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	<title>Psicología BlaBla</title>
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		<title>El daño cerebral transforma la vida familiar</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Jul 2026 13:58:35 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[daño cerebral]]></category>
		<category><![CDATA[dinámicas familiares]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/dano-cerebral-y-familia/">El daño cerebral transforma la vida familiar</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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			<h2><strong>Si lo hubieras conocido antes&#8230;</strong></h2>

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			<p class="isSelectedEnd">«Estoy aquí por indicación de mi doctora. Y porque creo que tiene razón: necesito ayuda. Desde el accidente mi vida se ha venido abajo. Y me enfado con mi pareja porque me da la impresión de que no pone todo de su parte para recuperarse. Soy injusta —lo sé—. El es el primero que sufre esta situación, pero me puede el cansancio. Estoy triste, me olvido de las cosas, me estoy dejando&#8230; Y siento una pena terrible por los dos. Por eso he pedido a mi doctora que me recete algo. Para dejar de ser injusta. Si lo hubieses conocido antes del accidente&#8230;».</p>
<p>Probablemente muchas personas que cuidan de un familiar con daño cerebral se reconocerán en esas palabras porque es inevitable que las nuevas circunstancias cambien la vida de todos.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Un nuevo equilibrio familiar</strong></h3>

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	</div>

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			<p>Cuando uno de los progenitores sufre <a href="https://www.logopeda-madrid.es/" target="_blank" rel="noopener">daño cerebral</a>, todos los miembros de la familia se sienten conmocionados. Es tal el maremágnum emocional que, con frecuencia, quienes viven esa situación describen esos primeros días como un estado de irrealidad o como si funcionasen en modo «<a href="https://psicologiasanchinarro.com/vivir-en-automatico-cuando-la-vida-se-siente-ajena/" target="_blank" rel="noopener">piloto automático</a>». La hospitalización, la incertidumbre, la organización para permitir el acompañamiento, la rehabilitación… la vida cotidiana queda en suspenso y todo gira en torno a las rutinas hospitalarias y la espera ansiosa de las noticias de médicos y rehabilitadores.</p>
<p>Algún tiempo después llega el alta hospitalaria y muchas familias se dan cuenta entonces de que las cosas no volverán a ser como antes.</p>
<p>El <a href="https://psicologiasanchinarro.com/tratamientos-dano-cerebral-adquirido/">daño cerebral</a> modifica el equilibrio familiar. Cambia la distribución de responsabilidades, surgen nuevas obligaciones y adquieren un peso enorme decisiones que hasta entonces eran irrelevantes. La pareja probablemente tendrá que asumir el papel de <a href="https://psicologiasanchinarro.com/abuelos-y-cansancio-2/" target="_blank" rel="noopener">cuidadora</a> principal. Y los hijos, aunque no participen directamente en los cuidados, notan que nada es igual: la enfermedad ha dejado de ser un episodio médico puntual para convertirse en la realidad cotidiana.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Una experiencia difícil de explicar</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Muchas familias tratan de describir algo difícil de explicar: la persona está presente, pero sus capacidades, intereses o formas de relacionarse no son las mismas. En ocasiones, las alteraciones cognitivas, conductuales o emocionales hacen que quienes conviven con ella tengan la impresión de estar con alguien conocido y, al mismo tiempo, extraño. Esta experiencia genera sentimientos contradictorios que, con frecuencia, se acompañan de culpa.</p>
<p>No es raro que la sensación de pérdida se manifieste antes incluso de saber cuál será la evolución definitiva.  Cada pequeño avance alimenta la esperanza, pero la incertidumbre sobre los resultados se prolonga durante meses. La ausencia de respuestas claras (¿hasta dónde llegará la recuperación?) desgasta emocionalmente a toda la familia.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>La pareja en el papel de cuidadora</strong></h3>

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<p>La persona que asume el grueso de los cuidados se enfrenta a una dura responsabilidad. Además de atender las necesidades prácticas derivadas de la lesión, debe reorganizar la economía familiar, gestionar citas médicas, afrontar trámites administrativos y responder a las necesidades emocionales del resto de la familia. La tensión y la incertidumbre hacen mella en su estado de ánimo y aparecen la ansiedad, la irritabilidad, la tristeza o el agotamiento que no desaparece con el sueño. En consulta encontramos cuidadores que se sienten culpables por desear unos minutos para sí mismos o por reconocer que la situación les supera.</p>
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			<h3><strong>¿Y los hijos?</strong></h3>

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			<p>También ellos necesitan encontrar sentido a lo que ocurre. Aunque no conozcan los detalles médicos, perciben el cambio en el ambiente familiar. Observan que uno de los padres ya no hace las cosas que hacía antes, que el otro está preocupado o ausente  y que han cambiado las conversaciones y la organización de la casa. Si los niños no reciben explicaciones apropiadas a su nivel de madurez, tratarán de rellenar los huecos con sus propias conclusiones, muchas veces erróneas.</p>
<p>Cada <a href="https://www.logopediasanchinarro.es/cuando-un-miembro-de-la-familia-sufre-un-dano-cerebral/" target="_blank" rel="noopener">niño</a> responde a su manera a esta nueva situación que se le escapa. Algunos manifiestan irritabilidad o problemas de conducta; otros se muestran hiperresponsables y procuran no dar problemas o pasar desapercibidos porque creen que papá o mamá ya tienen demasiado encima. Las dificultades para conciliar el sueño, los problemas de concentración y las molestias físicas sin causa médica clara son otras manifestaciones de esa preocupación.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>La función del psicólogo</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Para muchas familias  las secuelas físicas son lo de menos. Adaptarse a una silla de ruedas, a una hemiplejia o a la pérdida de autonomía es duro pero, con el tiempo, se reorganiza la vida. Lo devastador es sentir que la persona a la que quieres ha dejado de ser la misma. El daño cerebral puede cambiar la forma de pensar, de reaccionar, de expresar el cariño o de relacionarse con los demás. Para la pareja o los hijos, es una transformación dolorosa. De la noche a la mañana tienen la sensación de convivir con un extraño. Ahí siguen el mismo rostro y la misma voz, pero falta la persona con la que compartían la vida. Este duelo es uno de los aspectos más dolorosos del daño cerebral severo.</p>
<p>Pero el psicólogo no se limita a atender el sufrimiento emocional de cada miembro de la familia. También analiza cómo la lesión del progenitor ha alterado las dinámicas familiares, identifica expectativas poco realistas y ayuda a construir una organización adaptada a la nueva realidad. Esto requerirá distribuir funciones, establecer límites que antes no existían y buscar nuevas formas de mantener el vínculo familiar donde la enfermedad no sea la protagonista absoluta.</p>
<p>Las familias no viven este proceso de la misma forma.  La  gravedad de las secuelas, los recursos disponibles, la calidad de las relaciones previas y la red social de la que disponen marcan una gran diferencia. Tampoco es posible garantizar en qué momento acabará la adaptación. Pueden aparecer nuevas dificultades o cambiar las necesidades de la persona afectada o las circunstancias de la familia. Comprender esto permite afrontar la situación con expectativas más realistas y, sobre todo, evitar el desgaste de tratar de recuperar una vida anterior que, probablemente, ya no sea posible.</p>

		</div>
	</div>

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			<blockquote>
<p>La rehabilitación busca recuperar en el paciente todas las capacidades posibles y reforzar su autonomía. Entretanto, también la familia tiene que avanzar y encontrar un nuevo equilibrio. Quedar atrapada en una comparación constante con la vida anterior solo genera sufrimiento. Cuando toda la atención se centra en lo que se ha perdido, la enfermedad termina ocupando un lugar desproporcionado y condicionando las relaciones entre los miembros de la familia.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/dano-cerebral-y-familia/">El daño cerebral transforma la vida familiar</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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		<title>Los abuelos también se cansan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jul 2026 16:51:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Conciliación familiar]]></category>
		<category><![CDATA[sobrecarga del cuidador]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
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			<h2>¿Cómo voy a decirles que no?</h2>

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			<p>«Al principio nos pareció la mejor de las soluciones: los horarios laborales de mi hijo y su mujer eran complicados y nos hizo mucha ilusión llevar a nuestra nieta a la guardería, prepararle la merienda, ir al parque&#8230; ya sabes, ese tipo de cosas. El tiempo fue pasando y llegó el colegio, las clases extraescolares, los deberes y otras obligaciones. Y como nos apañamos bien y la niña está a gusto, lo que era provisional se ha convertido en habitual.</p>
<p>La queremos con locura —añadía la atribulada abuela—, pero a veces me siento cansada y echo de menos las cosas que hacíamos antes y esos planes decididos sobre la marcha, como escaparnos de viaje de vez en cuando. ¿Pero cómo voy a decírselo a mi hijo? Yo misma me recrimino el pensar esas cosas».</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>«Qué ganas de que empiece el curso»</strong></h3>

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<p>Que tire la primera piedra el padre o la madre que no haya pensado o expresado en algún momento: «<em>Quiero mucho a mis hijos, pero hay días en los que me agotan</em>».</p>
<p>No hace falta explicar que ambas cosas son compatibles. Cualquier padre entiende que el amor que siente por sus hijos no hace desaparecer el cansancio de las noches de desvelo, cuando  los pequeños empalman una infección con otra. Ni el estado de alerta continuado cuando, con los primeros pasos tambaleantes, hasta el entorno más seguro se transforma en un campo de minas. Ni la sensación de no encontrar un momento para  las «tareas urgentes» (o un minuto para ti) hasta que el peque duerme plácidamente. Ser padres es una de las experiencias más gratificantes que puede vivir una persona y, al mismo tiempo, un trabajo a jornada completa, sin fines de semana, que se prolongará durante muchos años.</p>
<p>Por eso ningún padre se sorprende cuando, a principios de curso, otros comentan con una sonrisa cómplice: «¡<em>Bendito colegio, creía que nunca iba a llegar este día</em>!».</p>
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		</div>
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			<h3><strong>¿Y los abuelos?</strong></h3>

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<p>La lógica anterior no parece aplicarse a los abuelos. Si disfrutan con sus nietos, damos por hecho que también disfrutarán si los dejamos con ellos durante el verano, por ejemplo.</p>
<p>Pero querer a alguien no elimina el esfuerzo que supone <a href="https://psicologiasanchinarro.com/replantearnos-la-parentalidad/">cuidar</a>. Es más, muchas veces aumenta la implicación, porque estamos más atentos, anticipamos más riesgos y es mucho más difícil desconectar.</p>
<p>En el caso de los abuelos se suma otra circunstancia. No solo cuidan de una de las personas más importantes de su vida; también cuidan de lo que más importa a sus<a href="https://psicologiasanchinarro.com/cuando-los-hijos-no-dejan-de-discutir/"> hijos</a>. Es —podríamos decir— una responsabilidad prestada. Una caída, un descuido o un problema de salud no afectan únicamente al nieto; también supondrá un disgusto para los hijos. Esa responsabilidad compartida aumenta incluso más el nivel de vigilancia.</p>
<p>En muchos casos, además, cuidar de los nietos no es la única responsabilidad. Hay quienes acompañan a una pareja con problemas de salud o atienden a padres muy mayores. El cansancio es la suma de todas esas exigencias.</p>
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		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Una realidad más evidente en verano</strong></h3>

		</div>
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			<p>Durante el <a href="https://psicologiasanchinarro.com/como-ayudar-hijo-dificultades-escolares/">curso escolar</a>, muchos abuelos colaboran de forma puntual: una tarde, una recogida del colegio, unas horas cuando surge un imprevisto. En verano la situación cambia. Los días son mucho más largos, desaparece la estructura que proporciona el colegio y muchas familias siguen necesitando conciliar. Los campamentos solucionar las cosas  parte del tiempo, pero rara vez lo cubren todo. Lo demás suele recaer, en mayor o menor medida, sobre los abuelos.</p>
<p>Cuidar de un niño no se reduce a estar con él. Exige mantener una vigilancia continuada, anticipar riesgos, responder a sus necesidades, tomar decisiones y estar siempre disponible. Buena parte de ese trabajo es mental y, por consiguiente, pasa desapercibido.</p>
<p>La investigación sobre el cuidado informal lleva décadas demostrando que el desgaste no depende únicamente del número de horas dedicadas al cuidado. Lo verdaderamente complicado es desconectar de esa responsabilidad. Un estado de atención constante consume recursos psicológicos y el cansancio termina apareciendo sin necesidad de que ocurra algo extraordinario.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>El cansancio no necesita justificarse</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Pero volvamos a la abuela del principio. Lo que más le preocupaba no era sentirse cansada. Lo que le hacía sufrir era pensar que ese <a href="https://psicologiasanchinarro.com/empobrecimiento-conversacional/">cansancio</a> decía algo sobre el cariño que sentía por su nieta. Como si reconocer el esfuerzo implicara quererla menos.</p>
<p class="isSelectedEnd">Sin embargo, cuando escuchamos a otra persona decir que cuidar de alguien la agota, rara vez concluimos que la quiera menos. Con nosotros solemos ser mucho más duros.+</p>

		</div>
	</div>

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			<blockquote><p>
Estar cansado no te convierte en peor abuelo. Solo te recuerda que cuidar, incluso cuando se hace con todo el cariño del mundo, requiere mucha energía. Y reconocer que estás cansado o que necesitas un momento para desconectar no es una muestra de egoísmo, sino una forma de cuidarte para poder seguir echando una mano a los tuyos.
</p></blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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		<title>Un bolígrafo a la espalda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jun 2026 11:49:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[disciplina positiva]]></category>
		<category><![CDATA[mentira infantil]]></category>
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			<h2>¿Por qué miente mi hija?</h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<p>Ante la cara de exagerada inocencia de la niña protagonista de nuestra viñeta y el bolígrafo que oculta a la espalda es fácil deducir que las calificaciones que valoran su rendimiento a lo largo del curso no son precisamente buenas. La pregunta inevitable es: ¿qué esperaba  esta niña que ocurriera si llevaba las verdaderas notas a casa?</p>
<p>Muchos padres y madres responderán de inmediato: «<em>Pues una buena bronca, claro. Tiene que aprender que las cosas tienen consecuencias</em>». Y la respuesta suena razonable, ya que las consecuencias forman parte de la educación. Pero  extraigamos una derivada de la pregunta anterior: ¿Qué ha aprendido esta niña sobre la reacción de sus padres?</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>Tres grandes categorías de mentiras</strong></h3>

		</div>
	</div>

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<p>Podemos clasificar las mentiras infantiles en tres grandes categorías:
</p></div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</section>
</div>
</div>

		</div>
	</div>
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<li><strong>Mentiras para ocultar una transgresión</strong>. Esta es la categoría en la que se ha venido centrando la investigación clásica. La motivación principal es evitar una consecuencia negativa. La mayoría de los niños son capaces de recurrir a ella de forma deliberada desde muy corta edad (3-4 años).</li>
<li><strong>Mentiras para obtener un beneficio</strong>, ya sea exagerando un logro o afirmando que se ha cumplido una tarea, por ejemplo. Curiosamente, son menos numerosas que la ocultación de transgresiones.</li>
<li><strong>Mentiras prosociales</strong>. Son las famosas «mentiras piadosas» cuyo objetivo básico es facilitar la convivencia amortiguando conflictos menores. Esta capacidad aparece más tarde (en torno a los 7 años) ya que requiere comprender que la otra persona tiene <a href="https://www.logopediasanchinarro.es/el-don-de-ir-mas-alla-de-las-palabras/" target="_blank" rel="noopener">estados mentales</a> distintos de los nuestros, inhibir la respuesta genuina y conocer las normas de cortesía.</li>
</ul><div class="ult-spacer spacer-6a53a46b7762b" data-id="6a53a46b7762b" data-height="20" data-height-mobile="20" data-height-tab="20" data-height-tab-portrait="" data-height-mobile-landscape="" style="clear:both;display:block;"></div>
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Como la viñeta representa claramente una mentira orientada a ocultar una mala noticia, centrémonos en las dos motivaciones que probablemente intervienen aquí: obtener una recompensa o evitar un castigo.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Recompensas y castigos</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>El castigo puede adoptar múltiples formas: bronca, pérdida de privilegios, quedarse sin vacaciones,  las comparaciones con un hermano o la cara de decepción de los padres.</p>
<p>Ambas motivaciones —obtener un premio o evitar un castigo— funcionan de forma parecida. Una <a href="https://www.logopediasanchinarro.es/estrategias-de-modificacion-de-conducta-una-herramienta-valiosa/" target="_blank" rel="noopener">conducta</a> determinada tiene más probabilidades de repetirse si con ella obtenemos algo deseable o evitamos algo molesto. El niño que trampea una nota puede estar buscando que le feliciten, tratando de librarse de una regañina o ambas cosas.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>¿Padres exigentes, hijos mentirosos?</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Esa afirmación sería totalmente simplista. El asunto es bastante más complejo: hay niños que comunican una mala nota tan pronto entran por la puerta y otros esconden un examen con un cinco raspado aunque sepan que en casa apenas habrá consecuencias.</p>
<p>Hagámonos la pregunta siguiente:<strong> ¿qué información utiliza mi hijo para prever mi reacción?</strong></p>
<p>Los adultos creemos que nuestros hijos recuerdan cuanto les decimos. Tal vez, pero nuestras palabras calarán unas veces más y otras menos.  Lo que sí recuerdan perfectamente es cómo nos comportamos. Si después de cada suspenso hay sermones interminables, amenazas, comparaciones o  tensiones prolongadas, el mensaje es claro: el coste de un mal resultado es elevado.</p>
<p>En ese momento, la mentira es una eficaz <a href="https://www.logopediasanchinarro.es/el-castigo-negativo/" target="_blank" rel="noopener">estrategia de evitación</a>. Reduce la ansiedad inmediata porque compra unas horas de tranquilidad.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Una percepción errónea de la mentira</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Algunos padres interpretan la mentira como <strong>demostración de que hace falta endurecer las consecuencias</strong>. Y el niño confirma, con esta lógica, que tenía razones para ocultar lo ocurrido.</p>
<p>Revisemos otra idea extendida: la de que <strong>el hijo solo teme el castigo cuando los padres son muy autoritarios</strong>. Algunos niños especialmente sensibles a la desaprobación viven con intensidad la decepción de sus padres con independencia de que estos sean autoritarios o no. En esas familias apenas hay gritos ni castigos severos, pero pesa el miedo a defraudar. La conducta termina siendo la misma: ocultar el problema.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>¿Normas estrictas o excesiva permisividad?</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Quizá el indicador más útil no pase por preguntarse si las normas son demasiado estrictas o, por el contrario, permisivas. Planteémoslo de otra forma: ¿cree mi hijo que puede traer una mala noticia sin que la conversación se convierta en un juicio sobre él?</p>
<p>Es una diferencia importante. Una cosa es analizar qué ha ocurrido, qué <a href="/autocontrol-e-impulsividad/">dificultades</a> ha tenido y qué cambios hacen falta. Otra distinta es que el niño salga de la conversación convencido de que ha decepcionado a quienes más necesita.</p>
<p>Ningún padre puede garantizar que su hijo nunca mienta. Tampoco sería realista aspirar a eso. Los niños, igual que los adultos, tratan a veces de escapar de las consecuencias de sus actos. Lo que sí podemos hacer es procurar que decir la verdad no sea mucho más amenazante que el propio problema.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Si nuestra hija piensa que reconocer un suspenso es peor que haber suspendido, probablemente dedicará más energía a esconder el boletín que a entender por qué le ha ido mal. Y no es ese el aprendizaje que deseamos.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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		<title>Estrés térmico y productividad</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/calor-y-efectos-en-la-productividad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Jun 2026 10:37:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología del trabajo]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h2><strong>Trabajar con calor no es solo cuestión de voluntad</strong></h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<p>Somos muchos los que en estos días de calores tórridos cada vez más frecuentes consultamos el parte meteorológico con la esperanza de que el astro Sol nos dé una tregua y, ya en el colmo de la alegría, caigan unas gotas que refresquen el asfalto. El «¡Quién puede trabajar con este calor!» es una queja recurrente en ascensores, establecimientos —pese al aire acondicionado— y, no digamos, entre quienes trabajan en la agricultura, la construcción, la recogida de residuos u otros sectores de una larga lista de actividades al aire libre.</p>
<p>La frase suele pronunciarse medio en broma, como si fuera una excusa más para rendir menos o posponer tareas. Sin embargo, la investigación sobre el estrés térmico lleva décadas mostrando que el calor afecta de forma directa al funcionamiento físico y mental de las personas.</p>
<p>A partir de determinadas temperaturas —que varían según la humedad, la actividad realizada o la aclimatación, entre otros factores— aumenta la sensación de incomodidad, disminuye la capacidad de concentración y se ralentizan los tiempos de reacción. Aparece somnolencia, cuesta más mantener la atención durante periodos prolongados y los errores son más frecuentes. En los trabajos físicos se dispara el esfuerzo cardiovascular y se manifiesta antes la fatiga.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>Una sensación muy objetiva</strong></h3>

		</div>
	</div>

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<p>Esta sensación no tiene nada de subjetiva. Para mantener la temperatura corporal dentro de unos márgenes compatibles con la vida, el organismo pone en marcha una batería de mecanismos fisiológicos: sudoración, vasodilatación, aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, modificaciones hormonales y cambios en los niveles de activación. Todo esto consume recursos. El cuerpo dedica gran parte de su energía a refrigerarse… y queda menos para otras tareas.</p>
<p>Más allá de aspectos como la enfermedad, la edad avanzada, algunos medicamentos  o una humedad ambiente elevada, la respuesta al calor también depende del grado de aclimatación, designación que damos a los cambios fisiológicos experimentados por el cuerpo tras varios días de  temperaturas elevadas recurrentes.
</p></div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</section>
</div>
</div>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>¿Dejamos de pasar calor cuando nos aclimatamos?</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>En realidad no dejamos de pasar calor, pero nuestro cuerpo lo gestiona con mayor eficacia echando mano de algunas ayudas fisiológicas:</p>

		</div>
	</div>
<ul class='dt-sc-fancy-list  blue  circle-bullet'>
<li>Sudamos antes y en mayor cantidad: la transpiración corporal se adelanta y la mayor cantidad de sudor disipa mejor el calor mediante evaporación.</li>
<li>Nuestro sudor contiene menos sal para que el organismo conserve el sodio y otros electrolitos, lo que ayuda a mantener el equilibrio hídrico. La sensación de debilidad, el dolor de cabeza, los calambres y, en los casos más graves, las alteraciones de la presión arterial son algunas de las manifestaciones que acompañan a la pérdida de agua y sales minerales.</li>
<li>Disminuye el esfuerzo cardiovascular: a igual cantidad de calor y actividad, la frecuencia cardiaca es menor. La temperatura corporal también aumenta menos cuando realizamos un esfuerzo.</li>
</ul><div class="ult-spacer spacer-6a53a46b7b384" data-id="6a53a46b7b384" data-height="20" data-height-mobile="20" data-height-tab="20" data-height-tab-portrait="" data-height-mobile-landscape="" style="clear:both;display:block;"></div>
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Obviamente, la climatización tiene un límite, pero nos ayuda a sobrellevar el calor con más alegría.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>El estado de ánimo también se resiente</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>El impacto de las altas temperaturas no se limita al rendimiento. Los cambios en el <a href="https://psicologiasanchinarro.com/malestar-otonal/">estado de ánimo</a> también son evidentes. Cuando el malestar físico se prolonga durante horas o días (y el escaso descenso de las temperaturas nocturnas impide el sueño reparador) crece la irritabilidad y disminuye la tolerancia a las molestias cotidianas. Cualquiera que haya vivido una ola de calor intensa sabe de las dimensiones desproporcionadas que puede alcanzar lo que en condiciones climatológicas más benignas no pasaría de una pequeña contrariedad.</p>
<p>Durante los episodios de calor extremo, los pensamientos se alejan de las <a href="https://psicologiasanchinarro.com/tratamientos-problemas-laborales/">obligaciones laborales</a> para centrarse en objetivos más inmediatos: encontrar sombra, beber agua, refrescarse o descansar, todos ellos perfectamente razonables desde el punto de vista biológico. El cerebro presta más <a href="https://psicologiasanchinarro.com/autorregulacion-atencional/">atención</a> a lo que considera necesario para el bienestar inmediato que a objetivos abstractos o diferidos.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Un fenómeno de consecuencias globales</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Las consecuencias de este fenómeno cada vez más prolongado en el tiempo van más allá de las experiencias individuales. Las pérdidas de <a href="https://psicologiasanchinarro.com/multitarea/">productividad</a> asociadas al calor están bien documentadas, en particular en sectores que dependen del trabajo al aire libre. A medida que aumentan las temperaturas, se requieren más pausas, más medidas de protección y la reorganización de horarios para reducir riesgos.</p>
<p>No está de más tener esto presente cuando hablamos de regiones que soportan temperaturas elevadas durante buena parte del año. Quienes trabajan en esos entornos se enfrentan a condiciones que no experimentamos quienes vivimos en climas más benignos (aunque el verano nos da una idea de lo dura que puede ser la experiencia). A menudo damos por sentado que determinadas formas de organizar el trabajo, los horarios o incluso algunas costumbres culturales responden únicamente a tradiciones locales cuando, en realidad, son adaptaciones prácticas a condiciones ambientales exigentes.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3>Ponerse en la piel del otro</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Visto lo anterior, seamos conscientes de los esfuerzos que hacen millones de personas para desenvolverse y trabajar en condiciones climáticas difíciles. El calor aumenta el riesgo físico y obliga a seguir rindiendo mientras el organismo intenta protegerse de un entorno hostil. Que muchas de esas personas conserven el buen humor tiene mérito en estas circunstancias.</p>
<p>Quizá esta perspectiva nos ayude a revisar con cautela algunos tópicos sobre los países cálidos y sus habitantes. Las diferencias culturales existen. Pero el clima no es un simple decorado. Influye en cómo vivimos y trabajamos. Y también en las estrategias desarrolladas para hacer llevaderas determinadas condiciones de vida. El humor es una de ellas.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<p>Visto lo anterior, seamos conscientes de los esfuerzos que hacen millones de personas para desenvolverse y trabajar en condiciones climáticas difíciles. El calor aumenta el riesgo físico y obliga a seguir  a seguir rindiendo mientras el organismo intenta protegerse de un entorno hostil. Que muchas de ellas conserven además el buen humor tiene bastante mérito.</p>
<p>Quizá esa perspectiva nos ayude a revisar con cierta cautela algunos tópicos sobre los países cálidos y sus habitantes. Las diferencias culturales existen, desde luego. Pero el clima no es un simple decorado. Influye en cómo vivimos, cómo trabajamos y qué estrategias desarrollamos para hacer llevaderas determinadas condiciones de vida.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Se dice que no hay nada como sentir en propia piel los padecimientos ajenos para comprenderlos un poco mejor. Quizás estas elevadas temperaturas que tantas quejas despiertan entre nosotros nos hagan ser un poco más comprensivos con quienes no tienen la suerte de que sean estacionales.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/calor-y-efectos-en-la-productividad/">Estrés térmico y productividad</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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			</item>
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		<title>Fin de curso: tus hijos están agotados</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/como-ayudar-hijo-dificultades-escolares/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 Jun 2026 10:01:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[evaluación]]></category>
		<category><![CDATA[parentalidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/como-ayudar-hijo-dificultades-escolares/">Fin de curso: tus hijos están agotados</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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			<p><strong>y tú también.</strong></p>

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			<p>Si eres padre o madre de uno o varios hijos, conoces de primera mano el nivel de desgaste con el que muchos chavales acaban el curso escolar y su necesidad de disfrutar de un tiempo alejados de las aulas y obligaciones académicas. Esta experiencia se repite todos los años y, a estas alturas, ya eres un avezado o una avezada experta en estas lides. Ahora toca bandearse durante los meses de verano en ese complejo terreno conocido como la «conciliación familiar», pero ese es otro cantar.</p>
<p>Lo que quizás te resulte  llamativo, si te paras a pensarlo, es el cansancio que también tú acumulas en estas fechas.  Y es que a las <a href="https://psicologiasanchinarro.com/tratamientos-problemas-laborales/">obligaciones laborales</a>, familiares y domésticas se suman las escolares: llevas todo un curso estudiando mano a mano con tu hijo y los resultados son más bien descorazonadores. Tratas de entender qué le ocurre o que podría funcionar para mejorar las cosas, pero no acabas de dar con la tecla.</p>
<p>Has hablado con profesores. Has supervisado las tareas del niño (o de la niña) cada día. Has dedicado tardes enteras a estudiar con tu hijo. Han probado todos los sistemas de organización habidos y por haber. Por supuesto, has buscado información por internet y escuchado opiniones de familiares (en ocasiones, poco afortunadas a tu juicio). Y, sin embargo, el problema sigue ahí, aunque haya sacado el curso a trancas y barrancas.</p>
<p>Las dificultades escolares suelen ser el aspecto más visible. Malas calificaciones o aprobados raspados, deberes que se eternizan o unos resultados a años luz del ímprobo esfuerzo realizado, tanto por tu hijo como por ti. Sin embargo, lo que más te agota no es el<a href="https://www.logopediasanchinarro.es/la-potencia-sin-control-no-sirve-de-nada/" target="_blank" rel="noopener"> rendimiento académico</a>, por importante que este sea. Es la sensación de estar actuando a ciegas.</p>

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			<h3><strong>La desgastante incertidumbre</strong></h3>

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<p>Llevas meses de dudas: ¿le estamos exigiendo demasiado? ¿o quizás demasiado poco? ¿es un problema de atención? ¿de ansiedad? ¿de falta de hábitos? ¿es una dificultad específica de aprendizaje? ¿es algo transitorio o conviene buscar ayuda?</p>
<p>La<a href="https://psicologiasanchinarro.com/el-peso-de-los-por-si-acaso/"> incertidumbre</a> prolongada genera más desgaste psicológico del que imaginamos. Cuando entendemos qué está ocurriendo, aunque la situación sea difícil, podemos tomar decisiones informadas. El desconocimiento nos lleva a actuar por prueba y error. Y, cuando se trata de nuestros hijos, pocas cosas generan tanta inseguridad como no saber si estamos ayudando o, por el contrario, empeorando las cosas.</p>
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			<h3><strong>Las discrepancias hacen acto de presencia</strong></h3>

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			<p>Es posible que surjan discrepancias con tu pareja. Uno piensa que el niño necesita más disciplina. El otro cree que está desbordado. Uno considera que conviene esperar. El otro quiere consultar cuanto antes. Son desacuerdos esperables y desgastantes. Sin información suficiente, cada cual interpreta la situación a partir de su experiencia, sus preocupaciones y<a href="https://psicologiasanchinarro.com/actividades-extraescolares/"> sus ideas sobre educación</a>.</p>
<p>También se resiente la relación con vuestro hijo o hija. Las tardes terminan girando alrededor de los deberes, las notas o las discusiones sobre el mismo tema. Las obligaciones escolares parecen fusionarse con la hora de la cena. Y en ese tiempo ejerces las funciones más variopintas, —profesor particular, entrenador de hábitos, supervisor de tareas y gestor emocional—, en ocasiones sin demasiada cualificación.</p>

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			<h3><strong>La culpa invisible</strong></h3>

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			<p data-start="374" data-end="413">Y está esa forma de culpa poco visible.</p>
<p data-start="415" data-end="887">Te preguntas si podías haberlo hecho mejor. Revisas decisiones tomadas años atrás. Te acuerdas de cambios de colegio, separaciones, problemas familiares, épocas en las que trabajabas demasiado. Es posible que establezcas relaciones entre acontecimientos que ocurrieron hace años y las dificultades que observas ahora, aunque no tengas ningún motivo claro para establecer esa vinculación.</p>
<p data-start="889" data-end="1198">También aparecen las comparaciones. Comparas a tu hijo con otros niños de la misma edad. Comparas tu manera de educar con la de otras familias. Comparas los resultados obtenidos con el esfuerzo realizado. Y te sientes peor.</p>
<p data-start="1200" data-end="1587">Cuando no entendemos qué está ocurriendo, tratamos de encontrar explicaciones plausibles. Y si se trata de nuestros hijos, la primera hipótesis suele ser que el problema está en nosotros: <em>¿soy demasiado exigente o, por el contrario, excesivamente permisivo? ¿tendría que haber actuado antes? ¿me estoy preocupando por naderías?</em>&#8230;</p>
<p data-start="1589" data-end="1869">Estas preguntas ocupan muchísimo espacio mental y pocas veces conducen a soluciones prácticas. Intentas averiguar qué le ocurre a tu hijo y acabas evaluando continuamente tus propias decisiones como padre o madre.</p>
<p data-start="1871" data-end="2224">Por si fuera poco, te llegan opiniones de todas partes. Profesores, familiares, <a href="https://psicologiasanchinarro.com/no-me-animes-asi/">amigos,</a> otros padres e internet ofrecen explicaciones distintas, muchas veces contradictorias. Algunas son razonables y otras no. Pero cuando llevas tiempo preocupado, cualquier comentario tiene muchas más repercusiones en ti.</p>

		</div>
	</div>

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			<h2><strong>Los beneficios del fin de curso</strong></h2>

		</div>
	</div>

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			<p>El final del curso escolar ofrece una ventaja relevante. La presión cotidiana disminuye durante unas semanas y se produce cierto distanciamiento de esos problemas que eran el día a día hasta hace nada. Con el distanciamiento, algunas situaciones se ven con más claridad.</p>
<p>A estas alturas del año ya sabemos bastante sobre cómo ha funcionado el niño. Sabemos qué dificultades se han mantenido durante meses, cuáles aparecen en distintos contextos y cuáles mejoran cuando cambian las circunstancias. Disponemos de mucha más información que en septiembre.</p>
<p>Esta información puede bastar para comprender que determinadas preocupaciones formaban parte de una etapa evolutiva normal. También nos ayuda a identificar señales que justifican una <a href="https://psicologiasanchinarro.com/ninos-evaluacion-neuropsicologica/">evaluación</a> más detallada. Ambas son buenas noticias, porque reducen la incertidumbre.</p>
<p>Por regla general, los padres buscan soluciones rápidas cuando están preocupados. Es una reacción lógica, pero lo más eficaz no es la intervención inmediata, sino comprender cuál es exactamente problema. Las <a href="https://psicologiasanchinarro.com/ninos-intervencion-psicologica-infantil/">intervenciones</a> —educativas, psicológicas o logopédicas— solo funcionan si tenemos claro qué estamos intentando resolver.</p>

		</div>
	</div>

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			<blockquote>
<p>Las dificultades no van a desaparecer de la noche a la mañana porque entiendas lo que pasa. Pero evitan que la familia siga acumulando desgastantes meses de esfuerzo, preocupación y discusiones y te permiten actuar con conocimiento de causa y no sobre «lo que tal vez sea». En su momento había un spot publicitario muy conocido que decía «La potencia sin control no sirve de nada». Llevado a nuestro terreno, podríamos decir que «La buena voluntad sin información sirve de poco»</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
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		<title>Hacer terapia en una lengua no materna</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 17:38:56 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[lengua materna]]></category>
		<category><![CDATA[terapia]]></category>
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			<h2><strong>¿En qué idioma hablan tus recuerdos?</strong></h2>

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			<p>Hay quien vive, trabaja o estudia en otro país y se las apaña perfectamente con el idioma local. Dirige reuniones, hace gestiones, mantiene conversaciones complejas y pueden discutir, si lo desea, de política o de cualquier otro tema espinoso. Cuando entra en terapia, sin embargo, la cosa cambia y su discurso se vuelve plano o distante.</p>
<p>La lengua materna nos sirve para comunicarnos, pero participa en muchos otros procesos. Organiza nuestra memoria autobiográfica, nuestra expresión emocional y muchas asociaciones aprendidas durante años. Cuando tratamos de rememorar recuerdos en otro idioma es fácil perder los matices.</p>
<p>Hay quien escribe mejor cuando piensa en una segunda lengua porque mantiene cierta distancia emocional, en particular si se trata de temas delicados. Escribir en un idioma extranjero puede favorecer, asimismo, la reflexión y estilo analítico ya que, por lo general, el vocabulario más limitado nos obliga a un ejercicio de concreción.</p>
<p>No es de extrañar, por tanto, que los  textos generados en una segunda lengua sean por lo general más estructurados, en tanto que la redacción en lengua materna muestra mayor expresividad.</p>

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	</div>

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			<h3>¿Eres de los que redacta con mayor precisión en otro idioma?</h3>

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<p data-start="0" data-end="575">Hay una explicación al hecho de que algunas personas redacten mejor cuando lo hacen en un segundo idioma. La lengua nativa tiene mayor vinculación con el terreno de las emociones, los recuerdos y las asociaciones automáticas. Un idioma aprendido con posterioridad introduce un distanciamiento que facilita el pensamiento analítico (y también —a muchos— el acercarse a temas delicados).</p>
<p data-start="577" data-end="1143">La redacción en lengua extranjera es menos automática. Elegimos las palabras con cuidado y prestamos particular atención a la estructura y al contenido. Con ello, evitamos repeticiones, muletillas y fórmulas estereotipadas habituales en la lengua propia. Si, además, nuestro vocabulario y recursos lingüísticos son limitados tenderemos a simplificar las ideas para transmitirlas con mayor claridad.</p>
<p data-start="1145" data-end="1618">El segundo idioma se vincula con frecuencia con un ámbito de conocimiento concreto, ya sea en el terreno laboral o en el académico. Quien ha leído durante años artículos científicos en inglés, por ejemplo, se sentirá más cómodo redactando textos académicos en un idioma del que ha interiorizado las estructuras argumentativas y el estilo expositivo.</p>
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		</div>
	</div>

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			<h3><strong>Lo que vemos en terapia</strong></h3>

		</div>
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			<p>Después de años viviendo fuera, muchas personas se desenvuelven perfectamente en otra lengua. Sin embargo, cuando piensan en determinadas experiencias lo hacen en el idioma con el que crecieron. Su infancia, las discusiones familiares, la vergüenza, el miedo o determinadas expresiones de afecto están vinculadas a esa lengua. Hay quien alega que piensa mejor en la lengua adquirida, pero conecta peor con sus sentimientos.</p>
<p>Expresarte en una segunda lengua reduce la activación emocional en algunos contextos y nos ayuda a distanciarnos de lo que contamos. Esto puede ser de ayuda en determinadas circunstancias. Si a alguien le cuesta hablar de experiencias difíciles, tal vez se sienta más cómodo utilizando una lengua con menor carga afectiva. Sin embargo, corremos el riesgo de que ese discurso ordenado desconectado de la experiencia emocional no permita avanzar en la terapia.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>No es necesario vivir fuera</strong></h3>

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			<p>No hace falta vivir en otro país para notar la tendencia a utilizar una u otra lengua en función de las circunstancias. Las personas bilingües cambian espontáneamente de idioma según el tema del que hablen. Algunos pacientes optan por un idioma para cuestiones laborales y por otro para temas familiares o íntimos. Otros cambian de idioma inmediatamente al contar algo conflictivo. No se trata de evitación (aunque también puede serlo): nuestro cerebro recupera ciertas experiencias en la lengua con la que fueron codificadas.</p>
<p>Pero no caigamos en las teorías grandilocuentes. Hay quien habla de la lengua materna de forma casi mística (de ahí expresiones literarias como «el idioma del alma o del corazón»). Todo es bastante más prosaico. El lenguaje participa en cómo accedemos a los recuerdos, cómo interpretamos lo que sentimos y cómo regulamos la activación emocional. Al cambiar de lengua modificamos en parte ese proceso.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>¿Siempre es mejor la terapia en lengua materna?</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Conviene evitar otra simplificación: la de que hacer terapia en lengua materna siempre es la mejor opción. No es así necesariamente. Hay quien prefiere expresarse en otro idioma porque reduce la sensación de vergüenza o de exposición. En trauma, por ejemplo, algunos pacientes se acercan antes a determinados recuerdos utilizando una lengua menos intensa emocionalmente. En otros casos ocurre lo contrario y la intervención terapéutica no es efectiva hasta que recuperan su lengua original.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3>Terapia online</h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Algunas personas que viven fuera buscan un <a href="https://psicologiasanchinarro.com/terapia-online/">profesional que hable su idioma</a> porque no quieren tener la sensación de estar «traduciéndose» continuamente. Ese proceso de traducción simultánea cansa cognitivamente y, además, introduce filtros: hay expresiones, recuerdos o matices que se pierden al intentar reconstruirlos en otra lengua.</p>
<p>En estos casos, el cambio es evidente. El paciente habla con enorme control emocional en inglés y, sin embargo, pasa al español sin solución de continuidad al recordar una frase que le decía su madre. También cambia su tono, velocidad, prosodia e incluso la postura corporal. Y no debe llamarnos la atención, porque memoria, lenguaje y emoción van de la mano.</p>

		</div>
	</div>

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			<h3><strong>El aislamiento lingüístico</strong></h3>

		</div>
	</div>

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			<p>Hay otra cuestión que suele infravalorarse: el aislamiento lingüístico (descrito genialmente por Eva Hoffman  en sus memorias «<em>Lost in Translation</em>»). Muchos adultos se manejan bien o muy bien en un idioma que no es el propio, pero no mantienen una red relacional profunda con esa lengua. La competencia lingüistica funcional no siempre se acompaña de la integración emocional. Y eso provoca sensación de falta de pertenencia.</p>

		</div>
	</div>

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			<blockquote><p>
La terapia no elimina la fractura cultural ni lingüística. Pero conviene entender que hablar en la propia lengua no es un capricho ni una preferencia estética. En muchos pacientes facilita la expresión emocional, la precisión narrativa y la sensación de continuidad personal. Y los beneficios clínicos son innegables.
</p></blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
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		<title>Me cuesta saber lo que siento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Jun 2026 15:57:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[alexitimia]]></category>
		<category><![CDATA[emociones]]></category>
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			<h2>Un concepto que no ha trascendido al lenguaje cotidiano</h2>

		</div>
	</div>

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			<p>A principios de los años 70, el psiquiatra Peter Sifneos, observó que algunos pacientes tenían obvias dificultades para hablar de sus emociones durante la psicoterapia. Podían explicar con todo detalle un dolor de estómago o un problema laboral, pero cuando se les preguntaba si estaban enfadados, asustados, tristes o decepcionados tendían a responder describiendo acontecimientos externos o síntomas físicos.</p>
<p>Según Sifneos, estos pacientes eran, por lo general, poco dados a la fantasía y la <a href="https://psicologiasanchinarro.com/introspeccion/">instrospección</a>.  Calificó esta forma de pensamiento como «operativo» por su tendencia a la practicidad, la búsqueda de soluciones inmediatas y la concreción.</p>
<p>Las ideas psicodinámicas de la época postulaban que algunos pacientes conocían sus <a href="https://psicologiasanchinarro.com/emocion-antes-que-razon/">emociones</a>, pero las evitaban inconscientemente. Sifneos fue más más allá planteando lo siguiente: ¿y si no se trataba de resistencia, sino de desconocimiento? ¿Era posible que estos pacientes no pudiesen identificar y verbalizar sus estados emocionales? El hecho de que, al preguntarles sobre sus sentimientos o conflictos internos, volviesen una y otra vez a explicar sus síntomas corporales o circunstancias externas parecía respaldar su hipótesis. En 1973 acuñó la palabra <a href="https://www.logopediasanchinarro.es/alexitimia-una-vida-carente-de-emocion/" target="_blank" rel="noopener">alexitimia</a> para referirse a esta condición.</p>
<p>El término se ha matizado con el tiempo y hoy se distingue entre una alexitimia relativamente estable y otra asociada a situaciones concretas como la depresión grave, el trauma o el estrés intenso.</p>
<p>Pese a no ser un término familiar en el lenguaje cotidiano, se estima que una de cada diez personas presenta dificultades para identificar y expresar sus emociones.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Los pacientes neurológicos como fuente de datos</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Es cuantiosa la información recopilada a partir del estudio pacientes neurológicos, en particular, con lesiones cerebrales relacionadas con la integración emocional o la comunicación entre hemisferios, una condición que dificulta notablemente la identificación o descripción de emociones. Los veteranos de guerra, pacientes con traumas graves o con trastornos <a href="https://psicologiasanchinarro.com/trastorno-ansiedad-enfermedad/">psicosomáticos</a> son otra valiosa fuente de información.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>La alexitimia no tiene que ver con ser reservado o poco expresivo</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>A la vista de lo anterior, podemos caer en el error de pensar que alguien con rasgos alexitímicos es frío y distante. Lo que observamos es muy distinto: personas que sufren y experimentan emociones, pero carecen de herramientas para identificarlas.</p>
<p>Una persona reservada, disciplinada o poco expresiva no es necesariamente alexitímica.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Diferencia entre «no sentir» y «no poder identificar lo que se siente»</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Muchas personas hablan de sus emociones con precisión. Distinguen entre tristeza, <a href="https://psicologiasanchinarro.com/tdah-desfase-ejecutivo/">frustración</a>, decepción o vergüenza. Pueden explicar qué les ocurre y relacionarlo con situaciones concretas.</p>
<p>Otras no lo tienen tan fácil. Notan malestar, tensión o <a href="https://psicologiasanchinarro.com/tratamientos-tdah/">inquietud</a>, pero no saben expresar lo que sienten. Preguntadas sobre su estado, probablemente responderán que están cansadas, agobiadas o, simplemente, mal.</p>
<p>Las emociones cumplen una función informativa. El miedo nos avisa de la existencia de una amenaza. La tristeza advierte de una pérdida. La rabia indica un obstáculo o una injusticia.</p>
<p>Cuando alguien no puede reconocer lo que siente, percibe los cambios corporales asociados con la emoción: tal vez note presión en el pecho, tensión muscular, molestias digestivas o sensación de ahogo, pero no identificará que esas sensaciones están relacionadas con el miedo, la tristeza o la rabia, por ejemplo.</p>
<p>La alexitimia no provoca patologías concretas ni todos los síntomas físicos tienen origen psicológico. Pero las emociones se expresan a través del cuerpo y se acompañan de cambios fisiológicos. Hay quien percibe con facilidad la activación física, pero no puede utilizar esa información para comprender por qué siente ese malestar.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>Repercusiones en el entorno cercano</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Estas dificultades pueden ser particularmente evidentes en las relaciones cercanas.</p>
<p>Imaginemos una discusión de <a href="https://psicologiasanchinarro.com/dinamicas-que-favorecemos/">pareja</a>. Una parte acusa a la otra de distanciamiento e indiferencia. La otra alega que no le pasa nada o que no sabe lo que le pasa. Y, además, se siente incomprendida o presionada para expresar algo que no consigue definir.</p>
<p>Esto se repite en otros contextos. Hay quien toma decisiones importantes sin prestar demasiada atención a cómo le afectarán emocionalmente. O quien detecta el malestar cuando su intensidad es muy evidente.</p>
<p>Los estudios destacan factores biológicos, características del desarrollo y experiencias de aprendizaje. Algunas personas crecen en entornos donde apenas se habla de emociones. Otras aprenden que no conviene mostrar determinados sentimientos. Además, los rasgos alexitímicos son más frecuentes en algunas condiciones clínicas y trastornos psicológicos.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h3><strong>¿Cómo enfocamos la terapia?</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>En primer lugar, evitando explicaciones simplistas y estableciendo objetivos muy concretos:  aprender a observar las propias reacciones, relacionarlas con situaciones específicas y ampliar gradualmente el vocabulario emocional.</p>
<p>No es un proceso sencillo, porque identificar emociones complejas no es algo tan intuitivo como puede parecer. Hay quien descubre que tras el enfado había vergüenza, que la irritabilidad esconde miedo o que el cansancio tiene mucho que ver con una tristeza prolongada.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>Reconocer una emoción no elimina el malestar, pero aporta información valiosa. Difícilmente podremos comprender qué nos pasa si no sabemos identificar lo que sentimos.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/no-saber-que-sientes/">Me cuesta saber lo que siento</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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		<title>Decir «no» a todo</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/decir-no-siempre/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Jun 2026 16:40:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[impulsividad]]></category>
		<category><![CDATA[respuestas automáticas]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h2>a riesgo de perder cosas por el camino</h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Algunas personas generan una sensación muy particular en su entorno. Dan la impresión de que cualquier propuesta que se les plantee será recibida con una negativa… incluso antes de haberla escuchado en su totalidad.</p>
<p>No hablamos de perfiles oposicionistas, conflictivos o particularmente rígidos. De hecho, cuando la<a href="https://psicologiasanchinarro.com/habilidades-blandas/"> conversación</a> avanza y terminamos de explicar nuestra propuesta, es probable que esa persona cambie su respuesta inicial. El rechazo firme del primer momento se transforma en aceptación o, al menos, en disposición a valorar otras alternativas.</p>
<p>Este comportamiento plantea una pregunta obvia: ¿por qué rechazar de entrada cualquier propuesta para terminar finalmente aceptándola?</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><b>Algunas razones que subyacen tras las negativas</b></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Los factores que subyacen tras este fenómeno son múltiples. Hay quien tiene dificultades para<a href="https://psicologiasanchinarro.com/miedo-al-cambio/"> adaptarse a los cambios</a> y necesita, por tanto, anticipar lo que va a ocurrir. O ha vivido experiencias previas que favorecen una actitud defensiva ante cualquier situación que perciba como una posible demanda. Y hay otra razón que puede pasar desapercibida.</p>
<p>Por regla general, asumimos que tras una negativa subyace necesariamente una <a href="https://psicologiasanchinarro.com/adultos-evaluacion-psicologica/">valoración</a> previa. Pensamos que la persona ha escuchado la propuesta, ha considerado sus ventajas e inconvenientes y, finalmente, ha optado por rechazarla. Pero las cosas no se desarrollan siempre así.</p>
<p>En ocasiones —y en el caso de muchas personas impulsivas, de forma recurrente—, la respuesta se produce antes de que haya tenido lugar ese proceso de valoración.</p>
<p>Cuando eso ocurre, el «no» no es resultado de una decisión consciente, sino una reacción automática ante la perspectiva de una posible demanda.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><b>Escuchar, comprender y procesar</b></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Cuando alguien nos propone algo, desconocemos de entrada cuáles serán las consecuencias de esa propuesta. Puede tratarse de una actividad agradable, de una tarea poco atractiva o de algo irrelevante.</p>
<p>Para saberlo hemos de<a href="https://psicologiasanchinarro.com/escucha-consciente/"> escuchar</a>, comprender y procesar la información recibida.</p>
<p>Este proceso posiblemente consuma unos segundos, pero esto es tiempo al fin y al cabo. La respuesta automática se produce antes de que se complete ese proceso.</p>
<p>Esto es particularmente llamativo cuando alguien responde mientras su interlocutor está hablando.</p>
<p>Obviamente, es imposible que haya llevado a cabo valoración detallada alguna por la sencilla razón de que desconoce lo que el otro desea transmitirle.</p>
<p>Posiblemente, lo que rechaza no es la propuesta en sí, sino la interrupción que esta le ocasiona.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><b>Función de la negativa</b></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Desde un punto de vista funcional, las negativas tienen una capacidad extraordinaria para cortar situaciones. Cuando aceptamos, mantenemos abierta la interacción a la espera de saber qué ocurrirá después. Cuando negamos, damos cerrojazo a esa posibilidad.</p>
<p>Si la persona está concentrada en una actividad, cansada o poco dispuesta a modificar lo que está haciendo, esa capacidad de cierre convierte al «no» en una herramienta muy eficaz: no hace falta valorar la propuesta; basta con detenerla.</p>
<p>La persona no tiene por qué ser consciente de este proceso. De hecho, cuanto más automática es la respuesta, menos probable es que haya habido una reflexión previa.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><b>¿Respuesta automática o reflexionada?</b></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>No siempre es fácil distinguir una negativa automática de una negativa reflexionada. Ambas utilizan la misma palabra y, en ocasiones, generan la misma impresión en quienes las reciben.</p>
<p>Pero hay una diferencia importante. Cuando una persona rechaza una propuesta después de haberla escuchado y valorado, es capaz por lo general de explicar con cierta claridad qué aspecto concreto le lleva a descartarla. Cuando la respuesta se produce antes del procesamiento, la justificación se construye después.</p>
<p>Así, no es raro observar cómo algunas personas modifican los<a href="https://psicologiasanchinarro.com/empobrecimiento-conversacional/"> argumentos</a> que acompañan a su negativa a medida que reciben más información sobre lo que inicialmente rechazaron. La conclusión es la misma, pero los motivos cambian. En estos caso, es fácil preguntarse si la decisión es resultado del razonamiento o si, por el contrario, el razonamiento trata de justificar una respuesta previa.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3 class="western">Un mecanismo con algunas fallas</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Cuando la respuesta automática se produce antes de procesar la información completa, corremos el riesgo de rechazar propuestas interesantes u oportunidades que habríamos valorado positivamente de haber podido reflexionar sobre ellas.</p>
<p>Hay negativas que nada tienen que ver con lo que se propone. Y hay negativas motivadas, razonables, necesarias y saludables. Pero cuando la contestación es tan rápida que quien la emite no sabe con claridad qué está rechazando, puede dejarse muchas cosas en el camino.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>No todas las negativas expresan una elección. Algunas están movidas por la necesidad de ganar unos segundos antes de que la mente haya tenido ocasión de averiguar a qué está respondiendo.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/decir-no-siempre/">Decir «no» a todo</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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		<title>La lengua del amor</title>
		<link>https://psicologiasanchinarro.com/la-lengua-del-amor/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Jun 2026 13:42:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[percepción]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
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			<h2 class="western">… aunque no entienda nada</h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Una película «viejuna» para muchos, pero en su momento muy celebrada —<em>Un pez llamado Wanda</em> (1988)— incluía una conocida escena: el actor Kevin Kline (Otto), que no tiene ni idea de italiano, trata de conquistar a Jamie Lee Curtis (Wanda), una joven que se pirra por este idioma, recurriendo a todas aquellas palabras que, en su opinión, suenan a esa lengua.</p>
<p>Otto recita un montón de palabras inconexas, mientras Wanda se muestra fascinada por la sonoridad de un idioma que considera el <em>sumum</em> de la sofisticación y el erotismo (y del que, dicho de paso, tampoco entiende una palabra).</p>
<p>Años después, Kevin Kline recordaría que, llevado por la emoción del momento, improvisó durante el rodaje nombres de quesos, platos y «todas las chorradas que me vinieron a la cabeza».</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3 class="western">Por qué funcionó el gag</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>El humor de la escena no se basa en lo que dice Otto, sino en la reacción emocional que un montón de palabras triviales, absurdas e inconexas provocan en Wanda.</p>
<p>Y es que la protagonista no presta la menor atención al significado semántico. La sonoridad del idioma, la vinculación cultural de Wanda con Italia (principalmente a través del cine) y la percepción de romanticismo que atribuye al italiano, a partir de las muchas películas que ha visto, son pieza clave de esa reacción.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3 class="western">¿Qué dice la psicología social?</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>La viñeta que acompaña a este post es, obviamente, una referencia directa al chiste clásico de la película.</p>
<p>La escena ejemplifica lo que se conoce como <strong>efecto halo lingüístico</strong>: las características positivas atribuidas a una lengua se transfieren a quien la habla. La película exagera ese fenómeno hasta el absurdo para sacarnos una sonrisa.</p>
<p>Si una persona se siente atraída por Italia, por su cultura y por su idioma, es muy probable que le guste cualquier discurso que suene a italiano.</p>
<p>Pero el fenómeno es aún más general. Muchas veces no reaccionamos a lo que una persona es, sino a lo que imaginamos sobre ella. Una voz agradable, un determinado acento o una forma de hablar pueden llevarnos a atribuir características que en realidad desconocemos: inteligencia, sensibilidad, sentido del humor o incluso atractivo físico.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3 class="western">La sonoridad de la lengua</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Los estudios sobre actitudes lingüísticas muestran que las personas desarrollan estereotipos sobre cómo «suenan» los idiomas.</p>
<p>El italiano es percibido por muchos hablantes occidentales como expresivo, musical y emotivo por características fonéticas como numerosas vocales abiertas, ritmo fluido, entonación expresiva y estructura silábica relativamente sencilla. Pero esto no lo explica todo.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3 class="western">Las asociaciones culturales</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Durante décadas, el cine, la publicidad y los medios han asociado Italia con la pasión, la gastronomía, la música, el arte, el estilo de vida mediterráneo… y el carácter apasionado.</p>
<p>Por eso, cuando alguien oye palabras italianas, además de procesar los sonidos, activa toda una serie de asociaciones mentales agradables.</p>
<p>En cierto modo, nuestro cerebro está utilizando un atajo. Llamamos <strong>heurísticos</strong> a estos procedimientos rápidos que nos permiten formarnos impresiones sin analizar toda la información disponible.</p>
<p>Algo parecido ocurre con Wanda: «me gusta Italia» y «suena a italiano», luego «me resulta atractivo». No es un razonamiento consciente, sino una asociación emocional potente.</p>
<p>Además de las características fonéticas de una lengua, nuestra vinculación cultural con ella nos lleva a atribuir cualidades concretas a quien la utiliza. Si escuchamos a alguien hablando alemán, probablemente nos veamos transportados a un mundo de orden, precisión y eficacia (aunque esté diciendo las mismas tonterías que nuestro Otto).</p>
<p>Ninguna de esas lenguas tiene esas cualidades per se. Las proyectamos cada uno de nosotros a partir de estereotipos culturales, experiencias previas y memoria colectiva. Somos nosotros quienes percibimos determinados sonidos como promesas de romance y otros como muestras de eficacia.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3 class="western">La forma sobre el contenido</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>La viñeta también ilustra algo bien estudiado por la psicología de la comunicación: con mucha frecuencia, la respuesta emocional depende más de la voz, la prosodia, la entonación y el ritmo que del significado literal de las palabras.</p>
<p>Los experimentos clásicos sobre percepción social también lo confirman: las personas suelen inferir emociones, simpatía o atractivo a partir de fragmentos de voz, aunque no entiendan lo que están escuchando.</p>
<p>Después de todo, la voz es una de nuestras primeras fuentes de información al formarnos una impresión del otro. Antes de analizar el contenido de un mensaje, reaccionamos a cómo nos hace sentir quien lo transmite.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<blockquote>
<p>La escena de «Un pez llamado Wanda» sigue funcionando décadas después. Nos reímos por la reacción de la protagonista al escuchar un montón de palabras absurdas, pero también porque nos reconocemos en algo muy humano: nuestra percepción no depende únicamente de lo que escuchamos, vemos o sentimos, sino de los significados que nuestra experiencia nos lleva a atribuirle.</p>
</blockquote>

		</div>
	</div>
</div></div></div></div>
</div><p>La entrada <a href="https://psicologiasanchinarro.com/la-lengua-del-amor/">La lengua del amor</a> se publicó primero en <a href="https://psicologiasanchinarro.com">Psicología BlaBla</a>.</p>
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			</item>
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		<title>Dinámicas de pareja que contribuimos a crear</title>
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		<dc:creator><![CDATA[BlaBla]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 May 2026 14:14:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[dinámicas de pareja]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wpb-content-wrapper"><div class="vc_row wpb_row vc_row-fluid"><div class="wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12"><div class="vc_column-inner "><div class="wpb_wrapper">
	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h2><strong>Todo recae en mí</strong></h2>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>«No entiendo cómo hemos llegado a este punto. Carlos no era así. De hecho, lo recuerdo como una persona dinámica y emprendedora. Hoy, sin embargo, parece haberlo delegado todo en mí. Y mi vida cotidiana se ha transformado en un montón de obligaciones. A estas alturas, todo parece ser responsabilidad mía».</p>
<p>Escuchamos esta queja con relativa frecuencia. Un miembro de la pareja se lamenta de un desequilibrio en la relación que no existía en un principio.  Y probablemente fuese así, porque estos desequilibrios suelen ser resultado de pequeñas acciones, a veces imperceptibles, que nadie se cuestiona al principio.</p>
<p>Una persona empieza encargándose de determinadas funciones porque se siente cómoda haciéndolo. Organiza, recuerda fechas, propone planes, calma tensiones, cede antes de discutir o asume tareas sin pedir ayuda. La otra parte se acostumbra. Unas veces ocurre por simple adaptación; otras, porque esa dinámica también le beneficia. Delegar responsabilidades, evitar conflictos o dejar que otro tome la iniciativa es más cómodo que cuestionar un reparto de cometidos que aparentemente funciona. Es posible, incluso, que cuando ha tratado de encargarse de algo, su pareja le ha disuadido. Además, cuando alguien resuelve las cosas con rapidez y eficacia, el otro tiene pocos incentivos para intervenir.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3>Cuando las cosas se tuercen</h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Todo parece rodar sin dificultades hasta que la persona que considera «tirar del carro» empieza a sentirse ignorada, cansada, sobrepasada o directamente utilizada. El pensamiento de «todo lo hago yo» se manifiesta de forma recurrente. Y, así es: el reparto de funciones es objetivamente desigual.</p>
<p>Esta es la situación que encontramos en consulta: un miembro de la pareja —que espera un comportamiento del otro que no se produce— vive la relación con resentimiento mientras la otra parte no entiende qué está pasando.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>La repetición normaliza ciertos patrones</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>La repetición es un eficaz instrumento para consolidar dinámicas. Lo que se tolera, se normaliza.</p>
<p>El problema surge cuando normalizada una situación, esperamos que el otro llegue por sí mismo a determinadas conclusiones. Queremos que note nuestro cansancio. Que entienda que necesitamos más implicación. Que se dé cuenta de que algo ya no nos compensa. A veces ocurre… y muchas veces, no.</p>
<p>Obviamente, puede haber egoísmo o desinterés. Pero casi siempre tiene más que ver con la habituación que con una intención deliberada. Los seres humanos nos acostumbramos rápidamente a aquello que genera sensación de estabilidad y, para que negarlo, adaptarse a esta situación resulta mucho más fácil si además nos evita responsabilidades que no nos apetecen demasiado.</p>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<h3><strong>Quién cuida y quién se acostumbra a ser cuidado</strong></h3>

		</div>
	</div>

	<div class="wpb_text_column wpb_content_element " >
		<div class="wpb_wrapper">
			<p>Algunas personas adoptan fácilmente el papel de cuidador, organizador o sostén de la relación. Les cuesta pedir, marcar límites o tolerar el malestar que produce decepcionar a alguien. Otras tienen facilidad para lo contrario: esperan, delegan, dejan que el otro tome la iniciativa o resuelva problemas sin preguntarse demasiado si el reparto es justo. Y está el grupo de quienes han decidido adaptarse a la situación porque sus intentos iniciales de equilibrar las cosas no se han visto secundados.</p>

		</div>
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			<p>Estas dinámicas pueden mantenerse durante mucho tiempo. Y mientras tanto, la parte sobrecargada experimenta un resentimiento larvado a la espera de unos cambios en su pareja que no se producen. De hecho, es habitual que esta última se  sienta desconcertado ante las quejas porque, aunque desde fuera puede ser evidente el desequilibrio, no se percibe así dentro de la relación, sobre todo, si las dinámicas están bien consolidadas.</p>

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			<h3><strong>Favorecer lo que después criticamos</strong></h3>

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			<p>Tocamos aquí un espinoso aspecto: cómo a veces favorecemos dinámicas que después criticamos.</p>
<p>Por lo general, nadie desea una relación en la que acaba agotado o sintiéndose poco valorado. Podemos, sin embargo, reforzar sin darnos cuenta determinados patrones —por necesidad de aprobación, miedo al conflicto, deseo de adaptarnos al otro o cualquier otra razón— que, con el tiempo, conducen precisamente a eso.</p>
<p>Reconocer nuestra participación en el estado actual de la relación nos obliga a analizar las cosas de una forma menos simplista que la mera búsqueda de culpables.</p>
<p>Cuando reducimos el análisis a «lo que el otro no hace», dejamos fuera aspectos importantes: qué hemos tolerado, qué hemos reforzado sin querer y qué necesidades no hemos sabido —o podido— expresar a tiempo.</p>

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			<h3>Conversaciones que nunca llegan</h3>

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			<p>En algunas parejas, el problema no es solo la falta de colaboración o atención, sino de conversaciones que nunca llegan o llegan demasiado tarde, después de meses o años de desgaste y resentimiento acumulado. Cuando se produce esa conversación parece un ajuste de cuentas.</p>
<p>La persona acostumbrada a responsabilizarse de todo puede sentirse egoísta cuando empieza a poner límites. La otra vive esos cambios como un ataque o una injusticia: «antes no te molestaba». Ninguna de las dos entiende que  está pasando porque la relación se ha organizado en torno a un equilibrio precario.</p>

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			<h3><strong>Dinámicas consolidadas sin darnos cuenta</strong></h3>

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			<p>Conviene prestar atención no solo a lo que hace la otra persona, sino a las dinámicas que consolidamos nosotros mismos sin darnos cuenta. Las relaciones no se construyen solo con decisiones conscientes. Los hábitos repetidos, los silencios mantenidos durante años y los conflictos evitados una y otra vez tienen igual importanica sino más.</p>
<p>Un «no te preocupes, yo lo hago» repetido en el tiempo puede generar, a la larga, desequilibrios desgastantes para una parte, máxime si no se cumplen unas expectativas que no es capaz de comunicar con franqueza a la otra persona.</p>

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			<blockquote><p>
Una relación es cosa de dos. Y en esta ecuación cada una de las partes debe preguntarse con sinceridad cuál es su responsabilidad en los desequilibrios que ahora tanto le molestan.
</p></blockquote>

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