Terapia de pareja

Las circunstancias de cada persona cambian con el tiempo y esto repercute inevitablemente sobre las relaciones de pareja. El trabajo, el nacimiento de un hijo, las preocupaciones económicas, los cambios personales o el simple paso del tiempo modifican la vida de cada uno de sus miembros y, por consiguiente, las dinámicas compartidas.

Como resultado de esos cambios pueden surgir desacuerdos, tensiones, momentos de distanciamiento o dificultades para entenderse. Abordar estos cambios exige una comunicación franca, la readaptación de ambas partes (con cesiones mutuas) y la búsqueda de un equilibrio en esas nuevas circunstancias: se habla, se aclaran las cosas y la relación continúa.

Otras veces es menos sencillo.

Determinadas conversaciones se vuelven tensas. Algunos temas terminan siempre en discusión. Uno de los miembros de la pareja tiene la sensación de no ser escuchado. El otro está convencido de que cualquier comentario acabará en reproche. La relación empieza entonces a girar alrededor de esos conflictos.

Las discusiones no suelen explicarse solo por el asunto concreto que se discute en ese momento. Tienen mucho que ver con formas de relación que se han ido estableciendo con el tiempo; comentarios que generan malentendidos; expectativas que nunca se han expuesto con claridad o necesidades afectivas que no se sienten reconocidas ni satisfechas.

Cuando esta situación se repite con frecuencia, los miembros de la pareja terminan reaccionando de forma previsible. Ante determinados comentarios, uno insiste o el otro se retira; o una conversación sobre algo cotidiano —una decisión doméstica, un comentario sobre el trabajo o el cuidado de los hijos— acaba derivando en una discusión que ambos reconocen como «lo mismo de siempre». Las conversaciones parecen ceñirse a un guion preconcebido que acaba en un callejón sin salida y profunda sensación de malestar.

Romper con ese bucle, una vez instaurado, no es fácil. Menos aún desde dentro: cada miembro de la pareja interpreta lo que ocurre desde su propia posición. Estas interpretaciones, influidas por la carga emocional del momento, generan numerosos malentendidos que, a su vez, enconan las posiciones polarizadas.

En otras ocasiones las dificultades no se expresan únicamente en forma de discusiones. Algunas parejas describen una sensación de distanciamiento progresivo: la relación se enfría, disminuye la complicidad o es difícil hablar de ciertos temas importantes. También pueden aparecer desacuerdos en torno a decisiones relevantes —la crianza de los hijos, la organización de la vida cotidiana o los proyectos de futuro— o dudas acerca del rumbo de la relación.

¿Qué te ofrece la terapia?

La terapia de pareja proporciona un espacio distinto y neutral donde observar lo que ocurre en la relación.

En las sesiones ambos miembros pueden explicar cómo viven lo que está ocurriendo y qué sucede en esos momentos recurrentes de conflicto. A partir de ahí se reconstruye con detalle la forma en que se desarrollan esas discusiones: qué las desencadena, cómo reacciona cada uno y qué ocurre después.

Este trabajo permite identificar las dinámicas que se han ido consolidando en la relación.

Se revisan aspectos de la historia de la pareja: cómo se forjó la relación, qué expectativas tenía cada uno sobre la vida en común y qué cambios importantes han aparecido con el tiempo. Muchas dificultades actuales solo se entienden cuando se analiza ese recorrido.

Y, obviamente, se analiza la vida cotidiana de la pareja: cómo se habla de ciertos temas delicados, cómo se gestionan los desacuerdos o qué ocurre cuando uno intenta expresar algo importante y la conversación acaba invariablemente en reproche.

El objetivo del proceso terapéutico no consiste en decidir quién tiene razón en una discusión ni en repartir responsabilidades. El propósito es comprender cómo se ha organizado la relación a lo largo del tiempo, qué papel desempeña cada uno de los miembros en esas dinámicas y qué necesidades o expectativas no se contemplan.

A partir de esa comprensión es posible explorar nuevas formas de relación, reconocer mejor las necesidades de cada uno y replantear algunos aspectos relevantes de la vida en común.

Este proceso permite introducir cambios en la forma de comunicarse y recuperar una mayor cercanía. En otras ayuda a pensar qué tipo de relación se desea mantener a partir de ese momento.

Muchas parejas vienen a consulta cuando sienten que llevan demasiado tiempo repitiendo los mismos patrones sin llegar a ningún lado. La terapia les ofrece un lugar en el que reflexionar con cierta distancia y entender lo que está ocurriendo.

¿Cuándo es útil la terapia de pareja?

Si observáis que, de forma recurrente y mantenida en el tiempo:

  • Las conversaciones importantes o determinados temas terminan casi siempre en discusión o en reproches.
  • Tenéis la sensación de repetir una y otra vez los mismos conflictos sin encontrar una salida.
  • Uno de los dos siente que no es escuchado o comprendido.
  • Se ha instalado una distancia emocional difícil de explicar o revertir.
  • Tenéis desacuerdos importantes sobre decisiones de vida, la crianza de los hijos o el futuro de la relación.
  • La convivencia es tensa o incómoda.
  • Albergáis dudas sobre el rumbo de vuestra relación.

La terapia te ayuda a:

A dejar momentáneamente a un lado la carga emocional de las discusiones para centraros, todo lo objetivamente posible, en lo que ocurre en vuestra relación.

Y es que, con frecuencia, el ruido del conflicto —o el silencio que lo sustituye— oculta las causas reales del malestar.