetido tantas veces… eso que consideraba una tontería. Mira por dónde, resulta que sí escucha lo que le digo».</p>
<p>La adolescencia provoca cambios evidentes en nuestros hijos, pero también obliga a los padres a realizar un ejercicio de revisión de una función parental bien consolidada. Desde su nacimiento, hemos ocupado un lugar central en su vida. Hemos marcado sus ritmos, transmitido nuestros valores, aconsejado y establecidos límites para protegerlos, les hemos explicado lo que está bien y lo que está mal. Hemos sido, en pocas palabras, su referencia para comprender cómo funciona el mundo. Este  protagonismo parece decaer a medida que nuestros hijos se adentran en la adolescencia.</p>

		</div>
	</div>

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		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>La pérdida del protagonismo</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Lo que muchos padres viven como distanciamiento o rechazo tiene que ver, a menudo, con esta pérdida de protagonismo, aunque raramente los adultos lo reconozcan. Sin embargo, es fácil observar algunas de sus manifestaciones: enfado, intentos de recuperar el control o una vigilancia más estricta. Y también cierta sensación de desconcierto: el no saber cuándo y cómo intervenir.</p>
<p>Entretanto  —mientras los padres lidian con dudas, temores y enfados— nuestros adolescentes amplían su campo de experiencias fuera del entorno familiar. Aprenden los códigos utilizados por sus grupos de iguales, a relacionarse de otras formas y asumen nuevas exigencias. Lo que antes se resolvía en casa ahora se negocia fuera. Esta exploración de nuevos territorios pone a prueba, en contextos menos protegidos, todo lo aprendido en la infancia.</p>
<p>Observamos aquí la primera dificultad en los padres. Durante años han sido eficaces <a href="https://www.logopediasanchinarro.es/no-es-lo-mismo-cuidar-que-educar/" target="_blank" rel="noopener">cuidadores</a> porque el entorno estaba relativamente controlado. Sabían qué hacer y sus intervenciones tenían un efecto claro. En la adolescencia se debilita esa relación entre lo que hacen y lo que ocurre. El hijo decide más, oculta más y, en ocasiones, se equivoca sin que ellos puedan anticiparlo. Aparecen dudas sobre si lo están haciendo bien, sobre si han sido demasiado permisivos o demasiado rígidos.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>Intensificación del pensamiento crítico</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>El <a href="https://psicologiasanchinarro.com/ejercicio-de-autorrefutacion/">pensamiento crítico</a> se intensifica en esta etapa y los padres no se libran de esa visión crítica. El <a href="/adolescente-no-quiere-ir-a-terapia/">adolescente</a> no acepta sin más la autoridad parental. Cuestiona, compara, contrasta con lo que ve en otros. Esto afecta tanto a las normas como a la imagen de los padres. Los observa con más distancia, detecta incoherencias que antes pasaban desapercibidas y las expresa.</p>
<p>Esto es incómodo para los padres. Durante años su autoridad no ha necesitado justificaciones. Ahora tienen que argumentar y alcanzar situaciones de compromiso, tolerar la discrepancia y a aceptar que no siempre prevalece su criterio. Algunos padres endurecen las normas; otros prefieren retirarse para evitar conflictos. Por lo general, ninguna de estas dos opciones da buenos resultados.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>Los padres siempre serán padres</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>La cosa no va de dejar de ser padres, sino de ejercer la parentalidad de otra forma. Seguir presentes sin invadir su espacio. Y, por supuesto, mantener ciertos <a href="/a-quien-protegemos/">límites</a>, aunque el adolescente los discuta. Por parte del adulto, esto implica hacer frente a la incertidumbre y tolerar decisiones con las que no estamos de acuerdo. No es un papel fácil.</p>
<p>También cambia la función del vínculo creado en la infancia. Deja de ser un sistema de protección directa, para convertirse en una referencia interna a la que el adolescente recurre en situaciones concretas. Muchos padres interpretan la autonomía como distanciamiento cuando en realidad el hijo sigue utilizando lo aprendido, aunque no lo muestre ni reconozca abiertamente.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>El espinoso aspecto del error</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Hay un punto especialmente delicado: el <a href="/rentabilizar-la-torpeza/">error.</a> El adolescente toma decisiones por sí mismo y se equivoca muchas veces. Para los padres, presenciar esos errores sin intervenir genera tensión.  Surge la tentación de corregir antes de que se produzca el fallo o de intervenir para evitar consecuencias. En esta etapa, el aprendizaje del adolescente pasa por hacer frente a esas situaciones y aprender de sus errores en primera persona. Y el aprendizaje de los padres pasa por superar las ansias de evitarle a toda costa errar.</p>
<p>¿Hablamos de desentendernos? Obviamente, no. Pero no todos los errores tienen la misma importancia ni todas las situaciones requieren la misma respuesta. Aquí entra la valoración del riesgo. Básicamente y grosso modo, podemos hablar de dos valoraciones: si el riesgo es grave o irreversible, nuestra intervención debe ser clara y los límites impuestos también. Si el riesgo es asumible o formativo, la función de los padres será la de dejar espacio, ofrecer criterio y estar disponibles si nuestros hijos nos necesitan.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>La adolescencia reorganiza las posiciones de padres e hijos. Cambian las formas de intervenir y de entender la relación. No es un cambio menor, pero tampoco es opcional: forma parte del desarrollo de toda persona.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/replantearnos-la-parentalidad/">Adolescencia y replanteamiento de la parentalidad</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>¿Acompañas a tus hijos o intervienes antes de tiempo?</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/sobreproteccion-y-autonomia/</link>
					<comments>https://psicologiasanchinarro.com/sobreproteccion-y-autonomia/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Jan 2026 18:00:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[parentalidad]]></category>
		<category><![CDATA[sobreprotección]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h2><strong>Entender lo que es la sobreprotección</strong></h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Quizá no te consideres una madre o un padre sobreprotector. Puede que tengas claro que los niños necesitan equivocarse, frustrarse y aprender por sí mismos. Y, aun así, hay momentos del día en los que te descubres interviniendo antes de que tu hijo haya tenido la oportunidad de intentarlo.</p>
<p>Esto es más frecuente en situaciones cotidianas y sin aparente importancia: cuando tarda en ponerse los zapatos y el tiempo apremia; cuando hay una disputa por los juguetes en el parque y corres a mediar entre tu hija y su amiguito;  cuando anticipas una posible frustración e intentas evitarla por todos los medios. Muchas veces, no se trata de falta de confianza en tu hijo ni que creas que no va a saber solucionar la situación. Simplemente te incomoda verlo en dificultades.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>¿Por qué actúo así?</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Una buena forma de evitar intervenir cuando es innecesario (e incluso contraproducente para el aprendizaje de nuestros hijos) es plantearse la pregunta siguiente: <em>¿Por qué estoy interviniendo?</em></p>
<p>Los motivos son numerosos. Puede movernos el miedo a que nuestro hijo o hija sufra, a que se frustre, a que no sepa defenderse. Otras veces manda la prisa, el cansancio o la presión del día. O quizás estemos respondiendo a nuestra propia historia, a aquello que echamos en falta, a lo que nadie hizo por nosotros o a lo que nos prometimos que nuestros hijos no tendrían que vivir.</p>
<p>Corremos entonces el riesgo de confundir acompañar con controlar. En lugar de estar disponibles, nos transformamos en seres omnipresentes: estamos en todas partes, listos para actuar. El problema es que, cuando intervenimos a la primera, no dejamos margen para que el niño explore, pruebe, se equivoque y vuelva a intentarlo.</p>
<p>Sonreímos con suficiencia cuando escuchamos hablar de «los padres helicóptero», esos progenitores que parecen estar rondando continuamente a sus hijos en un intento de protegerlos de todo y de todos. Sin embargo, no es necesario llegar tan lejos para caer en la sobreprotección. Basta con no ser capaces de dejar que nuestro hijo se frustre durante unos minutos.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<p>Una buena forma de evitar intervenir cuando es innecesario (e incluso contraproducente para el aprendizaje de nuestros hijos) es plantearse la pregunta siguiente: <em>¿Por qué estoy interviniendo?</em></p>
<p>Los motivos son numerosos. Puede movernos el miedo a que nuestro hijo o hija sufra, a que se frustre, a que no sepa defenderse. Otras veces manda la prisa, el cansancio o la presión del día. O quizás estemos respondiendo a nuestra propia historia, a aquello que echamos en falta, a lo que nadie hizo por nosotros o a lo que nos prometimos que nuestros hijos no tendrían que vivir.</p>
<p>Corremos entonces el riesgo de confundir acompañar con controlar. En lugar de estar disponibles, nos transformamos en seres omnipresentes: estamos en todas partes, listos para actuar. El problema es que, cuando intervenimos a la primera, no dejamos margen para que el niño explore, pruebe, se equivoque y vuelva a intentarlo.</p>
<p>Sonreímos con suficiencia cuando escuchamos hablar de «los padres helicóptero», esos progenitores que parecen estar rondando continuamente a sus hijos en un intento de protegerlos de todo y de todos. Sin embargo, no es necesario llegar tan lejos para caer en la <a href="https://psicologiasanchinarro.com/crecer-en-un-entorno-de-sobreproteccion/">sobreprotección</a>. Basta con no ser capaces de dejar que nuestro hijo se frustre durante unos minutos.</p>

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			<h3><strong>Importancia de la autoobservación</strong></h3>

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			<p>El ejercicio de <a href="https://psicologiasanchinarro.com/introspeccion/">autoobservación</a> nos permite reflexionar sobre nuestro comportamiento como padres. No es necesario centrarse en escenarios complejos. En realidad, para obtener una imagen objetiva es bastante más eficaz comenzar por las pequeñas situaciones diarias. Tres sencillas preguntas pueden ser de gran ayuda:</p>

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<li>¿Doy tiempo a mi hijo o hija antes de tomar cartas en el asunto?</li>
<li>¿Espero a ver qué hace o me anticipo?</li>
<li>¿Estoy respondiendo a una necesidad del niño o a mi propia inquietud?</li>
</ul><div class="ult-spacer spacer-6a613bc125c63" data-id="6a613bc125c63" data-height="15" data-height-mobile="15" data-height-tab="15" data-height-tab-portrait="" data-height-mobile-landscape="" style="clear:both;display:block;"></div>
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			<p>Todos los padres alternamos momentos de acompañamiento con otros de intervención excesiva. Lo importante es darnos cuenta de cuándo pecamos de esto último para poder corregir el rumbo en beneficio de nuestros hijos.</p>
<p>Muchas formas de sobreprotección pasan desapercibidas: a veces tratamos de despejar el camino de todo tipo de obstáculos para evitar tropiezos. O permanecemos vigilantes ante cualquier posible imprevisto. Puede darse el caso de que empujemos a nuestros hijos a hacerlo mejor para no quedarse atrás.</p>

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			<h3><strong>Proteger y educar: la base de la crianza responsable</strong></h3>

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			<p>La crianza entraña dos tareas clave: proteger y educar.  Proteger significa establecer límites, normas y cuidados básicos que proporcionan seguridad. Educar implica algo más complejo: confiar en que el niño puede enfrentarse a dificultades acordes a su edad.</p>
<p>El aprendizaje no se produce cuando todo sale bien. Tiene lugar cuando algo no sale como se esperaba y surge la oportunidad de buscar soluciones y experimentarlas de primera mano. Para que esto ocurra, nuestros hijos necesitan espacio. El adulto puede mantenerse cerca, pero no dirigir cada paso. En este punto, hemos de destacar la necesidad de límites. Dejar espacio a nuestros hijos no es sinónimo de ausencia de normas. Las normas tienen una función clave: protegerlos. La crianza sin límites no favorece la autonomía, sino que genera desorientación.</p>
<p>Reflexionar sobre nuestro <a href="https://psicologiasanchinarro.com/familias-entrenamiento-parental/">estilo parental</a> es un ejercicio de responsabilidad. Implica comprender que nuestra historia, nuestros miedos y nuestras heridas influyen en nuestra función de educadores. Ser conscientes de por qué actuamos como actuamos nos permite ayudar a nuestros  hijos cuando existe una necesidad real y no movidos por nuestros <a href="https://psicologiasanchinarro.com/miedo-al-cambio/">miedos</a>.</p>

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			<blockquote>
<p>Criar no consiste en evitar todas las caídas, sino en estar presentes si estas se producen. Permitir que el niño experimente, se equivoque y aprenda es una demostración de cariño basada en la confianza. Este equilibrio entre protección y confianza es la base de una crianza responsable.</p>
</blockquote>

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</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/sobreproteccion-y-autonomia/">¿Acompañas a tus hijos o intervienes antes de tiempo?</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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