Recibir un diagnóstico de TDAH después de los 65 años
«Siempre he sido malísimo para organizarme. Mi mujer dice que si no fuera por ella, no sabría ni donde tengo la cabeza. Y tiene razón».
Quien habla tiene 72 años. Y añade: «Estoy tan convencido de ser un desastre, que no paro de repetírmelo a mí mismo y a quienes me rodean. Es como si anticipase que voy a hacerlo mal».
Con el tiempo, este tipo de valoraciones se integran en la imagen que una persona tiene de sí misma. Si lleva años escuchando (y diciéndose) que es un desastre acaba aceptando este calificativo como una de sus características.
«Pese a ello —añade— me ha desenvuelto bien y llevado una vida ‘normal’. He trabajado, creado una familia y cumplido con mis obligaciones , aunque tengo la sensación de haber tenido que trabajar mucho para lograrlo.
Lo que pensamos de nosotros mismos
Las personas que ahora tienen 70 u 80 años crecieron en una época en la que las exigencias académicas eran muy diferentes de las actuales. No era extraño que un niño al que le costaba estudiar abandonase la escuela y entrase de aprendiz en un taller o una empresa, donde se labraba su futuro profesional. Algunos encontraron ocupaciones en las que se desenvolvían mucho mejor que en el colegio y sus dificultades dejaron de llamar la atención.
Hoy, la escolarización es obligatoria y aumentan las exigencias en términos de atención, organización de tareas y cumplimiento de plazos. Esto hace más visibles las dificultades asociadas al TDAH y favorecen su detección. También intervienen los cambios en los criterios diagnósticos, la formación del profesorado y el mayor reconocimiento del TDAH.
Una explicación que llega tarde
Recibir un diagnóstico de TDAH a los 70 años puede cambiar la interpretación de muchas experiencias pasadas: la dificultad para estudiar, los trabajos sin terminar o las discusiones familiares se ven desde otra óptica.
Hay quien siente alivio al descubrir que algunas de sus dificultades pueden estar relacionadas con un trastorno no diagnosticado. Otros sienten rabia por no haber recibido ayuda durante la infancia y se preguntan cómo habría sido su vida si hubieran conocido antes el diagnóstico. También hay quien lo acoge con escepticismo, porque le cuesta aceptar que algunas de las dificultades con las que lleva tanto tiempo conviviendo puedan tener una explicación clínica.
No hay una misma reacción ante un diagnóstico tardío. La historia personal y cómo el trastorno ha afectado a esta condicionan la forma de recibirlo.
¿Todo era consecuencia del trastorno?
Recibir un diagnóstico puede llevar a reinterpretar experiencias pasadas, pero sería un error atribuir al TDAH todas las dificultades que una persona ha tenido durante su vida.
No todos los problemas de organización, los conflictos familiares o los fracasos académicos tienen su origen en el trastorno. También intervienen las circunstancias personales, las oportunidades educativas, las relaciones e incluso otros problemas de salud.
El diagnóstico de TDAH a edades avanzadas requiere una evaluación muy cuidadosa. Es necesario encontrar indicios de síntomas desde la infancia, valorar su repercusión y descartar otras explicaciones.
Reconstruir esa historia a los 70 u 80 años puede ser complicado. Los recuerdos son incompletos y tal vez no existan familiares o documentos que permitan conocer cómo era la persona durante sus primeros años de vida.
También cambia la visión de los otros
Cuando llevas años conviviendo con alguien desorganizado puedes interpretarlo como una muestra de despreocupación.
«Si quisiera, se acordaría». «Nunca termina nada porque no pone interés» son reproches que algunas personas con TDAH escuchan desde siempre.
El diagnóstico aporta información sobre algunas dificultades de la persona, pero no explica por qué ha actuado de determinada forma en una situación ni elimina las consecuencias de su conducta.
En una pareja con muchos años de convivencia a sus espaldas puede ser necesario revisar algunas costumbres. La nueva información puede ayudarles a entender cómo se ha establecido el reparto de obligaciones, por ejemplo, y si desean modificarlo.
¿Y ahora qué?
No hay edad para intervenir sobre dificultades presentes desde la infancia.
Aunque todavía hay pocos estudios sobre el tratamiento del TDAH en personas mayores, la terapia cognitivo-conductual ha demostrado su utilidad en adultos para trabajar determinadas dificultades asociadas al trastorno. A edades avanzadas, la intervención debe tener en cuenta las circunstancias personales y los posibles problemas de salud.
En Psicología Sanchinarro trabajamos con personas adultas que tienen dificultades de organización, atención o regulación de la conducta. La intervención tiene en cuenta cómo afectan esas dificultades a su vida cotidiana y qué cambios pueden ayudarles a desenvolverse mejor, teniendo en cuenta las circunstancias propias de su edad.