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	<title>adolescencia archivos - Psicología BlaBla</title>
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	<title>adolescencia archivos - Psicología BlaBla</title>
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		<title>Cuando tus hijos no dejan de discutir</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 17:18:57 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/cuando-los-hijos-no-dejan-de-discutir/">Cuando tus hijos no dejan de discutir</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
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			<h2><strong>Qué está pasando y qué puedes hacer</strong></h2>

		</div>
	</div>

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			<p>Si tienes más de un hijo, lo sabes con certeza: el conflicto entre hermanos es la regla, no la excepción.</p>
<p>Pero una cosa es que los hermanos discutan y otra muy distinta vivir en un clima de tensión constante en casa. Cuando las peleas son frecuentes o alcanzan cotas excesivamente intensas, dejan de ser algo «normal» y desgastan a toda la familia. Empezando por ti.</p>
<p>Llegados a este punto, muchos padres se preguntan: <em>¿Estoy haciendo algo mal? ¿Debería intervenir más? ¿O quizás menos?</em></p>
<p>Antes de responder a esto, conviene conocer algunos factores que influyen directamente en el desarrollo de los conflictos entre hermanos. Porque aunque no sea evidente,  lo que hacemos en casa influye en gran medida en la evolución de estas situaciones.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>El vínculo antes que las normas</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Cuando tus hijos discuten es fácil lanzarse a corregir, mediar o imponer soluciones. Pero si la relación entre vosotros es débil o está deteriorada, esas intervenciones tienen poco recorrido.</p>
<p>Por lo general, en ausencia de un buen vínculo, tus hijos no acogen tus palabras como una ayuda, sino como una imposición. En lugar de reducir el conflicto, es probable que lo empeores.</p>
<p>Tu aportación durante el enfrentamiento tiene importancia, obviamente, pero la eficacia de lo que dices depende en gran medida de la relación que hayáis ido construyendo antes.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>No necesitan un trato igualitario, sino equitativo</h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Esta es una de las dificultades cuando conviven un adolescente y un niño bajo el mismo techo.  No puedes tratarles de la misma forma ni aplicar idénticas normas. Y esto, que en principio parece razonable a la vista de sus diferentes niveles de madurez, puede ser percibido por  uno de ellos (o ambos) como muestra de favoritismo o trato injusto.</p>
<p>Aquí la palabra no es igualdad, sino equidad. Si explicas a tus hijos los criterios aplicados con claridad (por qué uno tiene ciertos permisos y otro no), es más fácil que lo entiendan&#8230; aunque no te garantizo que siempre lo acepten. De lo que sí puedes tener la seguridad es de que, en ausencia de criterios coherentes, los hermanos entrarán en el bucle de comparaciones con el consiguiente conflicto.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>Las normas importan; cómo las transmites aún más</h3>

		</div>
	</div>

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		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Contar con un conjunto (limitado) de normas claras ayuda a organizar la convivencia. Pero si tratas de imponerlas, lo más probable es que no funcionen.</p>
<p>Cuando explicas el por qué de esas normas, tus hijos comprenden que no son arbitrarias. Probablemente cuestionen algunas —sobre todo, si son adolescentes —, pero reduces el conflicto que acompaña a la ambigüedad.</p>
<p>Y hay algo que tienes que dejar muy claro en casa: la agresión, física o verbal, es inaceptable.</p>
<p>Un comportamiento en el que padres y madres caemos inconscientemente son las comparaciones entre hermanos. Las comparaciones, aunque sean sutiles, alimenta la rivalidad. Reconocer las capacidades sin establecer jerarquías funciona mucho mejor.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>Es normal que conectes más con uno de tus hijos</h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Esto genera bastante incomodidad en los padres, pero ocurre con frecuencia. Puedes sentir más afinidad con uno de tus hijos y quererlos a todos por igual.</p>
<p>Negar ese hecho genera más tensión que reconocerlo. Lo relevante es que esa afinidad no se traduzca en diferencias de trato.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>El espacio personal importa</h3>

		</div>
	</div>

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			<p>A medida que tus hijos crecen y, en particular, cuando entran en la adolescencia, aumenta su necesidad de controlar su espacio.</p>
<p>Si no hay acuerdos sobre el uso y organización de los lugares compartidos, acaban surgiendo los roces.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>El tiempo compartido ya no surge «solo»</h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Cuando tus hijos eran pequeños, los días estaban llenos de momentos compartidos. En la adolescencia no.</p>
<p>Si convives con un adolescente, ya sabes que no buscará espontáneamente ese rato contigo (aunque pueda necesitarlo). Ahora eres tú quien toma la iniciativa.</p>
<p>A veces será a través de actividades compartidas. Otras, simplemente estando disponible.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>Necesitan poder decidir (aunque no te guste cómo lo hacen)</h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Este es un motivo recurrente de enfrentamiento. Cuando el adolescente  no tiene margen para decidir, lo busca a través de la oposición.</p>
<p>No se trata de dejarles hacer lo que quieran, sino de delimitar con claridad sobre qué pueden decidir y qué es innegociable.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>Acepta que tu hijo ya no es el mismo</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<p>El paso de la infancia a la adolescencia supone un cambio profundo en la forma  en cómo nuestro hijo o hija se comporta y relaciona con la familia.  Y, aunque se diga que esto solo ocurre a los niños, también los adultos somos reacios al cambio. De ahí los comentarios del tipo: «<em>tú no eras así»</em> o «<em>no te reconozco»</em>.</p>
<p>Y así es: nuestros hijos no son los mismos y nos toca asumir ese cambio.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Cuidado con las etiquetas</strong></h3>

		</div>
	</div>

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		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Repetir a nuestro hijo que es «conflictivo», «desordenado» o «irresponsable» no genera, por lo general, cambios de conducta. Es más, puede acabar reforzándolas al asignarle un rol dentro de la familia con el que es difícil romper.</p>
<p>Si el adolescente escucha una y otra vez que es un  irresponsable, por ejemplo, puede acabar asumiendo que esa es su naturaleza y lo que los demás esperan de él.</p>
<p>Centremos nuestros comentarios en conductas concretas («<em>esto que has hecho no está bien») </em>y no en definir a la persona («<em>eres un desastre</em>»).</p>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Los conflictos entre hermanos no van  a desaparecer (ni es necesario), entre otras cosas porque tienen una función importante en el desarrollo de la persona (de la que ya hemos hablado en posts anteriores). Pero su frecuencia, intensidad y evolución no son aleatorias. Están influidas en buena medida por las dinámicas familiares y tu intervención como padre o madre.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/cuando-los-hijos-no-dejan-de-discutir/">Cuando tus hijos no dejan de discutir</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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		<title>Conflictos entre hermanos en la adolescencia</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/conflictos-entre-hermanos-en-la-adolescencia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Apr 2026 15:07:18 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[relaciones interpersonales]]></category>
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			<h2><strong>Qué hay detrás</strong></h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>El <a href="https://psicologiasanchinarro.com/replantearnos-la-parentalidad/">conflicto</a> es inherente al complejo vínculo mantenido entre hermanos, donde se mezclan sentimientos tan contradictorios como un profundo afecto y la competencia por el cariño de los padres. El conflicto no puede ser ajeno a una relación tan intensa y cotidiana como la fraternal. En la adolescencia, sin embargo, adquiere características propias que pueden ser malentendidas.</p>
<p>Antes de seguir adelante, tengamos en cuenta un hecho inamovible: el conflicto entre hermanos no es una anomalía. Esta forma de interacción entre iguales cumple una importante función en su desarrollo. A través de esos intercambios —por muy llamativos que puedan parecer—, los chavales aprenden a negociar, a defender su opinión y —algo importantísimo— estrategias de regulación emocional.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>Cambios en el conflicto durante la adolescencia</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Los conflictos son más visibles durante la <a href="https://psicologiasanchinarro.com/adolescentes-repetidores/">adolescencia</a> y no necesariamente porque se produzcan con más frecuencia. Lo que cambia es su intensidad, contenido y cómo se expresan.</p>
<p>Una forma útil de entender el conflicto en esta etapa es considerarlo una expresión de necesidades. A menudo, el adolescente no cuenta con los recursos necesarios para expresar lo que le ocurre sin más. El desarrollo del control ejecutivo aún es limitado y la carga emocional elevada, lo que condiciona su forma de relacionarse.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3>Diferencias evolutivas entre hermanos</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p data-start="1133" data-end="1528">Las <strong>diferencias evolutivas</strong> entre hermanos tienen gran peso en el conflicto. No se encuentran en el mismo momento vital ni comparten intereses o necesidades. El adolescente quiere diferenciarse, proteger su espacio y construir una identidad propia. El hermano menor probablemente siga necesitando cercanía y compartir espacios que el adolescente ahora rechaza. Esta diferencia de necesidades genera fricción.</p>
<p data-start="1530" data-end="1829">La <strong>delimitación del espacio persona</strong>l es otra fuente de conflicto. El adolescente establece límites claros sobre su entorno inmediato: su habitación, sus cosas, sus amigos, su tiempo. La forma en cómo lo expresa puede parecer desproporcionada  (no digamos a los hermanos con los que hasta ahora había compartido juegos), pero responde a una necesidad real de control y diferenciación.</p>
<p data-start="1831" data-end="2122">Surge el deseo de<strong> explorar los propios <a href="https://psicologiasanchinarro.com/familias-entrenamiento-parental/">límites</a></strong>. El adolescente prueba hasta dónde puede llegar. Provocar, desafiar o incomodar al hermano forma parte de este proceso. No siempre hay intención de daño. En muchos casos es un ensayo en un entorno en el que se siente seguro.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3>Comparación, justicia y regulación emocional</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p data-start="2174" data-end="2422">El<strong> sentido de la justicia adquiere peso</strong>. Crece el sentido crítico ante las diferencias (reales o percibidas) en el trato por parte de los padres. Las comparaciones, explícitas o implícitas, generan malestar y son motivo frecuente de discusión.</p>
<p data-start="2424" data-end="2607"><strong>La comparación entre hermanos es habitual</strong>. Forma parte del proceso de construcción de la identidad y de la autoestima. Le permite definirse frente al otro, pero también es causa de rivalidad, competencia o crítica.</p>
<p data-start="2609" data-end="2935">La <a href="https://psicologiasanchinarro.com/secuestro-emocional/"><strong>regulación emocional</strong> </a>es otro factor relevante. Los cambios hormonales y la inestabilidad emocional disparan las respuestas inadecuadas. En ocasiones, el conflicto con el hermano actúa como vía de descarga. No siempre hay un motivo claro en el momento en que se produce. La reacción responde a una acumulación previa de tensiones.</p>
<p data-start="2937" data-end="3205">El conflicto también cumple una<strong> función de conexión</strong>. Cuando el adolescente no dispone de otras estrategias, recurre a la provocación o a <a href="https://psicologiasanchinarro.com/culpabilidad-femenina/">la crítica</a> como mecanismo para mantener el vínculo. No es una forma adecuada de relación, pero es de la que dispone en ese momento,</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3>Dinámica familiar y función del conflicto</h3>

		</div>
	</div>

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			<p data-start="3254" data-end="3501">Se manifiesta también la necesidad de<strong> redefinir el lugar dentro de la familia</strong>. El adolescente deja atrás los roles de la infancia en un proceso que no es lineal. El conflicto puede aparecer como medio de cuestionar o romper con esas posiciones previas.</p>
<p data-start="3503" data-end="3769">Pero no todas las causas del conflicto son achacables al adolescente. La dinámica familiar influye de forma directa. La distribución de responsabilidades, los roles asignados, las expectativas o las diferencias en el trato condicionan la relación entre hermanos.</p>
<p data-start="3771" data-end="4046">Los padres valoran distintas capacidades en cada hijo. Es algo natural. Sin embargo, cuando esas valoraciones se traducen en comparaciones o en <a href="https://psicologiasanchinarro.com/emocion-antes-que-razon-2/">etiquetas</a> que refuerzan determinados comportamientos, terminan intensificando la rivalidad entre hermanos y dificultando la relación.</p>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Entender la naturaleza del conflicto nos ayuda a los padres a intervenir con conocimiento de causa, partiendo de la base de que hemos de dar a nuestros hijos la oportunidad de que aprendan a resolver sus conflictos sin intervenciones innecesarias. Reducirlo a una conducta que hemos de eliminar no da buenos resultados. El conflicto es parte del <a href="https://psicologiasanchinarro.com/los-cierres-en-falso-en-los-confictos/">vínculo entre hermanos </a>y cumple una valiosa función en el desarrollo del individuo.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/conflictos-entre-hermanos-en-la-adolescencia/">Conflictos entre hermanos en la adolescencia</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Las inseguridades en la adolescencia</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/inseguridad-en-la-adolescencia/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 11:54:03 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[adolescencia]]></category>
		<category><![CDATA[inseguridad]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h2><strong>¿Por qué soy inseguro/a?</strong></h2>

		</div>
	</div>

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			<p>No es fácil responder a una pregunta de este tipo (planteada en una de nuestras charlas con adolescentes) sin información contextual. Dar una respuesta concreta al chico que la formulaba requeriría conocer su historia vital, sus relaciones, sus circunstancias actuales y otros aspectos que nos permitan construir un cuadro fiel del «yo y mis circunstancias».</p>
<p>Ni las inseguridades son iguales ni tienen una misma causa. No es lo mismo sentirse inseguro ante situaciones nuevas que bloquearse por sistema. Tampoco es igual cuestionarnos puntualmente que mantenernos bajo constante evaluación.</p>
<p>Hay quien describe la inseguridad como una compañera poco grata que siempre está ahí. Otros la circunscriben a situaciones concretas: al hablar en público o al entablar una relación, por ejemplo. Hay quien no tiene ningún problema para expresarse ante una gran audiencia y, sin embargo, no se siente cómodo en absoluto en situaciones de mayor cercanía o de <a href="https://psicologiasanchinarro.com/charla-intrascendente/">«charla intrascendente»</a>.</p>
<p>Aunque pueda vivirse como rasgo estable, la inseguridad es resultado de la interacción entre las características personales de base (como el temperamento) y las experiencias vividas. No es, por consiguiente, inmutable.</p>
<p>Nuestro historial de aprendizaje tiene mucho que ver en este sentido. No es necesario habernos desarrollado en circunstancias extremas de rechazo o humillación. Basta un contexto propenso a señalar el error, abundante en comparaciones o donde no se acostumbra a reconocer los logros. También puede exacerbarse en entornos impredecibles. Sea como fuere, el error deja de vincularse con hechos concretos y se emplea como referencia para valorarse uno mismo. Cuando las situaciones de inseguridad se repiten a menudo, la persona termina colocándose la <a href="https://psicologiasanchinarro.com/emocion-antes-que-razon-2/">etiqueta</a> de «insegura». Una vez «autoetiquetada», cualquier nueva situación de inseguridad reforzará esa idea y la idea reforzada hará que se sienta cada vez más insegura.</p>

		</div>
	</div>

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		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Yo y mis circunstancias</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<p>A través del aprendizaje asociativo, se establecen conexiones entre situaciones y posibles consecuencias. Si hablar en clase provoca correcciones incómodas o risas, no es extraño que años después cueste intervenir en una reunión. La situación actual reactiva expectativas aprendidas en experiencias anteriores.</p>
<p>Por otra parte, los hechos no son percibidos ni interpretados de la misma forma por todo el mundo. Una persona puede interpretar un comentario como una opinión rebatible, mientras que otra lo asume como señal de no haber estado a la altura de las circunstancias.</p>
<p>La inseguridad suele ir acompañada de interpretaciones negativas. Estas mismas interpretaciones contribuyen a mantenerla: tenemos la tormenta perfecta. Los errores confirman los más negros presagios, en tanto que se relativizan los aciertos o se atribuyen a la casualidad o a factores externos.</p>
<p>La inseguridad puede llevarnos a evitar determinadas situaciones, prepararnos en exceso o buscar validación externa. Estas respuestas pueden funcionar a corto plazo: evitar reduce la exposición, prepararse proporciona sensación de control y la validación es tranquilizadora.</p>
<p>Pero está la otra cara de la moneda: evitar impide comprobar qué habría pasado. <a href="/un-callejon-sin-salida-la-autoexigencia-inalcanzable/">Prepararse en exceso</a>, aparte de resultar agotador, puede despertar la duda de si el resultado se debe a la capacidad propia (<em>Me ha salido bien no porque sea bueno, sino porque lo he preparado muchísimo</em>). La validación externa hace que nuestra seguridad dependa de la opinión de otros. Estas estrategias pueden aliviar el problema (al menos en principio), pero contribuyen a su mantenimiento.</p>
<p>Con el tiempo, lo que se limitaba a situaciones concretas puede extenderse a ámbitos parecidos para terminar generalizándose.</p>
<p>La inseguridad también puede acrecentarse en determinadas circunstancias sin que haya cambios claros en la historia personal: transiciones, decisiones importantes, contextos nuevos u otras situaciones de mayor incertidumbre.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>¿Cuándo se manifiesta?</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<p>A veces se intenta resolver la inseguridad como si fuera un problema general de confianza y no siempre es así. Es importante saber en qué situaciones se manifiesta, qué pensamientos la acompañan y qué hacemos a continuación. Sin concretar estos aspectos, la explicación será demasiado general para tener validez.</p>
<p>Buscar una causa única no ayuda. La inseguridad es multifactorial. Así que hay mucho que tener en cuenta: aprendizajes previos, atención a determinadas señales, interpretación de experiencias, formas de actuar recurrentes, etc.</p>
<p>Esperar a actuar cuando pase la inseguridad puede llevar (y, de hecho, lleva con mucha frecuencia) a la inacción. Las cosas funcionan, por lo general, al revés: la práctica, especialmente cuando implica exponerse de forma repetida a las situaciones temidas, favorece el desarrollo de nuevas asociaciones y reduce progresivamente la intensidad de la respuesta. La inseguridad tiende a disminuir con la repetición y el dominio de una actividad.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h2><strong>¿Y en la adolescencia?</strong></h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<p>En este caso, no solo surgen inseguridades; también pueden intensificarse las existentes por la confluencia de algunos procesos característicos de esta etapa:</p>

		</div>
	</div>
<ul class='dt-sc-fancy-list  blue  circle-bullet'>
<li><strong>Construcción de la identidad.</strong> Este proceso conlleva un elevado grado de autoobservación. El adolescente se mira, se compara, se pregunta quién es y cómo encaja. Con esa estrecha supervisión aumenta la posibilidad de detectar fallos, dudas o aspectos de sí mismo que no le gustan.</li>
<li><strong>Mayor sensibilidad a la opinión de los demás, en particular del grupo de iguales.</strong> La aceptación, el reconocimiento o el rechazo del grupo tienen gran importancia. Algunas situaciones cotidianas pueden vivirse como evaluaciones y algunos gestos nimios se interpretan como señales de aprobación o desaprobación.</li>
<li><strong>Cambios en la forma de pensar.</strong> Aumenta la capacidad de anticipar, compararse, reflexionar sobre uno mismo e imaginar cómo te ven los otros. Las interpretaciones pueden volverse más exigentes o negativas, sobre todo cuando la información es ambigua o incompleta.</li>
<li><strong>Sistemas emocionales más reactivos, con una regulación aún en desarrollo.</strong> Las emociones se viven con intensidad y cuesta relativizarlas. Las experiencias de inseguridad son más fuertes y prolongadas, en un contexto en el que los sistemas de control todavía están madurando.</li>
<li><strong>Cambios físicos y contextuales.</strong> El cuerpo cambia y no siempre lo hace al mismo ritmo que el de los demás. Aumenta la exposición social y, por consiguiente, las situaciones en las que uno puede sentirse evaluado, física y socialmente.</li>
</ul><div class="ult-spacer spacer-6a30111318580" data-id="6a30111318580" data-height="16" data-height-mobile="16" data-height-tab="16" data-height-tab-portrait="" data-height-mobile-landscape="" style="clear:both;display:block;"></div>
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>La inseguridad en la adolescencia puede ser incómoda, pero no implica necesariamente psicopatología y, en muchos casos, forma parte del desarrollo normativo. Sin embargo, conviene prestar atención cuando se generaliza, condiciona notablemente la conducta o provoca un malestar excesivo.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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		<title>Adolescencia y replanteamiento de la parentalidad</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/replantearnos-la-parentalidad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Mar 2026 10:04:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[adolescencia]]></category>
		<category><![CDATA[parentalidad]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>Cambian los hijos, cambian los padres y cambian las dinámicas familiares</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<p>Contaba una madre, refiriéndose a su hija adolescente, una situación en la que estoy segura se reconocerán otros padres:</p>
<p>«Discutimos a todas horas. Si yo digo A, ella dice B; pero si digo B, ella dice A. Y, además, me dirá que las cosas ahora son de otra forma y que no me entero de nada. Por eso me sorprendió —y reconfortó mucho, lo reconozco— cuando, de casualidad, la escuché hablar con sus amigas. Estaba defendiendo, a su manera, lo que yo le había repetido tantas veces… eso que consideraba una tontería. Mira por dónde, resulta que sí escucha lo que le digo».</p>
<p>La adolescencia provoca cambios evidentes en nuestros hijos, pero también obliga a los padres a realizar un ejercicio de revisión de una función parental bien consolidada. Desde su nacimiento, hemos ocupado un lugar central en su vida. Hemos marcado sus ritmos, transmitido nuestros valores, aconsejado y establecidos límites para protegerlos, les hemos explicado lo que está bien y lo que está mal. Hemos sido, en pocas palabras, su referencia para comprender cómo funciona el mundo. Este  protagonismo parece decaer a medida que nuestros hijos se adentran en la adolescencia.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>La pérdida del protagonismo</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Lo que muchos padres viven como distanciamiento o rechazo tiene que ver, a menudo, con esta pérdida de protagonismo, aunque raramente los adultos lo reconozcan. Sin embargo, es fácil observar algunas de sus manifestaciones: enfado, intentos de recuperar el control o una vigilancia más estricta. Y también cierta sensación de desconcierto: el no saber cuándo y cómo intervenir.</p>
<p>Entretanto  —mientras los padres lidian con dudas, temores y enfados— nuestros adolescentes amplían su campo de experiencias fuera del entorno familiar. Aprenden los códigos utilizados por sus grupos de iguales, a relacionarse de otras formas y asumen nuevas exigencias. Lo que antes se resolvía en casa ahora se negocia fuera. Esta exploración de nuevos territorios pone a prueba, en contextos menos protegidos, todo lo aprendido en la infancia.</p>
<p>Observamos aquí la primera dificultad en los padres. Durante años han sido eficaces <a href="https://www.logopediasanchinarro.es/no-es-lo-mismo-cuidar-que-educar/" target="_blank" rel="noopener">cuidadores</a> porque el entorno estaba relativamente controlado. Sabían qué hacer y sus intervenciones tenían un efecto claro. En la adolescencia se debilita esa relación entre lo que hacen y lo que ocurre. El hijo decide más, oculta más y, en ocasiones, se equivoca sin que ellos puedan anticiparlo. Aparecen dudas sobre si lo están haciendo bien, sobre si han sido demasiado permisivos o demasiado rígidos.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Intensificación del pensamiento crítico</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>El <a href="https://psicologiasanchinarro.com/ejercicio-de-autorrefutacion/">pensamiento crítico</a> se intensifica en esta etapa y los padres no se libran de esa visión crítica. El <a href="/adolescente-no-quiere-ir-a-terapia/">adolescente</a> no acepta sin más la autoridad parental. Cuestiona, compara, contrasta con lo que ve en otros. Esto afecta tanto a las normas como a la imagen de los padres. Los observa con más distancia, detecta incoherencias que antes pasaban desapercibidas y las expresa.</p>
<p>Esto es incómodo para los padres. Durante años su autoridad no ha necesitado justificaciones. Ahora tienen que argumentar y alcanzar situaciones de compromiso, tolerar la discrepancia y a aceptar que no siempre prevalece su criterio. Algunos padres endurecen las normas; otros prefieren retirarse para evitar conflictos. Por lo general, ninguna de estas dos opciones da buenos resultados.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Los padres siempre serán padres</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>La cosa no va de dejar de ser padres, sino de ejercer la parentalidad de otra forma. Seguir presentes sin invadir su espacio. Y, por supuesto, mantener ciertos <a href="/a-quien-protegemos/">límites</a>, aunque el adolescente los discuta. Por parte del adulto, esto implica hacer frente a la incertidumbre y tolerar decisiones con las que no estamos de acuerdo. No es un papel fácil.</p>
<p>También cambia la función del vínculo creado en la infancia. Deja de ser un sistema de protección directa, para convertirse en una referencia interna a la que el adolescente recurre en situaciones concretas. Muchos padres interpretan la autonomía como distanciamiento cuando en realidad el hijo sigue utilizando lo aprendido, aunque no lo muestre ni reconozca abiertamente.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>El espinoso aspecto del error</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Hay un punto especialmente delicado: el <a href="/rentabilizar-la-torpeza/">error.</a> El adolescente toma decisiones por sí mismo y se equivoca muchas veces. Para los padres, presenciar esos errores sin intervenir genera tensión.  Surge la tentación de corregir antes de que se produzca el fallo o de intervenir para evitar consecuencias. En esta etapa, el aprendizaje del adolescente pasa por hacer frente a esas situaciones y aprender de sus errores en primera persona. Y el aprendizaje de los padres pasa por superar las ansias de evitarle a toda costa errar.</p>
<p>¿Hablamos de desentendernos? Obviamente, no. Pero no todos los errores tienen la misma importancia ni todas las situaciones requieren la misma respuesta. Aquí entra la valoración del riesgo. Básicamente y grosso modo, podemos hablar de dos valoraciones: si el riesgo es grave o irreversible, nuestra intervención debe ser clara y los límites impuestos también. Si el riesgo es asumible o formativo, la función de los padres será la de dejar espacio, ofrecer criterio y estar disponibles si nuestros hijos nos necesitan.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>La adolescencia reorganiza las posiciones de padres e hijos. Cambian las formas de intervenir y de entender la relación. No es un cambio menor, pero tampoco es opcional: forma parte del desarrollo de toda persona.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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		<title>Adolescentes repetidores</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/adolescentes-repetidores/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Jun 2025 14:02:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[adolescencia]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h2>España: líder en tasa de repetición</h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Según el informe <strong>«Repetir no es aprender» </strong>(Save the Children, 2022), el 8,5% del alumnado adolescente o preadolescente español repite curso, frente al 3% o menos de la mayoría de países de la Unión Europea. Este dato no es anecdótico y refleja una tendencia persistente que merece ser analizada desde una perspectiva social y psicológica.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h2>Alumnos repetidores e impacto emocional</h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Durante la adolescencia, las experiencias se viven con gran intensidad emocional. Esta intensidad responde a una etapa del desarrollo del individuo en la que el<strong> sistema límbico</strong> —a cargo de las emociones— está particularmente activo, en tanto que las <strong>regiones prefrontales del cerebro</strong>, responsables de la autorregulación y el pensamiento racional, aún están en proceso de maduración. Como resultado, los adolescentes experimentan las emociones —positivas o negativas— con una fuerza desproporcionada y tienden a reaccionar de manera más impulsiva ante situaciones que afectan su autoconcepto o su pertenencia grupal. Repetir curso implica, además de enfrentarse de nuevo a los mismos contenidos académicos, una ruptura con el grupo de iguales, sensación de fracaso y pérdida de la confianza en uno mismo. No es infrecuente la idea de «no valer», «no ser capaz» o «estar quedándose atrás».</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Muchos adolescentes interpretan el suspenso como un juicio a su persona, no a sus circunstancias. Cuando llega la repetición, lo viven como una confirmación de ese juicio. Aparecen sentimientos de desmotivación, vergüenza, frustración o ansiedad y no es extraño que aparezca la idea recurrente de abandonar los estudios.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3>¿Es la repetición la mejor estrategia?</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Muchos argumentan que repetir permite reforzar aprendizajes y castiga la falta de esfuerzo. Pero los datos recabados cada año y la propia experiencia clínica —que nosotras mismas observamos en el gabinete— revelan todo lo contrario: en la mayoría de los casos, repetir no mejora el rendimiento ni la actitud de alumno. Es más, puede agravar problemas existentes, en particular, si la solución a los malos resultados académicos se reduce a repetir el curso sin un plan de intervención específico.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Muchos adolescentes suspenden incluso habiéndose esforzado. <strong>Un mal resultado académico no es sinónimo de desinterés</strong>;  muchas veces se debe a dificultades no detectadas: <a href="/adolescentes-evaluacion-neuropsicologica/">dislexia</a>, problemas de atención, entornos familiares complicados, ansiedad, bullying, etc.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Hacer que el alumno o la alumna repita sin entender qué ha fallado nos anticipa los posibles resultados:  en breve, volverá a fallar.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3>La importancia del grupo y del desarrollo social</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Una consecuencia muy relevante de repetir curso en la adolescencia es la separación del grupo de iguales. Ser el mayor de clase, no coincidir con tus amigos, compartir aula con alumnos más inmaduros&#8230; Todo afecta al sentido de pertenencia y refuerza la sensación de aislamiento.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>La adolescencia es la etapa en la que se consolidan los vínculos, los intereses, el estilo de vida y la autonomía. Romper  este ciclo puede provocar un parón o una regresión en la adquisición de<a href="/adolescentes-taller-de-habilidades-sociales/"> habilidades sociales</a> básicas.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3>¿Cuándo tiene sentido repetir?</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>En casos muy concretos —por ejemplo, cuando hay un desfase madurativo evidente que interfiere con el aprendizaje y la integración social—, repetir puede ser beneficioso para el alumno, siempre y cuando esta decisión vaya acompañada de un plan de intervención específico: tutorías, adaptaciones y <a href="/adolescentes-intervencion-psicologica/">apoyo psicológico</a> o pedagógico.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Repetir curso sin introducir cambios, recursos ni <a href="/adolescentes-taller-de-tecnicas-de-estudio/">acompañamiento</a> raramente da buenos resultados. En muchos casos, conduce al abandono escolar o convierte el aula en un espacio donde mantener al adolescente «alejado de la calle» y no de aprendizaje, lo que resulta desmotivador para alumnos y docentes. Una frase popular  —atribuida apócrifamente a Albert Einstein— resume esta idea a la perfección: «Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». No sigamos repitiendo lo que ya sabemos que no funciona.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3>Cómo acompañar a un adolescente repetidor</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Alguna recomendaciones prácticas basadas en el sentido común:</p>

		</div>
	</div>
<div class="ult-spacer spacer-6a3011131b95c" data-id="6a3011131b95c" data-height="10" data-height-mobile="10" data-height-tab="10" data-height-tab-portrait="" data-height-mobile-landscape="" style="clear:both;display:block;"></div><ul class='dt-sc-fancy-list  blue  circle-bullet'>
<li><strong>Escucha sin juzgar</strong>: que el adolescente sienta que no está solo.</li>
<li data-start="223" data-end="331"><strong data-start="223" data-end="252">Explora las causas reales</strong>: ¿hay un trastorno de aprendizaje? ¿Factores emocionales? ¿Problemas externos?</li>
<li data-start="334" data-end="420"><strong data-start="334" data-end="356">Valida su esfuerzo</strong>: muchos sienten que nada sirve si no se traduce en un aprobado.</li>
<li data-start="423" data-end="519"><strong data-start="423" data-end="453">Aconseja apoyo psicológico: </strong>si aparecen síntomas de ansiedad, retraimiento o baja autoestima.</li>
<li data-start="522" data-end="624"><strong data-start="522" data-end="560">Fomenta una narrativa constructiva</strong>: repetir curso no define al adolescente ni determina su futuro.</li>
<li data-start="627" data-end="739"><strong>Reconoce sus logros fuera del ámbito académico</strong>: talento artístico, compromiso social, habilidades prácticas.</li>
<li><strong>Evita comparaciones con otros estudiantes o hermanos</strong>: cada persona es única y merece respeto.</li>
<li data-start="842" data-end="941"><strong data-start="842" data-end="884">Promueve metas realistas a corto plazo</strong>: los pequeños logros refuerzan la motivación y la confianza.</li>
</ul></div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/adolescentes-repetidores/">Adolescentes repetidores</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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		<title>Mi hijo adolescente no quiere ir a terapia</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/adolescente-no-quiere-ir-a-terapia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Iciar Casado]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Jun 2025 15:44:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[adolescencia]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h2>¿Obligar a tu hijo adolescente a ir a terapia?</h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>La resistencia de un adolescente a iniciar <a href="/adolescentes-intervencion-psicologica/">terapia</a> puede generar angustia en las familias, en particular, cuando los padres se sienten perdidos y no saben cómo pueden ayudar a su hijo o hija por sí mismos. Pero la realidad es que la participación activa y voluntaria del menor es imprescindible para que el proceso terapéutico funcione. La imposición, por muy bienintencionada que sea, rara vez da frutos.</p>
<p>Muchos adolescentes abandonan el tratamiento en las primeras etapas. No es raro: están inmersos en un periodo vital intenso, caracterizado por profundos cambios emocionales y  dificultades para encontrar sentido a lo que sienten. Así que no es de extrañar que se desconecten del proceso terapéutico si en cualquier momento  consideran que no encaja con sus necesidades o expectativas o no logran forjar vínculos estrechos con el profesional correspondiente.</p>
<p>En estas situaciones,<strong> lo recomendable es evitar presiones innecesarias</strong>. En lugar de insistir, es preferible mantenerse disponibles y fortalecer la comunicación cotidiana, sin dramatizar ni responder con reactividad ante sus negativas. No podemos obligarles a acudir a terapia, pero sí podemos favorecer el terreno para que la idea no sea rechazada de forma automática.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Intervención indirecta: trabajar los vínculos</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h4><strong>Cuando conviene delegar</strong></h4>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>En algunos casos, el psicólogo o psicóloga puede sugerir <strong>la intervención de otra figura adulta</strong> —un familiar cercano o referente significativo con quien exista menos carga emocional—. Si la relación con los padres está demasiado deteriorada, esta delegación puede ser mucha más efectiva.</p>
<p>Por otro lado, <strong>la negociación puede ser una vía útil</strong> con adolescentes. Si conoces sus intereses, puedes utilizarlos como punto de partida para alcanzar acuerdos («estoy dispuesta a ceder en esto si tú estás dispuesto a colaborar con esto otro»).</p>
<p>No podemos pasar por alto posibles experiencias negativas previas. Si el adolescente ha acudido en el pasado a terapia y no se sintió cómodo en esa situación, no debemos invalidar su vivencia. De hecho, puede ser muy útil implicarlo en la elección del nuevo profesional: preguntarle qué tipo de acompañamiento prefiere, si se sentiría mejor con una consulta presencial u online o qué actitudes no estaría dispuesto a tolerar.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>La construcción de las bases debe empezar antes</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>La posibilidad de hablar con un adolescente sobre temas difíciles no surge de la nada al cumplir los catorce años. Se cultiva desde la infancia. Si los niños crecen sabiendo que expresar sus emociones es seguro y que pueden mostrarse vulnerables sin ser juzgados, es muy probable que en la adolescencia no bloqueen por completo el canal de comunicación, aunque lo regulen a base de silencios o monosílabos.</p>
<p>El trabajo preventivo no consiste en hablar mucho, sino en generar un entorno donde la escucha, el respeto y la validación emocional estén presentes. Eso incluye saber callar cuando hace falta, no interrumpir cuando algo nos incomoda y no convertir cada confidencia en una oportunidad para dar un sermón.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Lenguajes alternativos: comunicación no verbal</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Hay adolescentes que no se sienten cómodos hablando abiertamente de sus emociones, pero sí envían señales por otras vías. Una canción, un vídeo, una frase aparentemente suelta pueden ser intentos de acercamiento. Interpretar estos gestos con sensibilidad puede abrir puentes, incluso cuando las palabras escasean.</p>

		</div>
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			<h3><strong>El papel del terapeuta ante la negativa del adolescente</strong></h3>

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			<p>Aunque el adolescente se niegue a acudir a consulta, <strong>el proceso terapéutico puede comenzar igualmente con los padres o cuidadores.</strong> De hecho, en estas situaciones, el terapeuta puede desempeñar un rol fundamental como guía externo, ayudando a los adultos a entender mejor el contexto emocional del adolescente, a revisar sus propias respuestas y a explorar nuevas formas de comunicación que favorezcan la apertura futura del menor.</p>
<p>El profesional no solo escucha y contiene el malestar de los padres, sino que también ofrece estrategias concretas, adaptadas al carácter del adolescente, a su historia previa y al tipo de vínculo familiar. Se trabajan aspectos como el tono de las conversaciones, el momento en que se abordan ciertos temas, la forma en que se formulan las invitaciones o incluso los gestos cotidianos que pueden reforzar (o debilitar) la conexión emocional.</p>
<p>El terapeuta también puede ayudar a identificar a qué se debe el rechazo del adolescente a acudir a consulta: ¿es desconfianza? ¿una mala experiencia? ¿la percepción de que se están domando decisiones por él? Esta mirada externa, desde una perspectiva clínica, puede ser muy útil para que los padres no estén sometidos a esa sensación de urgencia.</p>
<p>El profesional puede sugerir <strong>formas indirectas de acercamiento</strong>, como actividades compartidas que no tengan como propósito explícito «hablar de lo que le pasa». Este trabajo delegado puede empezar a tener efecto antes incluso de que el adolescente cruce la puerta de la consulta.</p>

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</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/adolescente-no-quiere-ir-a-terapia/">Mi hijo adolescente no quiere ir a terapia</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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