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	<title>memoria archivos - Psicología BlaBla</title>
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	<title>memoria archivos - Psicología BlaBla</title>
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		<title>Memoria, hipocampo y recuerdos</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Nov 2025 16:05:17 +0000</pubDate>
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			<h2><strong>El cerebro construye lo que somos</strong></h2>

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			<p>La evolución de la ciencia médica y, en particular, de las disciplinas que estudian la estructura y funcionamiento del cerebro —como la anatomía, la fisiología y las neurociencias—, deben mucho a quienes tuvieron la mala fortuna de sufrir un daño, una patología o un accidente que han permitido observar las repercusiones de esas lesiones sobre determinadas funciones cerebrales.</p>
<p>Gracias a esos pacientes, los investigadores han podido realizar estudios que habrían sido imposibles en personas sanas sin recurrir a métodos éticamente reprobables. El caso de Henry Molaison (el «paciente H.M.» como se denominó para preservar su anonimato) recae en esa categoría y es, quizás, uno de los más estudiados por la neurociencia. La lesión del paciente H.M. cambió nuestra comprensión del funcionamiento de la memoria.</p>
<p><strong>Rodrigo Quian Quiroga</strong> —neurocientífico y autor de <em>Borges y la memoria</em>— la relata en su obra con una claridad que trasciende la anécdota médica.</p>

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			<h2><strong>El paciente H.M. y el precio de olvidar</strong></h2>

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			<p>Henry, un joven con epilepsia severa, se sometió en 1953 a una cirugía experimental: la extirpación bilateral del hipocampo, la estructura cerebral clave para consolidar los recuerdos. Con la operación, desaparecieron las crisis de Henry, pero también su capacidad de formar nuevos recuerdos.</p>
<p>Incapaz de recordar al médico que lo atendía cada día, a las personas que había querido o que hacía minutos que acababa de comer, la vida del paciente —ahora totalmente dependiente— trascurrió entre las paredes de una institución. Henry había perdido la <a href="https://psicologiasanchinarro.com/traicionera-criptomnesia/">memoria</a> y, con ello, la conciencia de su propia condición. No recordaba haber olvidado, lo que le impedía desarrollar angustia o frustración.</p>
<p>Su caso arrojó un descubrimiento valioso: <strong>sin hipocampo no hay memoria a largo plazo</strong>. Conservamos la inteligencia, el lenguaje o la percepción, pero perdemos el hilo narrativo que da continuidad a nuestra identidad. Lo que somos —nuestra historia, nuestros vínculos, nuestras decisiones— depende, en buena parte, de esa estructura del tamaño de un dedo escondida en las profundidades del cerebro.</p>

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			<h2><strong>El hipocampo: más que un archivo de recuerdos</strong></h2>

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			<p>El hipocampo no es un simple contenedor de experiencias. Es un integrador de información emocional, espacial y sensorial que da sentido a lo vivido. Ahí se gesta la relación entre emoción y memoria, razón por la que recordamos con mayor facilidad lo que nos conmueve. El <a href="https://psicologiasanchinarro.com/tratamientos-estres/">estrés crónico</a> o los traumas sostenidos pueden afectar a su volumen y funcionamiento, algo que se observa, por ejemplo, en trastornos de <a href="https://psicologiasanchinarro.com/ansiedad-como-copiloto/">ansiedad</a> o <a href="https://psicologiasanchinarro.com/distimia/">depresión</a>.</p>
<p>Pero también se manifiesta el efecto contrario: la <a href="https://psicologiasanchinarro.com/reserva-cognitiva-envejecimiento-saludable/">neuroplasticidad</a>. Hábitos como el ejercicio aeróbico, el sueño reparador o el aprendizaje continuo regeneran el hipocampo. Recordar y olvidar son procesos dinámicos: olvidar, de hecho, es tan necesario como recordar, porque libera recursos para que podamos seguir aprendiendo.</p>

		</div>
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			<h2><strong>La neurona de Jennifer Aniston</strong></h2>

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			<p>Décadas después del caso H.M., el equipo de Quian Quiroga logró registrar la actividad de neuronas individuales del hipocampo en pacientes epilépticos sometidos a cirugía, a los que se había implantado electrodos para registrar su actividad neuronal e identificar el foco de las crisis. Quiroga y su equipo aprovecharon una oportunidad que raramente se presenta: observar la actividad de neuronas individuales en seres humanos conscientes.</p>
<p>Entre los hallazgos más curiosos está el que bautizaron como «la neurona de Jennifer Aniston». El nombre elegido se debe al hecho de que la cinematográfica neurona solo se activaba cuando el sujeto objeto de estudio veía, imaginaba o leía el nombre de la conocida actriz. Estas neuronas no almacenan fotos mentales, sino conceptos y significados, lo que sugiere que <strong>el cerebro codifica la realidad en categorías semánticas y no solo visuales</strong>.</p>
<p>El descubrimiento es fascinante desde el punto de vista científico y revela la naturaleza dinámica y cambiante  de nuestra memoria como mecanismo que da sentido a nuestras vidas. En primer lugar, nuestros recuerdos no son inmutables. En segundo lugar, recordamos aquello que tiene un significado simbólico o emocional para nosotros.</p>

		</div>
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			<h2><strong>De la neurociencia a la práctica clínica</strong></h2>

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	</div>

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			<p>Comprender cómo funciona la memoria tiene implicaciones directas en la psicología clínica. Muchas intervenciones —como la <a href="https://psicologiasanchinarro.com/estimulacion-cognitiva/">terapia cognitivo-conductual</a> o la terapia de exposición— buscan reconfigurar las asociaciones que el hipocampo y la amígdala almacenan entre recuerdo y emoción. La investigación sobre el hipocampo ayuda a entender por qué algunas memorias traumáticas permanecen tan vivas y cómo es posible reinterpretarlas para reducir su impacto emocional.</p>

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	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Recordar no consiste en acumular datos, sino en construir significado. Ese significado —más que la memoria en sí— es lo que da coherencia a nuestra historia personal. El paciente H.M. vivió 82 años. Y, sin embargo, para él, su vida entera habría cabido en el más fugaz de los instantes.</p>
</blockquote>

		</div>
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		<title>La engañosa criptomnesia</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/traicionera-criptomnesia/</link>
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		<pubDate>Sun, 07 Sep 2025 12:06:30 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[criptomnesia]]></category>
		<category><![CDATA[memoria]]></category>
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			<p><strong>Cuando la memoria te juega malas pasadas</strong></p>

		</div>
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			<p>Hace algunos años participé en un concurso de micro-relatos de tema libre. Al releer lo que había escrito en un rapto de inspiración, me sentí orgullosísima. Qué digo: estaba exultante. El texto brotado de mis neuronas era, simplemente, fantástico.</p>
<p>«Es increíble lo que consigo cuando me pongo a ello con ganas -presumí ante mí misma, algo que no suelo hacer con demasiada frecuencia-. Y añadí:  el concurso es tuyo. Y los 500 euros del premio también. Esta obra reúne todo lo necesario para ganar: brevedad, complejidad, originalidad y una fuerza arrolladora».</p>
<p>Y, sin darle más vueltas, cliqué en «enviar».</p>
<p>Aunque no pensaba comentar el asunto en casa hasta que recibiese el galardón, me pudo el nerviosismo: terminé mostrando el texto a mi media naranja sin decirle que era mío.</p>
<p>-«Impresionante, como todo lo que escribe Gabo» -comentó tras una rápida lectura.</p>
<p>Un momento… lo de impresionante, vale. ¿Pero qué era eso de «como todo lo que escribe Gabo»?</p>
<p>Abrevio la historia: fue una bofetada a mi ego con la mano abierta. Mi cuentito era una reproducción exacta de la impactante escena con la que García Márquez inaugura <em>Cien años de soledad</em>, con un coronel Buendía frente al pelotón de fusilamiento, rememorando la imagen de su padre en un raro escenario congelado. Se trata, probablemente, de uno de los comienzos más célebres de la literatura en español. Y yo me había atribuido su autoría sin despeinarme.</p>
<p>Este comportamiento de nuestra memoria es lo que se conoce como <strong>criptomnesia</strong> o plagio inconsciente, un fenómeno psicológico vinculado con la creatividad, bastante habitual entre los artistas… y, por lo que se ve, también entre los amateurs de la escritura de medio pelo como yo.</p>

		</div>
	</div>

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			<h2>La<strong> memoria: aliada y traicionera</strong></h2>

		</div>
	</div>

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			<p>La memoria es fascinante: dinámica, cambiante, creativa y, al mismo tiempo, tremendamente traicionera. Guarda vivencias fragmentadas, mezcla recuerdos, rellena huecos con la facilidad de una inteligencia artificial y se apropia de lo que no le pertenece cuando le viene en gana. Y lo más inquietante: no disponemos de mecanismos internos para discernir los recuerdos reales de los inventados o apropiados de otros.</p>
<p>George Harrison lo sufrió en carne propia: fue acusado de calcar con su éxito <em>My Sweet Lord</em> la canción <em>He’s So Fine</em> de The Chiffons. Por muy inconsciente que fuese el plagio (de hecho, el juez dejó constancia en la sentencia de que estaba convencido de que el músico había actuado de buena fe), la metedura de pata le costó una indemnización millonaria. Mi «plagio» no tuvo consecuencias pecuniarias, pero me pasó factura en forma de ridículo.</p>

		</div>
	</div>

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			<h2>El carácter reconstructivo de la memoria</h2>

		</div>
	</div>

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			<p>Fenómenos como la criptomnesia muestran hasta qué punto <strong>nuestra memoria es reconstructiva</strong>. No funciona como una grabadora que almacena y reproduce, sino como un proceso activo que selecciona y transforma en función de las nuevas experiencias. Y también inventa. Este mecanismo explica por qué dos personas que vivieron el mismo hecho pueden contarlo de forma radicalmente distinta.</p>
<p>A la vez, esta fragilidad tiene su lado luminoso: gracias a esa plasticidad somos capaces de crear, de asociar ideas nuevas, de transformar experiencias en historias y de encontrar soluciones originales. Sin memoria imperfecta no habría imaginación.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3>Algunos consejos prácticos para cuidar la memoria:</h3>

		</div>
	</div>
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<li><strong>Anota tus ideas</strong>: llevar un cuaderno o notas en el móvil ayuda a registrar pensamientos originales antes de que se diluyan o se mezclen con recuerdos ajenos.</li>
<li><strong>Contrasta recuerdos</strong>: cuando una memoria te parezca muy vívida, compártela con alguien más. La comparación de versiones suele revelar cómo rellenamos huecos de forma creativa.</li>
<li><strong>Lee y escucha con conciencia</strong>: cuanto más consumimos contenidos (libros, música, series), más fácil es que se nos «pegue» algo. Detenerse un momento a reflexionar sobre lo que nos impacta ayuda a diferenciar lo propio de lo ajeno.</li>
<li><strong>Practica la atención plena</strong>: ejercicios de mindfulness fortalecen la capacidad de observar lo que ocurre en el presente favorecen un registro más nítido y fiable de los recuerdos.</li>
<li><strong>Perdónate los lapsus</strong>: no castigues tu memoria por ser imperfecta. Esa misma plasticidad es la que permite que inventemos, creemos y demos un giro inesperado a lo que ya conocíamos.</li>
</ul><div class="ult-spacer spacer-69cbbec13a2a5" data-id="69cbbec13a2a5" data-height="25" data-height-mobile="25" data-height-tab="25" data-height-tab-portrait="" data-height-mobile-landscape="" style="clear:both;display:block;"></div>
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote><p>
Por eso, la próxima vez que dudes de un recuerdo o descubras que lo que creías tuyo ya tiene «dueño», no lo veas como un fallo, sino como un recordatorio de lo asombroso (y, por qué no, tramposillo) que puede ser el cerebro humano. Y dicho de paso: ante una magnífica idea que consideramos nuestra no está de más verificar su autoría&#8230; porque tal vez no lo sea tanto.
</p></blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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