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	<title>motivación archivos - Psicología BlaBla</title>
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	<title>motivación archivos - Psicología BlaBla</title>
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		<title>El arte de cumplir años</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Feb 2026 16:56:15 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[envejecimiento]]></category>
		<category><![CDATA[motivación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/el-arte-de-cumplir-anos/">El arte de cumplir años</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
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			<h2><strong>Plenitud sin edad</strong></h2>

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			<p>Hace un par de años cayó en mis manos un best-seller de divulgación escrito a medias entre el escritor Juan José Millás y el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga. <em>La vida contada por un sapiens a un neandertal</em> fue la primera obra de una trilogía que aspiraba a encontrar respuestas a algunas de esas complejas pregunta sobre la existencia humana.</p>
<p>Los protagonistas recorren cuevas, museos y excavaciones mientras conversan. Arsuaga conecta el presente con el legado evolutivo; Millás cuestiona, con ironía, las explicaciones científicas de su compañero. Recomiendo este libro aunque solo sea para disfrutar de las reflexiones de dos estupendos conversadores.</p>

		</div>
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			<h3>¿Mente sana in corpore sano?</h3>

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			<p>Entre las escenas del libro, hay una muy simpática que narra una apuesta un tanto infantil entre ambos adultos, que ya acumulan bastantes años a sus espaldas.  Sus posiciones están en las antípodas. Arsuaga, apasionado del deporte, defiende que no puede haber una mente sana sin un cuerpo en forma. Millás, bastante más de sillón que de gimnasio, sostiene que una mente bien engrasada necesita poco mantenimiento corporal. La discusión se concreta en algo verificable: ¿quién de los dos está en mejor forma?</p>
<p>Se someten a un chequeo médico completo. Analíticas, pruebas de esfuerzo, mediciones objetivas. Ya no se trata de una discusión teórica: esperan que los resultados confirmen cual de los dos estilos de vida es más sano.</p>
<p>No desvelaré el resultado para no destripar el libro. Lo interesante de la apuesta es que ninguno de los dos contrincantes parece tener en cuenta una variable de gran peso, más allá de la biología: ambos hombres hacen lo que hacen porque les gusta. El esfuerzo físico activa el <a href="https://psicologiasanchinarro.com/estoy-desmotivado/">sistema de recompensa</a> de Arsuaga, proporcionándole una descarga de dopamina que refuerza  su sensación de logro y deseo de superarse. Millás, por su parte, alcanza la misma satisfacción a través de la lectura, la conversación y la reflexión.</p>
<p>Observamos aquí un matiz importante. El cerebro no premia el <a href="https://psicologiasanchinarro.com/usalo-o-pierdelo/">ejercicio</a> por sí mismo ni el pensamiento en abstracto. Premia el interés, es decir, aquello que para cada uno de nosotros tiene significado.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>El cerebro premia el interés</h3>

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	</div>

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			<p>Cuando una persona disfruta haciendo deporte, se activa el circuito dopaminérgico de recompensa —el mismo implicado en la motivación y en el deseo de repetir una conducta—, y se secretan otras sustancias como endorfinas o endocannabinoides que generan <a href="https://psicologiasanchinarro.com/introspeccion/">bienestar</a>. Cuando alguien disfruta leyendo o escribiendo, se pone en marcha ese mismo sistema de recompensa aunque acompañado de redes relacionadas con el lenguaje, la imaginación o la reflexión. La vía fisiológica no es idéntica, pero el núcleo motivacional es el mismo.</p>
<p>El sistema de recompensa responde más al significado subjetivo que al tipo de actividad.</p>
<p>Por eso no todas las personas obtienen el mismo beneficio emocional de las mismas conductas. El ejercicio impuesto no activa igual que el ejercicio elegido. La lectura obligada no genera la misma implicación que la lectura vocacional.</p>

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			<h3><strong>Motivación y salud a largo plazo</strong></h3>

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			<p>Durante nuestra vida vamos consolidando ciertas inclinaciones: buscamos estímulos físicos o intelectuales, preferimos la actividad social o la introspección&#8230; y organizamos nuestros días en función de esas preferencias.</p>
<p>Las cosas se pueden complicar cuando <a href="https://psicologiasanchinarro.com/reserva-cognitiva-envejecimiento-saludable/">el desgaste</a> que acompaña a la edad repercute en nuestra elección vital: quizás quien adora recorrer kilómetros al trote empiece a sentir molestias en las rodillas o el amante de la lectura note que le cuesta más concentrarse durante largos periodos o que su vista se cansa.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Dosificar y adaptarse</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Envejecer saludablemente  va más allá del ejercicio físico o mental (lo que no quita que el ejercicio suave y el interés intelectual sean excelentes herramientas). Tiene que ver, sobre todo, con conservar la motivación que nos hace levantarnos cada mañana, proceda de donde proceda esta. <strong>Y esto requiere contar con dos habilidades clave: dosificar y adaptarse</strong>.</p>
<ul>
<li>Dosificar es aceptar que no podemos funcionar siempre al máximo rendimiento… y que tampoco necesitamos hacerlo para disfrutar de una actividad.</li>
<li>Adaptarse es buscar una versión posible de lo que nos gusta cuando el cuerpo o la mente no responden igual que antes.</li>
</ul>
<p>Quien ha corrido toda su vida quizá no pueda seguir compitiendo, pero puede caminar, nadar o entrenar de otra forma. Quien ha leído durante horas puede aprender a hacerlo a intervalos más breves o explorar otros formatos. Quien ha sido muy activo socialmente puede reducir el ritmo sin aislarse.</p>
<p>Esa capacidad de ajuste no elimina el azar —la biología sigue siendo imprevisible—, pero reduce su impacto. La <strong>resiliencia actúa como red de seguridad:</strong> mientras existe interés, el sistema de motivación sigue activo, aunque se exprese de otra forma.</p>
<p>Las personas que mejor se adaptan al paso del tiempo son las capaces de  mantener un interés genuino por algo y, si es necesario,  saben reformularlo.</p>
<p>La cosa no va de si es mejor entrenar el cuerpo o la mente, como discutían Millas y Arsuaga. La cuestión es si algo nos sigue importando lo suficiente como para movilizarnos, aunque no podamos hacerlo como antes.</p>
<p><strong>El mayor factor protector es tener un motivo</strong>. Mientras exista ese motivo —ya sea adaptado, dosificado o reinventado— seguimos disfrutando. Y este disfrute es, en el sentido más amplio del término, una de las formas más realistas de cuidar la salud.</p>

		</div>
	</div>

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			<blockquote>
<p>Tengo un ejemplo muy próximo: mi bisabuela dedicó toda su vida a la costura y al diseño de moda, incluso cuando ya no tenía necesidad de hacerlo. En sus 103 años de existencia, no recuerdo un solo día que no haya disfrutado de la actividad que eligió: de hecho, conservo como oro en paño muchas de las prendas que me hizo, a las que, una vez terminadas, añadía una etiqueta de la que se sentía orgullosa. Y yo también: «Modas Carmen».</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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		<title>El coste de disimular las capacidades</title>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Feb 2026 15:32:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[aa.cc.]]></category>
		<category><![CDATA[motivación]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
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			<h2><strong>«Por favor, haz menos»</strong></h2>

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	</div>

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			<p>Hace unos días me encontré con una amiga a la que llevaba algún tiempo sin ver. Sabía por conocidos que había conseguido el trabajo por el que siempre había suspirado y me alegré sinceramente por ella. Por eso me desconcertó que me dijese que iba a dejarlo.</p>
<p>«Mi jefe me llamó hace un par de semanas y pensé que sería para felicitarme. No es por tirarme flores, pero me gusta lo que hago y lo hago bien. La conversación, sin embargo, fue por otros derroteros. Me pidió que redujese la productividad y me aclaró que, si a lo largo de la semana, yo solucionaba cinco reclamaciones cuando el resto del equipo resolvía tres, haría que la dirección incrementase la carga de trabajo, porque exigiría los mismos resultados a mis compañeros.</p>
<p>«Ahora  me encuentro en un callejón sin salida: los usuarios me agradecen que les resuelva los problemas con rapidez —y yo lo hago encantada, si está en mi mano—. Y, sin embargo, me veo obligada a reducir un ritmo de trabajo que me resulta cómodo. Me paso parte del tiempo mirando la pared y con la desagradable sensación de que, entretanto, muchas personas esperan a ser atendidas».</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>Adaptación y conflicto interno</h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Su desazón no se debía, por consiguiente, al salario o a los horarios. Tampoco a su relación con los compañeros o a que no le gustase su trabajo. Al escuchar sus quejas, incluso habrá quien piense: «Tampoco es para tanto. Solo le han pedido que se tome el trabajo con más tranquilidad. Mejor para ella». Pero el mensaje implícito es menos amable: «oculta tus capacidades para equipararte a los demás».</p>
<p>Este problema no es nuevo y, en determinados entornos, hace que excelentes profesionales se vean obligados a <a href="https://psicologiasanchinarro.com/altas-capacidades-en-mujeres/">reducir  su desempeño</a> para adaptarlo al del grupo, con la inevitable sensación de hastío y desmoralización.</p>
<p>Ante ese tipo de sugerencia,  el profesional se siente obligado a ocultar algo que es parte de su identidad: la competencia, la agilidad, el compromiso, el deseo de hacer bien las cosas&#8230; Lo que entiende como cualidades se convierten en un estorbo.</p>
<p>En el caso de mi amiga,  a la incredulidad inicial siguió la frustración.  Y, poco después, la <a href="https://psicologiasanchinarro.com/estoy-desmotivado/">desmotivación</a> y el desgaste.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>El mismo fenómeno se observa en la escuela</h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Este fenómeno no se limita al ámbito laboral. En algunos centros escolares ocurre algo parecido cuando un niño o una niña aprenden que destacar demasiado complica la convivencia. Algunos acaban por «adormecer» sus <a href="https://www.logopediasanchinarro.es/altas-capacidades-otra-moda/" target="_blank" rel="noopener">capacidades</a> para adaptarse al grupo; otros optan por exagerar rasgos disruptivos, convirtiéndose en los «malotes» de la clase, como forma de equilibrar lo que les resulta difícil ocultar. En la vida adulta, esa estrategia se perfecciona: uno aprende a regularse para no incomodar.</p>
<p>Algo falla en nuestras aulas, administraciones públicas y empresas cuando un niño, un joven o un adulto se ve obligado a hacer mucho menos de lo que podría o querría. ¿Hemos de medir el desempeño de los demás por el baremo de esa persona? Claramente, no, porque ni todos tenemos las mismas capacidades, ni el mismo ritmo de trabajo ni la misma forma de enfrentarnos a las tareas. Y sin embargo,  cumplimos nuestras responsabilidades debidamente. Pero igualmente injusto sería impedir que  alguien muestre su potencial, alegando que ello nos obliga a esforzarme más.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Entra en escena la apatía</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Hay quienes viven esta tensión con especial intensidad: profesionales muy implicados, adultos con altas capacidades que llevan años tratando de pasar desapercibidos, personas con firme sentido ético.</p>
<p>No es una cuestión de ambición (al menos en el caso que nos ocupa), sino de coherencia interna. El esfuerzo por «disimular la valía» termina provocando apatía. Cuando lo que hacemos y lo que podríamos hacer se distancian demasiado, el desgaste termina manifestándose.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>El «reduce el ritmo» es aparentemente menos lesivo que el «debes aumentarlo»</strong></h3>

		</div>
	</div>

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		<div class="wpb_wrapper">
			<p data-start="122" data-end="686">Lo más delicado de estas situaciones es que no son llamativas: aparentemente no ocurre nada. Por otra parte, siempre parece menos lesivo —e incluso, de alguna forma, halagador— pedir a una persona que baje el ritmo que requerirlo lo contrario.  En el segundo caso, se cuestiona su competencia o su rendimiento; en el primero, no se pone en duda su capacidad; solo se le pide que «no se exceda mostrando» aquello que, precisamente, hace bien. No hay recriminaciones. Solo una única consigna: «por el bien de todos, no destaques demasiado».</p>
<p data-start="122" data-end="686">Esta petición, que  puede parecer justificable —porque apela a la necesidad de encajar y no incomodar al grupo—, genera un malestar larvado que crece lenta pero persistentemente. Cuando alguien te pide que hagas menos de lo que puedes  hacer y, sobre todo, de lo que deseas hacer, da al traste con algo básico para todo ser humano: tu motivación interna.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Llegado a este punto, conviene recapacitar sobre el coste de nuestra adaptación al entorno laboral. Trabajamos demasiadas horas de nuestra vida como para hacerlo sin motivación. Y esta no depende solo del salario o del reconocimiento externo; también nace del desafío, de la posibilidad de mejorar, de nuestra responsabilidad para con nosotros mismos. Cuando ese motor se apaga y el entorno no ofrece ningún estímulo, la pregunta que hemos de plantearnos es si ese es nuestro lugar.  Y actuar en consecuencia. Así lo ha hecho mi amiga y estoy convencida de que para bien.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/coste-de-disimular-las-capacidades/">El coste de disimular las capacidades</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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