Campamentos de verano: una oferta extensísima

Padre llevando a su hijo a un campamento de verano al que el niño no quiere ir

Campamentos de verano: una oferta extensísima

… no apta para todos

Cuando pienso en mis veranos infantiles, me resulta muy difícil desvincularlos de la casa de mis abuelos en el pueblo. Allí pasaba los meses de junio y julio mientras mis padres trabajaban y se organizaban como podían para vernos el fin de semana. Para mí eran unos meses felices, en los que desaparecían los horarios y mi vida transcurría en la calle, con el resto de los chavales del pueblo, repartida entre la playa y la bicicleta. Por lo que recuerdo, quien y quien menos de mis amigos hacían exactamente lo mismo.

Años después hicieron su aparición los campamentos. Su función era eminentemente práctica: mantener a los niños en un lugar seguro mientras los padres trabajaban.

Hoy el concepto de campamento ha experimentado cambios. Muchas familias buscan algo más. Quieren que sus hijos desarrollen las actividades que les gustan, conozcan a otros niños y que el verano no sea un sinfín de horas muertas ante una pantalla ni una continuación del colegio. Y preferiblemente que aprendan cosas nuevas, ganen autonomía y afiancen sus habilidades sociales. En ese sentido, la actual oferta de campamentos veraniegos es amplísima. Basta con echar un vistazo a las muchas webs que los publicitan para observar que atienden a prácticamente cualquier preferencia: fútbol, robótica, teatro, circo, inglés, música, baile, actividades urbanas o deportivas…, todo un mundo de posibilidades para disfrutar del tiempo libre.

Por qué los campamentos convencionales no valen para todos

Con independencia de la temática, la mayoría de estos campamentos están pensados para niños que encajan bien en dinámicas grupales grandes o que tienen intereses bien definidos. Muchos colegios organizan, además, campamentos para sus propios alumnos, lo que facilita notablemente la organización familiar en un momento tan complejo como las vacaciones infantiles.

Los campamentos convencionales funcionan muy bien con la mayoría de chavales. Pero hay un amplio grupo que no se adapta a estos formatos.

Hablamos de niños con dificultades sociales o con necesidades especiales. Niños que se bloquean en grupos grandes o son muy sensibles al ruido o a los cambios. Niños que necesitan tiempo para ganar confianza o cuyos intereses no conectan con las actividades habituales.

Un escenario conocido

Muchas familias conocen bien este escenario. Inauguran cada mañana con una negociación agotadora para conseguir que el niño vaya al campamento. A veces hay llantos, enfados o dolores de barriga. Y los padres acaban dejando a su hijo o hija en el centro correspondiente con una sensación desagradable: la de estar obligándoles a permanecer en un lugar donde no desean porque no hay otra alternativa compatible con el horario laboral.

Al principio piensan «ya se acostumbrará». Pero, a medida que transcurren los días, es obvio que la cosa no funciona. Hay niños que pasan semanas enteras sobreviviendo al campamento: permanecen al margen del grupo, participan poco o nada y viven las actividades con tensión. El campamento deja de ser un espacio de esparcimiento para convertirse en otra obligación más.

Campamentos especializados

Los campamentos especializados, con grupos pequeños, atienden una necesidad no cubierta por la oferta habitual.

Y esto se debe a algo muy concreto: nos permite conocer perfectamente a cada uno de los participantes.

Cuando los grupos son reducidos y el equipo está integrado por profesionales acostumbrados a trabajar con infancia —psicólogos, logopedas, profesionales de la comunicación, educadores o integradores sociales— las actividades dejan de organizarse pensando únicamente en el grupo y tienen en cuenta las preferencias y necesidades de cada participante.

Hay niños que necesitan actividades muy estructuradas para sentirse tranquilos. Otros funcionan mejor cuando pueden anticipar lo que va a ocurrir. Algunos necesitan espacios de descanso porque se saturan con rapidez. Otros participan muchísimo más cuando el grupo es pequeño y no tienen que competir por la atención o el espacio.

Y también cambia la forma de relacionarse. En grupos reducidos es más fácil detectar quién necesita apoyo para acercarse a otros niños, quién tiende a aislarse, quién acaba cediendo siempre o quién se desregula con facilidad.

Todo eso pasa desapercibido en campamentos masificados, incluso aunque los profesionales hagan un buen trabajo.

Crear espacios donde cada niño se siente bien

Este tipo de campamentos necesita mucho más que organizar actividades entretenidas.

Requiere de un gran número de profesionales familiarizados con la infancia y conocer bien al niño antes de empezar: cómo funciona, qué le cuesta, qué le gusta, qué situaciones le generan ansiedad y cómo vive normalmente las relaciones sociales.

También exige escuchar a la familia, porque son los padres quienes se dan cuenta de señales de malestar que se minimizan en otros contextos.

A partir de ese conocimiento, las actividades tienen un propósito bien definido. No se trata de «rellenar horas» durante los meses de junio y julio, sino de que el niño sienta —muchas veces, por primera vez— que está en un espacio pensado para él, en el que se siente motivado y comprendido. Esto hace que quiera volver al día siguiente. Y al otro. Y que  —como suele ocurrir— sienta pena cuando el campamento llega a su fin.

Si tu hijo o hija no acaba de encontrar su espacio, ponte en contacto con nosotros. Tenemos mucho que contarte.

Cuatro prioridades del campamento:

  • Facilitaros la conciliación familiar y laboral con la tranquilidad de saber que vuestros niños están perfectamente atendidos, sean cuales sean sus necesidades, por personal especializado en un entorno seguro.
  • Potenciar las capacidades artísticas y creativas del niño como medio para reforzar su desarrollo cognitivo, lingüístico, emocional y social.
  • Ayudaros en la tarea de educar niños autónomos y emocionalmente sanos.
  • ¡Divertirnos muchísimo, que buena falta nos hace a todos!

Una última observación: para que nuestro campamento sea verdaderamente eficaz, el número de participantes por grupo debe ser muy reducido. Esto significa que el número de plazas es limitado. Si te planteas inscribir a tu hijo o hija en nuestro centro, te recomendamos que no esperes hasta el último momento. Recuerda que si es la primera vez que vuestro hijo está con nosotros es imprescindible que nos conozcamos y, sobre todo, que conozcamos sus necesidades y preferencias para ofrecerle una experiencia inolvidable de la que pueda, además, sacar el máximo partido.