<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>sesgos cognitivos archivos - Psicología BlaBla</title>
	<atom:link href="https://psicologiasanchinarro.com/tag/sesgos-cognitivos/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://psicologiasanchinarro.com/tag/sesgos-cognitivos/</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Fri, 13 Mar 2026 09:54:43 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.8.6</generator>

<image>
	<url>https://psicologiasanchinarro.com/wp-content/uploads/2025/04/cropped-logopedia-adultos-madrid-logo-1-32x32.png</url>
	<title>sesgos cognitivos archivos - Psicología BlaBla</title>
	<link>https://psicologiasanchinarro.com/tag/sesgos-cognitivos/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Cuando todo va de mal en peor</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/nostalgia-del-pasado/</link>
					<comments>https://psicologiasanchinarro.com/nostalgia-del-pasado/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2026 09:22:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[memoria selectiva]]></category>
		<category><![CDATA[sesgos cognitivos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://psicologiasanchinarro.com/?p=11900</guid>

					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/nostalgia-del-pasado/">Cuando todo va de mal en peor</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h2><strong>¿Por qué creemos que el pasado fue mejor?</strong></h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>El premio Nobel Paul Krugman comentaba un hecho curioso sobre la economía estadounidense. Según los distintos indicadores y análisis —entre ellos los de entidades autorizadas como Goldman Sachs— el país había mostrado, bajo el mandato de Joe Biden, un desempeño para muchos improbable tras la pandemia. La inflación había descendido sin provocar la recesión que los analistas daban por segura.  Cierto, había aumentado el desempleo, pero las cifras eran muy moderadas. Y en el tercer trimestre de 2024, el crecimiento económico interanual rondaba un nada desdeñable cinco por ciento.</p>
<p>Con todo, cuando se preguntaba a los ciudadanos por la marcha del país, una parte considerable respondía que la economía iba mal. Y no solo mal: mucho peor que antes.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			
		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Los datos dicen una cosa; la percepción otra</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Este no es un caso aislado. Algo parecido ocurre con la percepción general de la violencia en el mundo. El psicólogo Steven Pinker recoge en <em>The Better Angels of Our Nature</em> gran cantidad de datos históricos que apuntan en otra dirección. Aun teniendo en cuenta las guerras y conflictos actuales, la proporción de muertes violentas ha disminuido de forma sostenida desde los orígenes de la humanidad. Pinker distingue varios momentos en ese descenso: las sociedades prehistóricas, la Edad Media, la Ilustración y el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. En este último periodo (las cifras recopiladas por Pinker son previas a las actuales guerras de Irán e Ucrania, pero siguen siendo válidas), la proporción de muertes violentas en el conjunto del planeta se sitúa por debajo del uno por ciento.</p>
<p>Este fenómeno fue señalado por Norbert Elias décadas antes. En <em>El proceso de civilización</em> (1939), el sociólogo describía la lenta transformación de las normas sociales y el progresivo rechazo público de la violencia desde la Edad Media hasta la modernidad. Los comportamientos que en otros tiempos formaban parte de la vida cotidiana —peleas, castigos físicos, venganzas privadas— han ido perdiendo legitimidad social y volviéndose cada vez más marginales.</p>
<p>Sin embargo, basta con abrir un periódico o recorrer unos minutos las redes sociales para sacar una impresión muy distinta. El panorama parece inmerso en un conflicto permanente y se respira sensación de deterioro generalizada.</p>
<p>Otros indicadores señalan tendencias similares a las anteriores. En términos globales, los niveles de pobreza extrema han disminuido durante las últimas décadas; se ha ampliado el acceso a la educación y el analfabetismo ha retrocedido en muchas regiones del mundo. Los programas de salud pública han reducido la mortalidad infantil y han acabado con enfermedades que eran temidas en el pasado.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>El sesgo de negatividad</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p><strong>La percepción colectiva tiende a la negativización</strong>. Abundan los comentarios catastrofistas. Se idealiza el pasado  como si hubiese sido una época más sensata, ordenada y segura. La comparación se apoya, por lo general, en recuerdos difusos y en una reconstrucción selectiva de los hechos.</p>
<p>El <strong>sesgo de negatividad</strong> nos lleva a prestar más atención a la información amenazante que a la que describe mejoras graduales. Los acontecimientos violentos o excepcionales ocupan titulares, generan imágenes impactantes y circulan con rapidez. Los avances lentos —una vacuna, la reducción de la mortalidad, las mejoras educativas— no llaman la atención.</p>
<p>En esta visión catastrofista también interviene un fenómeno conocido como <em>rosy retrospection</em>: la tendencia a recordar el pasado de forma más amable de lo que probablemente fue. Las dificultades de otras épocas desaparecen de la memoria colectiva con rapidez, mientras que las incomodidades presentes se perciben con toda su intensidad.</p>
<p>El siglo XX es ejemplo de esta distorsión. Fue un periodo abundante en guerras, genocidios, hambrunas y crisis económicas. Y, sin embargo, para muchas personas sale ganando en la comparativa con la actualidad.</p>
<p>Nada de esto implica que la situación actual sea idílica ni que hayan desaparecido los problemas. Los conflictos armados siguen provocando enormes sufrimientos. Persisten las desigualdades económicas. Y muchas sociedades afrontan desafíos en ámbitos como el medio ambiente, la organización política o el funcionamiento de las instituciones. No hay motivos para la complacencia. Queda muchísimo por hacer en educación, sanidad, organización política, justicia social o sostenibilidad ambiental.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Repetir sin descanso que todo va cada vez peor tiene un efecto curioso: nos ofrece una forma cómoda de pesimismo, instalada en la queja y la inacción, que no suele acompañarse de cambios reales. La nostalgia selectiva por un pasado supuestamente mejor cumple una función parecida: construye un relato sencillo y tranquilizador que nos permite lamentar el presente sin enfrentarnos a la ambigüedad que lo caracteriza (el pasado tiene la ventaja de parecer claro) y nos evita la responsabilidad de responder a una sencilla pregunta: «¿Que habría que hacer ahora?».</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/nostalgia-del-pasado/">Cuando todo va de mal en peor</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://psicologiasanchinarro.com/nostalgia-del-pasado/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Psicología de la teoría conspiranoica</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/psicologia-de-la-conspiracion/</link>
					<comments>https://psicologiasanchinarro.com/psicologia-de-la-conspiracion/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Jul 2025 11:20:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[sesgos cognitivos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://psicologiasanchinarro.com/?p=11007</guid>

					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/psicologia-de-la-conspiracion/">Psicología de la teoría conspiranoica</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h2><strong>Por qué creemos en fumigadores</strong></h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Hace algunos años alquilamos un alojamiento en Almería para pasar la temporada estival. Los propietarios de una preciosa casa individual habían transformado la parte superior de la vivienda en un pequeño apartamento. Era cómodo, funcional y con una característica impagable: una gran terraza con vistas espectaculares al Mediterráneo, donde pasamos gran parte de nuestro tiempo: allí desayunábamos, almorzábamos, cenábamos y disfrutábamos de las puestas de sol.</p>
<p>Pronto establecimos una agradable relación con los arrendadores —que vivían en la planta baja—: dos personas de lo más amables que unos días después de nuestra llegada nos ofrecieron lo que era toda una demostración de afecto por su parte: tres máscaras antigás, porque «<em>se habían dado cuenta de que pasábamos mucho tiempo en la terraza y por allí volaban aviones que fumigaban a los habitantes con fines tan prácticos como el control malthusiano de la población</em>».</p>
<p>Los fumigadores eran —por lo que pudimos observar— aviones a reacción que dejaban una estela de condensación a su paso. También verificamos que la amable pareja se metía en casa tan pronto pasaba uno (lo que hacían, por cierto, con bastante frecuencia).</p>
<p>Ante nuestra extrañeza y la consiguiente pregunta de si no les parecía raro que los aviones fumigasen indistintamente a diestro y siniestro (con riesgo de cargarse, pongamos por caso, al puñado de turistas americanos que en ese momento se rostizaban al sol), nos respondieron que los estados implicados repartían una suerte de antídoto protector entre sus respectivas poblaciones.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h2><strong>No son simples excentricidades</strong></h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Los sesgos cognitivos, ampliamente estudiados en psicología, predisponen a las personas a desarrollar y sostener creencias conspiranoicas, al activar procesos cognitivos y emocionales profundos. Aunque su función desde la óptica de la supervivencia podría ser la de un <strong>«atajo mental»</strong> para identificar rápidamente amenazas u oportunidades, pueden inducirnos a error al priorizar la rapidez de actuación sobre la precisión de los datos&#8230; errores que con el tiempo se convierten en certezas a prueba de cualquier evidencia.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h4><strong>Algunos sesgos cognitivos implicados:</strong></h4>

		</div>
	</div>
<ul class='dt-sc-fancy-list  blue  circle-bullet'>
<li><strong>Sesgo de confirmación</strong>: centra nuestra atención en información que refuerza nuestras creencias, desestimando todo lo contario. Si tenemos miedo a volar en avión y escuchamos la noticia de un accidente aéreo, consideraremos confirmados nuestros temores («<em>volar no es nada seguro</em>») por mucho que las estadísticas nos demuestren lo erróneo de este pensamiento.</li>
<li><strong>Apofenia</strong>: tendencia a identificar patrones y conexiones ocultas donde no existen, lo que favorece la percepción de tramas secretas o conspiraciones.</li>
</ul><div class="ult-spacer spacer-6a64ff0da0651" data-id="6a64ff0da0651" data-height="20" data-height-mobile="20" data-height-tab="20" data-height-tab-portrait="" data-height-mobile-landscape="" style="clear:both;display:block;"></div>
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h4><strong>Y otros procesos psicológicos habituales:</strong></h4>

		</div>
	</div>
<ul class='dt-sc-fancy-list  blue  circle-bullet'>
<li><strong>Búsqueda de control en la incertidumbre</strong>: ante el caos y la falta de explicaciones claras, el cerebro prefiere aceptar una narrativa conspirativa (aunque sea falsa) antes que admitir la propia vulnerabilidad.</li>
<li><strong>Procesamiento emocional</strong>: emociones como el miedo y la ansiedad favorecen la aceptación de ideas extremas y desplazan el pensamiento crítico. Las teorías conspiranoicas permiten integrar toda la información en un «relato coherente» sin necesidad de hacer un análisis lógico detallado.</li>
</ul><div class="ult-spacer spacer-6a64ff0da0726" data-id="6a64ff0da0726" data-height="20" data-height-mobile="20" data-height-tab="20" data-height-tab-portrait="" data-height-mobile-landscape="" style="clear:both;display:block;"></div>
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Redes sociales y cámaras de resonancia</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Son muchos quienes han comprendido el impresionante poder táctico que proporciona el explosivo cóctel de una «buena teoría conspiranoica + alcance de las redes sociales».</p>
<p>Tomemos un ejemplo reciente. Según la Encuesta de la FECTY 2024, que analiza las creencias sobre ciencia y tecnología de la población residente en España, un 24,5% de los encuestados están convencidos de que el Gobierno está ocultando la relación entre vacunas y autismo, lo que les lleva a desconfiar de las campañas de vacunación.</p>
<p>La consecuencia de esta desconfianza no es baladí. En 2025 se registraron los niveles más altos de sarampión en Estados Unidos desde 1992 y los más altos en Europa desde 1997, atribuibles en parte al efecto de estas teorías.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Los hechos no bastan</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Contrariamente a lo que cabría esperar, los datos contrastados no siempre convencen. Las narrativas conspiranoicas incluyen explicaciones que neutralizan cualquier contraargumento: «<em>los científicos están comprados</em>», «<em>los medios mienten</em>», «el <em>Gobierno nos manipula</em>». Esta dinámica crea un mecanismo de inmunidad  frente a la evidencia.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Del absurdo a las consecuencias reales</strong></h3>

		</div>
	</div>
Frente a la difusión de esas creencias solo hay una medida eficaz: educar y practicar el pensamiento crítico. Y esto exige:</p>
<ul class='dt-sc-fancy-list  blue  circle-bullet'>
<li>Evaluar cuidadosamente la fuente de la noticia: ¿quién lo dice? ¿qué pruebas hay?</li>
<li>Detectar los sesgos propios: ¿por qué quiero que sea verdad?</li>
<li>Actuar de forma preventiva a través de la educación de los más jóvenes para evitar la propagación de teorías sin base. La evidencia muestra que, en personas con creencias ya muy arraigadas, presentar pruebas fehacientes puede provocar un «efecto rebote»: no solo rechazan los datos, sino que endurecen aún más su postura.</li>
<li>Estudios recientes sobre prebunking —anticipación de «bulos» acompañada de datos que permitan su refutación— han demostrado que esta técnica puede reducir en parte la aceptación de teorías conspiranoicas.</li>
</ul><div class="ult-spacer spacer-6a64ff0da0a4a" data-id="6a64ff0da0a4a" data-height="20" data-height-mobile="20" data-height-tab="20" data-height-tab-portrait="" data-height-mobile-landscape="" style="clear:both;display:block;"></div>
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>El desafío para los profesionales</strong></h3>

		</div>
	</div>
Como psicólogos, es nuestra labor:</p>
<ul class='dt-sc-fancy-list  blue  circle-bullet'>
<li>Identificar los mecanismo emocionales y cognitivos que respaldan estas creencias. Detectar cuándo el miedo o la desconfianza refuerzan narrativas conspirativas,</li>
<li>Trabajar la tolerancia a la incertidumbre y entrenar habilidades de pensamientos crítico.</li>
<li>Fomentar espacios de confianza donde la persona se sienta capaz de analizar sus ideas sin sentirse atacada ni juzgada.</li>
</ul><div class="ult-spacer spacer-6a64ff0da0b22" data-id="6a64ff0da0b22" data-height="20" data-height-mobile="20" data-height-tab="20" data-height-tab-portrait="" data-height-mobile-landscape="" style="clear:both;display:block;"></div>
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>No lo olvidemos: las teorías conspiranoicas se alimentan del miedo, de la incertidumbre y de nuestra necesidad de certezas. De ahí su tremenda eficacia.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper"></div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/psicologia-de-la-conspiracion/">Psicología de la teoría conspiranoica</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://psicologiasanchinarro.com/psicologia-de-la-conspiracion/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
