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	<title>incertidumbre archivos - Psicología BlaBla</title>
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		<title>Hay que ver cuánto espacio ocupan los «por si acaso»</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Apr 2026 17:49:33 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/el-peso-de-los-por-si-acaso/">Hay que ver cuánto espacio ocupan los «por si acaso»</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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			<h2><strong>La previsión como impulso recurrente</strong></h2>

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			<p>Durante el periodo dominado por la pandemia y el distópico confinamiento se hizo habitual un comportamiento algo escatológico que me llamaba la atención y que, de alguna manera, me producía un ligero sonrojo: esa necesidad generalizada de acumular papel higiénico. Cierto, el miedo provocó escasez de otros productos básicos (además de mascarillas y geles), pero nada resultaba tan vistoso, al acceder al supermercado, como la visión de los lineales de papel higiénico mostrando sus huesos desde primera hora de la mañana. He llegado a presenciar algunos encontronazos poco edificantes entre compradores que alegaban haber sido los primeros en fijarse en el ansiado último rollo de doble capa.</p>
<p>En fin, que juré que no caería en esa —para mí— desagradable y humana costumbre… y, sin embargo, el destino decidió darme una lección de humildad.</p>
<p>Recuerdo que era jueves cuando el camión de reparto de mi supermercado bajó —ante el cachondeo de los vecinos que se soleaban en las terrazas— un palé perfectamente embalado de papel higiénico.</p>
<p>No podía creerlo: había intercambiado las cifras al indicar en la página web la cantidad de paquetes que deseaba. Y, desde luego, el transportista tenía muy claro que no se llevaba la carga: «después de lo que me ha costado subirla por esas escaleritas, que ya les vale».</p>
<p>Pero al destino no le bastaba con colocarnos en el vecindario el sambenito de «Los cagones». En la noche siguiente se produjeron intensísimos episodios de lluvias. Apenas pudimos salvar algunos rollos intactos del palé que permanecía en la terraza por falta de espacio. Aviso para navegantes: el plástico utilizado para proteger los productos paletizados no es estanco.</p>
<p>La anécdota, como suele ocurrir, me dejó una valiosa enseñanza: conviene reflexionar sobre si los «por si acaso» son una ayuda o, por el contrario, una carga.</p>
<p>Obviamente, nadie compra un palé de papel higiénico (o eso quiero creer), salvo que sea por error. Pero ante la incertidumbre, es fácil entrar en un bucle anticipatorio por si la cosa se complica o se produce desabastecimiento o quién sabe lo qué puede ocurrir. Después de todo, ¡la vida es tan imprevisible!</p>

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			<h3><strong>El alivio de hacer algo frente a la incertidumbre</strong></h3>

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	</div>

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			<p data-start="671" data-end="1032">El «por si acaso» es mucho menos absurdo de lo que parece. De hecho, cumple una función clara: hacer manejable la incómoda incertidumbre. No sabes qué va a pasar, pero haces algo: compras, guardas y anticipas. Incluso acciones mínimas o simbólicas resultan atractivas. Posiblemente no cambiarán el resultado, pero nos proporcionan cierta sensación de control.</p>
<p data-start="1039" data-end="1225">El «por si acaso» no es muy distinto, en el fondo, de otros mecanismos más elaborados —rituales, creencias, supersticiones— que buscan reducir la incertidumbre o hacerla más llevadera.</p>
<p data-start="1232" data-end="1565">Si actuar siempre alivia, la alternativa —no hacer nada— es cada vez más difícil de aceptar. Y, en casos extremos, puede instalarse la sensación de <a href="https://psicologiasanchinarro.com/toma-de-decisiones/">falta de control</a>, la idea de que, si no haces algo, estás expuesto. La necesidad de anticipar deja de ser un recurso puntual para transformarse en una dinámica de control cada vez más férrea.</p>

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			<h3><strong>Vivir con la maleta medio hecha</strong></h3>

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			<p>Este mecanismo se va puliendo. El «por si acaso» deja de ser una reacción puntual ante a un hecho extraordinario para convertirse en una forma de  percibir y actuar en un mundo en el que la incertidumbre es consustancial a la vida. Ya no se trata de llenar armarios con todo aquello que podamos necesitar en situaciones previsibles e imprevisibles: se cuela en la <a href="https://psicologiasanchinarro.com/toma-de-decisiones/">toma de decisiones</a>, en las relaciones, en el trabajo. <a href="https://psicologiasanchinarro.com/un-callejon-sin-salida-la-autoexigencia-inalcanzable/">Revisar</a> una vez más algo que ya está correcto. No cerrar del todo una opción. Decir que sí a lo que no haría falta.</p>
<p>El problema no es tanto el riesgo real como la incomodidad de no tenerlo todo bien atado. El «por si acaso», aunque no resuelve el fondo de la cuestión, actúa como calmante de acción rápida.</p>
<p>El inconveniente llega cuando nada termina de ser suficiente. Siempre cabe un escenario más, una posibilidad más remota, un detalle que se puede cubrir. Y así, sin grandes aspavientos, esos «por si acaso» van ocupando cada vez más espacio en nuestra vida: a veces en forma de objetos; otras, de tiempo, energía o decisiones aplazadas.</p>
<p>No tiene mucho sentido plantearlo en términos de eliminación —entre otras cosas porque anticipar problemas forma parte de un funcionamiento razonable—, pero sí conviene hacer una comprobación de vez en cuando: cuánto de lo que hacemos responde a algo probable y cuánto a la incomodidad de no saber.</p>
<p>No siempre es fácil distinguirlo. Sobre todo cuando uno se ha acostumbrado a vivir con la maleta medio hecha, por lo que pueda pasar. Pero, por lo general, las cosas son mucho más llevaderas cuando, en lugar de cargar con un baúl, aprendemos a movernos con una ligera mochila.</p>

		</div>
	</div>

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			<blockquote>
<p>Párate a pensarlo: compramos, anticipamos, revisamos y volvemos a revisar… por lo que pueda ocurrir. Pero ¿y si esa necesidad de preverlo todo acaba generando más inquietud que tranquilidad?</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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		<title>La desinformación como guía</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jan 2026 14:32:43 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[desinformación]]></category>
		<category><![CDATA[incertidumbre]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
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			<p><strong>La realidad vista a través de los ojos de otros</strong></p>

		</div>
	</div>

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			<p>«Tengo la desagradable sensación de observar la realidad a través de un relato construido por otros. Un relato donde se me dice qué es peligroso para mí o por qué motivos debo indignarme; qué debe preocuparme y qué no. Me siento como si viviese en el <em>Show de Truman</em>».</p>
<p>No es la primera vez que escucho este comentario u otro similar y —coincido con su autor—. Incluso considerándome una persona crítica, escéptica y poco dada a tragarme cualquier cosa, siento en ocasiones la sensación de vivir en una realidad «construida» que no se corresponde con la mía. Me ocurre cuando, por ejemplo, escucho conversaciones cotidianas de conocidos en las que describen el entorno inmediato como un territorio hostil, aunque su experiencia vital no confirme en absoluto esa imagen.</p>
<p>El mundo de Truman no era hostil ni caótico; al contrario: era previsible, ordenado y aparentemente seguro. Pero se caracterizaba por un rasgo inquietante: otros decidían por él qué era peligroso y hasta dónde podía llegar. El miedo era resultado de un relato bien construido, no de su experiencia directa. Ante ese miedo, es fácil aceptar que la protección reemplace a la libertad.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>¿Por qué funcionan estos relatos?</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Buena parte de nuestra representación del mundo no procede de lo que vivimos en primera persona, sino de lo que nos cuentan otros. Esto no es nuevo ni necesariamente negativo. Los seres humanos hemos dependido siempre del testimonio ajeno para orientarnos en una realidad que no podemos abarcar por completo. Necesitamos confiar. El problema surge cuando confiamos  sin cuestionarnos los argumentos de quienes tratan de apelar a nuestros miedos y deseos más profundos.</p>
<p>Además, tendemos a otorgar a la información que recibimos a través de los medios (o las noticias viralizadas o repetidas mil veces) una presunción de veracidad casi automática. Damos por hecho que quien la transmite sabe más que nosotros, ha contrastado los datos y actúa de buena fe. Cuando la supuesta autoridad deja de ser un medio para convertirse en un fin, surge esa sensación —en la persona crítica— de que algo no encaja.</p>
<p>En este contexto de sobreinformación, la especialización también juega un papel curioso. Nadie puede saber de todo. Y, sin embargo, escuchamos a quienes opinan de cualquier cosa (sin ningún bagaje que respalde esas opiniones) a través del altavoz de los medios y las redes. Cabe destacar aquí otro elemento distorsionador: nuestra tendencia a creer aquello que coincide con lo que pensamos o confirma nuestra visión del mundo. Más que comprender la realidad, tratamos de reafirmar nuestra posición en ella.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>El miedo como disparador de las emociones</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>La desinformación no siempre adopta la forma de una mentira burda. Tiende, por su mayor eficacia para disparar emociones y evitar reflexiones, a las medias verdades, exageraciones, silencios estratégicos, enfoques sesgados, manipulación de temores profundos —que muchas veces no reconoceríamos ante nosotros mismos— y soluciones fáciles para problemas complejos. El miedo, la indignación o el escándalo son potentes atajos mentales porque nos sacuden emocionalmente. Y, cuando esto ocurre, dejamos de hacernos preguntas incómodas y aceptamos como verídicos hechos que, en un estado de mayor frialdad mental, pondríamos en tela de juicio.</p>
<p>Estas narrativas afectan a muchos. Personas que viven en un estado constante de alerta en un mundo que consideran peligroso o corrupto, por más que su vida cotidiana transcurra con relativa normalidad.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Aprender a convivir con la incertidumbre</strong></h3>

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			<p>La sobreinformación, con sus compañeras de camino —la urgencia y la desinformación— ocupa un lugar semejante al de una guía espiritual: ofrece el consuelo de la certeza. Aunque esa certeza implique miedo, este es preferible, para muchos, a la incertidumbre. El primero permite adoptar salvaguardias (eficaces o no); la segunda coloca al individuo en la incómoda posición de no saber qué hacer lo que, con frecuencia, conduce a la paralización. Dos estados muy desgastantes para cualquiera.</p>
<p>La desinformación tiene la ventaja de reducir la complejidad del mundo a un relato comprensible, sencillo y tranquilizador —por lo general, donde buenos y malos están perfectamente delimitados—. Cuestionar los relatos donde solo cabe el blanco o el negro, y sobran los matices, es complicado. Implica tolerar la duda, aceptar que no siempre tenemos respuestas claras y renunciar a la comodidad de las explicaciones cerradas. También exige revisar nuestras creencias y reconocer hasta qué punto estamos dispuestos a comulgar —aunque, en el fondo, sepamos que algo chirría— con aquello que refuerza nuestros pensamientos.</p>
<p>En un mundo en el que las noticias se suceden a velocidad de vértigo y nos mantenemos al tanto de lo que ocurre hasta en el rincón más recóndito del planeta, la ética periodística —entendida como el respeto hacia los hechos— es más importante que nunca.</p>

		</div>
	</div>

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		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Decía Ryszard Kapuściński, considerado uno de los grandes corresponsales del siglo XX: «Las malas personas no pueden ser buenos periodistas». Sin embargo, el propio Kapuściński ficcionó, sin pudor alguno, muchas de las noticias que contaba y recurrió a la tergiversación para apoyar a los dictadores de su agrado. Por mi parte, prefiero no caer en la trampa de confundir  la profesionalidad con la virtud: me conformo con que el periodista actúe como notario de los hechos.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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