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	<title>desconexión archivos - Psicología BlaBla</title>
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		<title>Distracción infantil y poca paciencia</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jan 2026 12:18:20 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/distraccion-infantil-y-poca-paciencia/">Distracción infantil y poca paciencia</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
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			<h2><strong>Cómo gestionar las expectativas adultas</strong></h2>

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			<p>Acompañar a un niño con TDAH —o con dificultades atencionales  o inhibitorias— puede poner a prueba la paciencia de adulto más dedicado. Muchos padres se identificarán con la escena que muestra la viñeta.  Ante la acostumbrada desconexión del niño surge el inevitable pensamiento de «¿<em>Pero es posible que no lo haga a posta?», </em>porque esa desconexión choca con nuestra idea de cómo debería funcionar la atención. La situación pone manifiesto, de paso, nuestras propias dificultades; lo fácil que nos resulta perder la paciencia, por ejemplo.</p>
<p>Aun sabiendo —porque así nos lo ha explicado el profesional a cargo de la valoración— que nuestro hijo o hija tiene <a href="https://psicologiasanchinarro.com/autorregulacion-atencional/">problemas atencionales</a> e <a href="https://psicologiasanchinarro.com/autocontrol-e-impulsividad/">inhibitorios</a>, solemos pensar en la distracción infantil como un problema exclusivo del niño o  —aún, reconociendo su existencia— que este no se esfuerzo lo suficiente por superarlo. Después de todo, es él quien debe corregirlo.  Pocas veces nos detenemos a observar qué se activa en nuestro interior cuando notamos que no nos escucha o nos vemos obligados a repetir las cosas hasta la saciedad. Y, sobre todo, cómo reaccionamos cuando el niño no responde como esperamos.</p>
<p>Porque el niño está en su mundo… y, nosotros, en el nuestro. Y diría que es lo más parecido a tratar de comunicarse desde dos habitaciones estancas.</p>

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			<h3><strong>Lo que se activa en el adulto</strong></h3>

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	</div>

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			<p>Ante la falta de atención de nuestro hijo o hija, se dispara automáticamente un diálogo interno: <em>no me hace caso</em>, <em>no le importa</em>, <em>siempre igual</em>, <em>esto no debería ser tan difícil</em>. Estos pensamientos, rápidos y poco conscientes, alimentan el enfado y justifican respuestas por nuestra parte que, aunque comprensibles, no suelen ser eficaces.</p>
<p>Por otra parte, la conducta del niño no explica siempre la reacción del adulto. Tal vez hayamos tenido un mal día o estemos cansados o nuestra expectativas se vean defraudadas… sea cual sea el motivo, se produce una respuesta reactiva por parte del adulto, que busca aliviar el malestar de este, más que atender a las necesidades infantiles.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Expectativas adultas y necesidades infantiles</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Los padres formulamos demandas que consideramos razonables, pero estas no siempre se ajustan a las capacidades atencionales (o de otro tipo) del niño. Este desajuste ente lo esperado y la realidad es la causa de buena parte de los conflictos cotidianos en familias con niños con TDAH.</p>
<p>Esperamos <a href="https://www.logopediasanchinarro.es/me-cuesta-prestar-atencion-tengo-tdah/" target="_blank" rel="noopener">atención sostenida</a> cuando el niño está saturado. Exigimos autocontrol cuando su sistema inhibitorio está al límite. Requerimos su atención cuando su mente está ocupada en otra cosa. Y cuando no se cumplen nuestras expectativas, lo interpretamos como falta de voluntad.</p>
<p>Esta confusión tiene un coste: nos enfadamos con el niño por algo que no depende de él (o al menos no por completo) y reforzamos dinámicas relacionales tensas que complican las cosas.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Reformular el enfoque</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Que nuestro hijo o hija «desconecte» no significa que renunciemos a intervenir. La intervención pasar por comprender su estado atencional y dar con las claves para sacarlo de su abstracción. El adulto adopta la función de regulador externo: alguien que ayuda al niño a volver, en lugar de encadenar los reproches.</p>
<p>Esto exige algo que, dependiendo de nuestro estado de ánimo, puede resultar más o menos costoso: frenar la respuesta automática, reconocer nuestra propia activación y modular la respuesta.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Enfadarse alivia (momentáneamente), pero no enseña</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Cuando nuestro hijo o nuestra hija está «en Babia» y necesitamos que nos atienda, podemos actuar de dos formas. Reaccionar con irritación ante la falta de conexión y comprobar —una vez más— que no sirve de nada elevar el volumen de voz o repetir lo mismo mil veces… o recabar su atención utilizando algunas señales de anclaje (tocar ligeramente el brazo, un comentario breve («mírame un momento»)). E incluso comprender que, en determinadas situaciones, por mucho que insistamos, la atención no es accesible y conviene posponer la intervención.</p>

		</div>
	</div>

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		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Cuando se trata de chavales con dificultades atencionales, la calma es una estrategia bastante más efectiva que el enfado. Y la información breve, concretada y ajustada al momento es mucho más eficaz que los mensajes múltiples o embrollados, las críticas o las justificaciones innecesarias que, por lo general, terminan conduciendo a una nueva desconexión.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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