Mujer y maternidad

Madre preocupada porque no puede despertar a su hijo adolescente.

Mujer y maternidad

Un evento fisiológico extremo

Como madre, profesional de la psicología y persona implicada en la defensa de los derechos de mujeres y niñas, ha sido un placer la lectura de una reciente entrevista realizada a la neurocientífica Susana Carmona. Sus palabras, caracterizadas por el rigor científico, contribuyen a visibilizar una realidad ignorada durante mucho tiempo: la profunda transformación que experimenta el cerebro de la mujer durante la maternidad y las implicaciones de este proceso sobre su salud mental y emocional.

Cambios cerebrales, regulación emocional y respuesta al estrés

La psicóloga, respaldada por su equipo, aporta base científica a algo que muchas mujeres perciben de forma íntima desde el momento de la concepción: el asombroso cambio madurativo que se produce en su cerebro. Durante el embarazo y el posparto tienen lugar modificaciones estructurales y funcionales en áreas cerebrales relacionadas con la regulación emocional, la empatía, la atención y la respuesta al estrés. Los cambios no son anecdóticos; constituyen un evento fisiológico extremo comparable, por la magnitud de la reestructuración cerebral, a otros grandes hitos del desarrollo como la adolescencia.

Estas transformaciones hacen a la mujer más eficiente en funciones que favorecen la protección, el cuidado y el vínculo con el bebé. El cerebro materno se adapta para detectar señales de peligro, responder con rapidez a las necesidades del hijo y priorizar su bienestar. El llanto del bebé, por ejemplo, provoca una respuesta cerebral mucho más rápida que cualquier sonido neutro o aleatorio. Esto explica por qué muchas madres reaccionan de inmediato cuando duermen, en particular, durante los primeros meses de vida del bebé.

Maternidad y salud mental

Este mismo proceso de reorganización cerebral coloca a la madre en una posición de mayor vulnerabilidad física y psicológica, sobre todo si carece de red de apoyo o sufre sobrecarga emocional o estrés crónico. De ahí la importancia de destinar recursos suficientes a la investigación perinatal y a la prevención de los problemas de salud mental materna.

Las grandes olvidadas por la medicina

La investigadora ha centrado sus estudios en un grupo poblacional que, a pesar de representar más del 50 % de la especie humana y de su compleja biología, ha estado sistemáticamente infrarrepresentado en la medicina y la neurociencia. Los estudios biomédicos han excluido durante décadas a las mujeres —no digamos ya en edad fértil— para evitar la «variable» hormonal, asumiendo que los resultados obtenidos con los varones eran extrapolables a ellas. Esta omisión ha tenido consecuencias graves: desconocemos muchos aspectos de cómo se manifiestan determinadas patologías en la mujer, por qué algunos trastornos prevalecen más en ellas o cómo influyen los fármacos dependiendo del sexo.

Hablar de maternidad es reconocer su complejidad biológica, psicológica y social de esta vivencia. Implica cuestionar modelos médicos androcéntricos y prestar atención a la realidad femenina, teniendo en cuenta los ciclos vitales, las transiciones hormonales y el impacto emocional de experiencias como el embarazo, el parto o el posparto.

Corresponsabilidad en la crianza

Por motivos obvios —entre ellos, las cuestiones hormonales y evolutivas—, el grueso de las investigaciones se centran en los efectos de la maternidad en las madres biológicas. Sin embargo, estudios recientes revelan que los padres y cuidadores también desarrollan adaptaciones cerebrales cuando participan activamente en la crianza. Algo es cada vez más evidente: en la experiencia del cuidado del menor, no solo las hormonas contribuyen a los cambios cerebrales.